En un artículo anterior, observamos el testimonio del historiador judío, Josefo, sobre Jesús.

Hoy, vamos a ver en mayor detalle algunas de las objeciones y las respuestas posibles. Antigüedades de Josefo cuenta la historia de los principales sucesos desde el comienzo de la creación hasta la caída del templo de Jerusalén. Cerca del final, Josefo nos cuenta que él lo escribió en el año 93 D.C., a la edad de 56 años.

Algunos académicos modernos sostienen que Josefo se relaciona con el Evangelio según San Lucas en sus trabajos históricos. Algunos dicen que (1) Josefo utilizó a San Lucas, cosa que es probable. (2) Otros afirman que San Lucas utilizó a Josefo, cosa que es casi imposible. (3) Otros dicen que ambos utilizaron una fuente en común. Observamos que el hecho de que Josefo utilizara ya sea a (1) San Lucas directamente, o (2) basándose en una fuente en común ya desaparecida, tal como hizo el evangelista, aumenta la credibilidad histórica de este último.

Sobre Josefo, hay un acuerdo generalizado en tres puntos: (1) Josefo describe la vida, predicación y martirio de San Juan Bautista (alrededor del 32 D.C., un año antes que el de Cristo, como los Evangelios también relatan) bajo el rey Herodes (véase Ant. libro XVIII, cap. 5). (2) Josefo describe a Santiago el apóstol sentenciado a muerte unos 30 años más tarde (cerca del 61 D.C.) (Ant. libro XX. cap. 9) (3) Josefo también describe a Santiago como “el hermano de Jesús, que era llamado Cristo” (ibid.). Varios académicos sostienen que esta breve descripción en el libro 20 presupone una referencia previa a Jesús.

Frente la hipótesis de interpolación en una fecha posterior, (1) tenemos el texto de Josefo citado y con referencia cruzada en cinco autores independientes en tan solo los primeros 500 años después de Nuestro Señor. (2) Contamos con al menos 15 otros autores en los siguientes 1,000 años — es decir, hasta el 1500 D.C. (su autenticidad fue cuestionada primero por Joseph Scaliger, un protestante del siglo XVI, criticado por su enfoque hacia la crítica histórica). (3) La propia tradición del manuscrito hace que todo intento de interpolación resulte fácilmente descubierto (en comparación con otros manuscritos) o virtualmente imposible (porque entonces todos deben ser modificados).

Aquí hay otro santo, Isidoro de Pelucio. San Isidoro, discípulo de Crisóstomo, Lib. IV, Ep. 325:

“Había un Josefo, judío de gran reputación y celoso de la ley; que también parafraseaba el Viejo Testamento con verdad, y actuaba valientemente en favor de los judíos, y había mostrado que su asentamiento era más noble que el que puede describirse con palabras. Ahora, dado que su interés dio lugar a la verdad, porque él no apoyaba la opinión de hombres impíos, considero que es necesario asentar sus palabras. Entonces, ¿qué es lo que él dice? “Por aquel tiempo existió un hombre sabio, llamado Jesús, si es lícito llamarlo hombre, porque realizó grandes milagros y fue maestro de aquellos hombres que aceptan con placer la verdad. Atrajo a muchos judíos y a muchos gentiles: era el Cristo. Delatado por los principales de los judíos, Pilato lo condenó a la crucifixión. Aquellos que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo, porque se les apareció al tercer día resucitado; los profetas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él. Desde entonces hasta la actualidad existe la agrupación de los cristianos”. No puedo dejar de asombrarme enormemente ante el amor de este hombre por la verdad en muchas cosas pero especialmente cuando dice, Jesús “fue maestro de aquellos hombres que aceptan con placer la verdad.”

