ADELANTE LA FE

Jesucristo, vida del alma (II)

Queridos hermanos, Jesucristo es la verdadera vida del alma, aun cuando a muchos pueda resultarles difícil de entender. ¿De qué forma puede serlo? ¿Cómo un alma puede “palpitar” según la voluntad el Señor? Jesucristo quiere ser la vida del alma, y el alma se resiste. Conocemos la vida de grandes místicos, sus experiencias inefables con el Señor, su vida verdaderamente extraordinaria de unión con Dios. Este camino “extraordinario” de almas “privilegiadas” no es óbice para el camino ordinario de unión con el Señor. Existe este camino. Es el camino que el Señor  espera que recorramos  la inmensa mayoría de sus almas. El alma experimenta verdaderamente que Jesús es su vida, que ha tomado posesión de ella. Pero hay un tramo de vida que recorrer.

Nunca el alma considerará cuánto nos ha amado, y nos ama Dios, hasta que no se encuentre con el Amor de Cristo en la Cruz. Y sólo podrá encontrar tal Amor cuando haya recorrido su propio camino de purificación, de  desprendimiento de las ataduras del mundo, de la concupiscencia de la carne, de los ojos, de rechazo a su propia soberbia y avaricia. Hay un tramo en nuestra vida hacia Dios que hemos de recorrer en cierta oscuridad, guiados por la firmeza de la fe, de lucha contra el desfallecimiento, de feroz contienda contra el tentador, que no dejará nuestra alma en paz. Es una experiencia decisiva que hay que experimentar, pues es mucho de lo que se ha de  desprender  el alma. El Señor nos quiere limpios y puros, sencillos, sin la malicia de los soberbios, desprendidos y no “atados” más que a Él. El Señor nos quiere verdaderamente enamorados de Él. Es decir, lo quiere todo del alma.

¿Es posible el enamoramiento del alma? Es posible, para Dios nada es imposible. Conocemos experiencias hermosísimas de unión del alma con Dios. Experiencias místicas, que siendo difíciles de explicar, se manifiestan con una sencillez asombrosa. Porque la sencillez es la manifestación más clara de tal unión. La sencillez, y el pudor de hablar de tal intima unión. Cuando Jesucristo es la vida del alma, y la ha tomado para Sí, entonces la paz ha hecho asiento en ella; y ya nada puede perturbarla, sólo la ofensa a Dios ante ella. El alma ya nada espera del mundo, sino todo de Dios, viviendo en una constante unión y vivencia de lo divino. El alma es señora y dueña de sus acciones, porque  el Señor lo es de ella. No está sometida a más limitaciones que aquellas que Dios le impone. Él manda, decide, vigila. El alma está en plenitud de vida, Jesucristo es esa vida.

¿Puede un alma sencilla, sin “experiencias místicas”, apegada a las cosas del mundo, conseguir que Jesucristo sea su vida? Si está dispuesta que así sea, sí. Si está decidida a descubrir el Amor de Cristo en la Cruz, el Amor que el Padre Eterno tiene hacia ella, hasta haberla dado a Su Unigénito. Si está dispuesta a desembarazarse de todo lo que fuere necesario para descubrir ese Amor. El primer paso es el desprendimiento de todo lo que le impide llegar a la Cruz, es decir, afectos humanos, deseos materiales, gustos carnales, en una palabra “guerra” firme y sin cuartel al mundo, demonio y carne. Tal desprendimiento, y “lucha”,  puede llegar a ser fácil cuando el alma descubre los primeros vestigios del Amor infinito de Cristo crucificado. Cuando el alma se adentra en el misterio de la Sagrada Pasión de Nuestro Señor, ha entrado en la antesala de la experiencia única de su vida, es la antesala de lo que será en un futuro -Dios decidirá-  la presencia del Señor en el alma como  dueño y Señor de ella.

Todo empieza con el desprecio firme y decidido al pecado. Todo empieza con el desengaño de los atractivos del mundo, toco empieza con la virtud de la humildad asentada firmemente en el alma. A partir de aquí el alma empieza, con la gracia de Dios, ha construir su relación con Dios, su vida con Él y en Él; empieza el camino hacia Él. El Señor espera ese momento de tomar posesión del alma. Todo llegará a su debido tiempo.

Si el alma inicia decididamente su camino hacia Cristo crucificado, ha iniciado a disponerse a que el Señor sea su verdadera vida. El alma empieza a descubrir, en su caminar de purificación, la grandeza inigualable, y fuente incesante de gozo, de la pureza. Pureza, que equivale a decir rechazo firme al pecado, a la más mínima ofensa al Señor. El amor a la pureza es un estadio de verdadera “luz” para el alma, es un inmenso regalo divino, es un vivir de alegría no humana, sino celestial. Cuando el Señor inunda al alma con el amor a la pureza, la está iluminando con un “rayo”, inicialmente pequeño, pero “rayo”  Suyo, de  Su Sabiduría. El alma pura por amor a Dios, sin saber determinar cómo es la presencia de la Sabiduría en ella, entiende, con un entendimiento más divino que humano, la gravedad del pecado, sus consecuencias eternas, los peligros a los que está sometida; tiene una percepción, como más “agudizada” de la presencia del tentador en su vida. El alma está más prevenida, ese “rayo” de Sabiduría la guía y previene.

El alma ya ha dado un paso firme hacia su vida en Cristo; ha empezado a vivir en la santa pureza que impregna su vida. Ya ha dado un “paso” muy importante, decisivo y previo a toda relación con Nuestro Señor Jesucristo. El camino de purificación y de renuncia siempre se habrá de recorrer, aunque con estadios distintos; desde los primeros momentos de dificultad, sufrimiento, en la oscuridad de la “claridad” de la fe, hasta los siguientes en que el alma, con fervor, desea seguir desprendiéndose de sí en la medida que siente la presencia de Cristo en ella, en la medida que contempla con verdadera amor la santa Cruz, y ve en ella, no sin constante y renovado asombro, el Amor  infinito del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, el Amor de de Dios.

(Continuará)

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.
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