Tomemos otro versículo, más bien, una parte de versículo, de la segunda Epístola de San Pablo a Timoteo y meditemos. Este es el texto: “Sé en quién he creído y estoy seguro de que es algo muy poderoso conseguir conservar para aquel día la Fe depositada en mi corazón (II Tim 1, 12).

El Apóstol está cierto, más que seguro, de la Fe firmísima que, como vaso elegido, Dios ha querido depositar en su corazón. San Pablo es un vaso desbordante, un distribuidor de la Fe y todavía hoy, en tiempos en los que existe carencia de fe genuina y auténtica, es siempre un válido remedio beber de dicha fuente.

También nosotros, como el Apóstol, debemos combatir la buena batalla, debemos llevar a término la carrera o el recorrido y debemos absolutamente conservar la verdadera Fe.

Es peligroso no conseguir alcanzar dicho objetivo en estos tiempos en los que viene a faltar el apoyo. Pero la gracia nos la da el Señor y sobre todo en nuestros días. Supliquemos al Señor día y noche e invoquemos la intercesión de María y de José. Recordemos: “De Mariam nunquam satis” y “De Joseph nondum satis”. ¡Nunca nos dirigimos lo bastante a María y tampoco se ora lo bastante a San José, desgraciadamente!

Conservar la Fe se ha convertido hoy en la cosa más difícil y, al mismo tiempo, en la más necesaria si no deseamos que nuestra vida deba ser un verdadero fracaso. Jamás lo sea.

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Entre los versículos de la segunda Epístola de San Pablo a Timoteo, esta es la primera parte del versículo 15 del capítulo 1 (1, 15): “Sabe bien esto, que todos están a la debida distancia de mí”. El discípulo, San Timoteo, no podía ignorar que la mayoría de la gente no se acercaban a él mucho, a menos que hubieran recibido el don de la fe y fueran auténticos cristianos.

Un peligro evidente de nuestros tiempos es el abandono de la práctica cristiana, no ir a Misa el domingo y en las fiestas de precepto, no confesarse, no cumplir el precepto pascual y privarse de los Sacramentos. También cometer sacrilegios, vivir de manera superficial y no en gracia de Dios: ofende al Señor y nos hace daño.

Este estilo de vida, no conforme con la voluntad de Dios, no sólo daña a nuestras personas, sino también a nuestras familias, a la Iglesia y a la entera sociedad. El bien, mediante el testimonio, se difunde un poco por todas partes. De igual modo, el mal, si es ostentado, llega a la persona débil y la conquista, la seduce. El bien convierte y el mal pervierte.

Si el maestro es perseguido también el discípulo, consiguientemente, es perseguido. El tiempo de los mártires no termina, pero la sangre de los mártires, en palabras de Tertuliano y no sólo suyas, es semilla de nuevos cristianos y prepara la llegada del Reino de Dios.

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El versículo 14, siempre del primer capítulo de la misma Epístola, es una verdadera exhortación al discípulo y a todos nosotros: “Custodia el buen depósito, por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros” (1, 14). El buen depósito, se puede entender bien, es el don de la Fe que hemos heredado y que debemos celosamente custodiar.

Ningún otro bien, a día de hoy, está tan en peligro como la Fe bautismal. Nuestra verdadera riqueza es sólo la Fe en Jesús nuestro Salvador y Redentor. Sería un fracaso total nuestra existencia terrena sin el compromiso de máximo grado a custodiar la Fe en el único Dios verdadero, que es ese bien tan grande que no existe mayor.

Dios, en efecto, es el Sumo Bien y no podemos prescindir de Él, no podemos vivir sin Él. ¡Qué peligro, por tanto, constituye la pérdida de la Fe! Y sin embargo, no se evita el peligro y no se tiene ya la capacidad de discernir el bien del mal.

Si no custodiamos la Fe desperdiciamos la vida de hijos de Dios, en lo que nos convertimos mediante el santo Bautismo. Corremos el riesgo además de no salvar nuestra alma y de no ser eternamente felices. Ser privados de la visión beatífica de Dios y por toda la eternidad es terrible; ser condenados y no salvados es el castigo del cual es bueno tener miedo para no merecerlo.

¡Alabado sea Jesucristo!

inomnipatientia

(Traducido por Marianus el eremita/Adelante la Fe)

SÍ SÍ NO NO
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