También contamos con el testimonio del historiador eclesiástico Sozomeno: Historia de la Iglesia, libro I, capítulo 1 (alrededor del 440 D.C.):

“Pero si alguien ignora estos hechos, no es difícil conocerlos leyendo los libros sagrados. Josefo, hijo de Matías, quien también fue sacerdote y muy distinguido entre judíos y romanos, puede ser considerado un notable testigo de la verdad concerniente a Cristo; porque titubea al llamarlo hombre dado que realizó hechos maravillosos, y fue un maestro de doctrinas verdaderas, pero lo llama abiertamente Cristo; que fue condenado a muerte en la cruz, y apareció vivo de nuevo al tercer día. Ni tampoco ignoraba Josefo las otras numerosas predicciones sobre el Cristo realizadas con anterioridad por los santos profetas. Asevera además que Cristo atrajo a muchos griegos y judíos que no dejaron de amarlo, y que las personas que llevaban su nombre no desaparecieron. Me parece que al narrar estas cosas, solo le faltó proclamar que Cristo, comparando sus obras, es Dios. Como afectado por el milagro, corrió y se quedó a mitad de camino, sin embestir contra quienes creían en Jesús sino antes bien, coincidiendo con ellos.”

Es extremadamente significativo, como lo señalan San Isidoro y Sozomen, que Josefo no calumniara a los cristianos, cosa que podría haber hecho fácilmente de haberlo querido. Habiendo descrito con tanto detalle a (1) San Juan Bautista, (2) el rey Herodes, (3) Poncio Pilato, y (4) Santiago de Jerusalén, era solo de esperar que dijera algo sobre Nuestro Señor Jesús y los cristianos del primer siglo, dado que describe tan bien los sucesos del primer siglo en Jerusalén. Por eso es muy llamativo que Josefo no dijera nada, como “su líder no realizó los milagros que decían que había hecho,” sino que admite con recelo que los hechos realizados por Cristo y reportados por los cristianos sí tuvieron lugar.

Recapitulando, hemos visto cinco autoridades en los primeros 500 años D.C.: los santos, concretamente (1) San Ambrosio, (2) San Jerónimo, (3) San Isidoro y los historiadores eclesiásticos, (4) el obispo Eusebio, y (5) Sozomen. Una revisión de las obras referenciadas mostrarán 15 más en los primeros 1.500 años.

Hay tres posibilidades: (1) una completa interpolación, (2) una interpolación parcial, (3) ninguna interpolación. Consideremos seriamente qué posibilidad es la mejor respaldada por la evidencia.

Cuestión/Objeción I: ¿No es probable que la referencia a Jesús haya sido completamente interpolada?

No. ¿Resulta creíble que un hipotético interpolador posterior, suponiendo que tuviese motivos para interpolar (en un tiempo en que nadie cuestionaba la historicidad de Jesús), habría podido hacerlo?

Consideremos la enorme tarea ante esta hipótesis individual: en primer lugar, hubiera tenido que buscar e interpolar en forma idéntica cada uno de los Padres en que la cita de Josefo fue utilizada y, luego, buscar e interpolar cada uno de los textos de Josefo en todos los manuscritos existentes.

Y eso es solo el comienzo. Hubiera tenido que dominar el estilo de Josefo y utilizar expresiones como “sabio”, “tribu de cristianos”, etc. que los eruditos de hoy reconocen como de Josefo, y luego hubiera tenido que dominar el estilo de aquellos Padres, y luego astutamente interpolarlos en todas las citas que hacen de Josefo, y de alguna manera adaptar los argumentos circundantes.

Supongamos que hay un 10% de probabilidad de que un texto de los antiguos Padres haya sido interpolado exitosamente en todas las copias existentes. P(Int)=0,1. ¿Cuál sería entonces la probabilidad de que más de cinco santos e historiadores de la Iglesia hubieran visto sus escritos alterados? Sería del 0,00001.

Cuestión/Objeción II: ¿Es probable que la referencia a Jesús se encuentre solo parcialmente interpolada?

Es menos improbable, pero aún improbable. En este caso tampoco se haya superada la dificultad antes mencionada.

Si decimos que la interpolación pudo no haber tenido lugar durante los primeros 500 años, pero tuvo lugar entre el 500 y 1500 D.C., y que había un 20% de probabilidad de que un único escritor haya visto sus escritos alterados, la probabilidad de semejante alteración sería de 0.2^10 = 0,0000001024.

Entonces, tenemos Prob (interp. antes de los 500 años) = 1/100.000; Prob (interp. entre el 500 y el 1500) = 1,024/10^7.

Eso ya torna extremadamente improbable la hipótesis de la interpolación, dado el testimonio del texto de Josefo en múltiples fuentes tempranas independientes. La probabilidad de que no haya habido interpolación es de casi 1.

Los manuscritos de Josefo pueden ser comparados al de Tácito (un historiador romano del primer siglo, quien también mencionó que Cristo, el líder de los cristianos, había sido crucificado bajo Pilato pero no mencionó Su resurrección).

Casi nadie duda de la autenticidad de los pasajes de Tácito. Y los manuscritos de Josefo son anteriores. En verdad ni siquiera necesitamos los manuscritos para completar el caso, por las citas independientes de Josefo en otros autores antiguos. Pero si alguno quiere compararlos, (1) los manuscritos de Josefo son superiores en calidad que los de Tácito, (2) casi nadie duda de los manuscritos de Tácito, y por lo tanto (3) los manuscritos de Josefo no debieran ponerse en duda sobre esa base. Hay manuscritos de Josefo en griego y latín, árabe, sirio y eslavo.

En cuanto a si Josefo fue un discípulo de Jesús o no — vemos en el Evangelio que algunos dudan de confesar abiertamente a Cristo, haciéndolo en secreto. Por ejemplo, está el fariseo Nicodemo y, entre otros, hasta José de Arimatea (véase Jn. 3:1–2; 7:13; 19:38; etc).

En los Reconocimientos del papa San Clemente de Roma, él lega la tradición de que incluso el rabino Gamaliel era un discípulo de Jesús, pero en secreto — “Gamaliel, quien, como hemos dicho, era de los nuestros pero, por una dispensa, permaneció entre ellos” (Reconocimientos, capítulo 66). Ahora bien, si releemos Hechos 5:34–39 y la amenazante advertencia, “no sea que os halléis peleando contra Dios,” podríamos entender que en este pasaje se encuentra implícita una confesión de que Jesús era Dios.

Entonces, es posible que Josefo también fuera un discípulo de Jesús en secreto pero que no se uniera abiertamente a los cristianos. Algunos de los antiguos Padres y santos se contentan con decir que Josefo era un amante de la Verdad.

Nos despedimos de nuestros lectores y de este asunto con esta consideración final:

“Si bien aquí Josefo no planeó declararse abiertamente cristiano, él no podría haber creído todo lo que asevera sobre Jesucristo a menos que fuera cristiano como lo eran los judíos nazarenos, o ebionitas, quienes creían que Jesús el nazareno era el verdadero Mesías, sin creer que era más que un hombre, y que también creían en la necesidad de observar la ley ceremonial de Moisés para la salvación de todos los hombres; los dos puntos principales de la fe de esos judíos cristianos, si bien en oposición a los apóstoles de Jesucristo durante el primer siglo y en oposición a toda la Iglesia Católica de Cristo en los siglos subsiguientes. Pareciera entonces que Josefo era, en su propia mente y consciencia, tan solo un nazareno o un judío ebionita cristiano; y se puede observar que todo su testimonio y todo lo que dice de Juan el Bautista y de Santiago, así como su absoluto silencio acerca del resto de los apóstoles concuerdan con él bajo aquel personaje, y no otro. Todos sabemos que los miles de judíos que creían en Cristo (Hechos 21,20.) en el primer siglo eran celosos de la ley ceremonial; y en consecuencia, si existiera una razón para pensar que nuestro Josefo era, en cierto sentido, creyente o cristiano, en cuanto a esto hay grandes testimonios, todos estos y todas las demás razones no hacen más que conspirar para asegurarnos que no era más que un nazareno o cristiano ebionita.”

Nishant Xavier 

Traducido por Marilina Manteiga. Fuente: https://onepeterfive.com/josephus-objections/