Queridos amigos,

Hace unos cuantos meses llegué a una librería cristiana, estaba buscando entre mis temas preferidos: la Escatología, la mística… y cuando llegué a la zona de espiritualidad el corazón se me fue hacia un libro que estaba como perdido en una estantería por encima de mi cabeza. Era como un impulso del  Espíritu Santo que me decía: coge ese libro. Seguí mirando entre los títulos que había por allí, y de nuevo ese pálpito con el libro de antes. Me decidía cogerlo para ver de quien era. Título: LA VIDA INTERIOR de Josph Tissot.

No había visto ese nombre en mi vida ni me habían hablado de Él.  Me fui al índice y el libro se dividía en el FIN, el CAMINO y los MEDIOS. Comencé a ver los temas y me dije: ¡Esto es muy fuerte!

Os digo amigos míos, que hacía mucho tiempo que no caía en mis manos un tesoro como este. Por los caminos en los que ha adentrado este libro a mi alma, solo Dios lo sabe. Es increíble. Os animo a que lo leáis, no quedareis defraudados. Desde la primera página no tiene desperdicio. Y sin lugar a duda, es un claro ayudante para vivir una vida verdaderamente cristiana.

Aquí os dejo unos fragmentos para poneros la miel en los labios:

“¡Las almas están enfermas!

Lo que llama mi atención en este momento no es esa sociedad  que ha dejado ya de ser cristiana para volver a ser pagana; es, sobre todo, la sociedad  cristiana, la que se llama y se cree tal, y que de hecho conserva las apariencias y las prácticas de la vida cristiana.

Las miro y veo un gran número cuya existencia languidece en la tibieza. La anemia de las almas es más alarmante que la de los cuerpos. ¡Pobres almas que viven vacilando, apuntaladas con una multitud de pequeñas prácticas y que nunca llegan a tenerse de pie!

Falta de substancia.—La piedad padece hoy una enfermedad general: carece de substancia y de fondo; le falta el elemento sólido. ¡Es todo tan superficial en algunas almas… y en algunos libros!…

Vida superficial.—Viviendo por los sentidos se vive en lo exterior, no se penetra en lo íntimo del alma.

¡ Cuán poco conocemos nuestro interior! ¡Cuán poco sabemos entrar en él !… A veces ni nos cuidamos de penetrar, y con mucha frecuencia, hasta tenemos miedo de hacerlo.

Nos contentamos con una mirada somera y superficial, lo bastante para establecer en el

exterior una enmienda, relativa; pero la purificación profunda del alma, la transformación progresiva de la vida humana en la vida divina, despojarnos del hombre viejo y revestirnos del nuevo, todo este trabajo de las profundidades del alma lo ignoramos casi por completo y dejamos que toda clase de miserias invadan esas profundidades. El buscarnos en todo a nosotros mismos, que es el resumen de todos los vicios del hombre y la causa de todas sus faltas, se acomoda muy bien con este sentimentalismo superficial.

Rebajamiento de las almas.—Atada a las prácticas exteriores el alma no puede volar. Está aprisionada, encadenada, embotada. Viendo las cosas por su aspecto mezquino se achica y se contrae. Las prácticas pequeñas hacen a las almas pequeñas porque el alma llega siempre a dquirir las proporciones de las cosas a las cuales se apega. Me hago pequeño si me apego a cosas pequeñas, o mejor dicho, si miro las cosas por su lado pequeño; porque las cosas pequeñas miradas por otro lado son grandes, así como las grandes consideradas a otra luz son pequeñas. Hay almas que no saben aficionarse sino al lado pequeño, lo mismo en las cosas grandes que en las menudas, y así se hacen enteramente mezquinas y estrechas. Otras, por el contrario, lo mismo en las cosas pequeñas que en las grandes, ven siempre su aspecto grande, al cual se aficionan, dilatándose sin cesar.

Pero sólo Vos ilumináis, ¡Dios mío! sólo Vos curáis. Si hay aquí algo vuestro, esto es lo que iluminará y lo que curará.

PRIMERA PARTE
EL FIN
LA GLORIA DE DIOS

El fin, es vivir; porque el hombre ha sido criado para vivir(Gén. 2, 7). Para vida perfecta o imperfecta.

La vida perfecta es la del ser que se posee y se ejerce en la plenitud de un movimiento a quien nada le queda por adquirir: la plenitud absoluta de esta vida está solamente en Dios.

Aquí abajo la vida es imperfecta. ¿Y qué es la vida imperfecta?—Es el movimiento de  adquisición por el cual un ser se desarrolla. El principio de actividad interna va creciendo y dilatándose en su acción. Es una vida que se hace, que se construye, que se organiza.

He sido criado para vivir. ¿ Qué quiere decir esto ?—Quiere  decir que estoy llamado a desarrollar en mí los frutos de la santidad en este mundo, a fin de poseer en el cielo, como fin y sin fin, la vida eterna (Rom. 6, 22)[32]. La vida de este mundo es un crecimiento, la vida del cielo es una posesión, y ambas son la actividad propia de mi ser.

La gloria de Dios es el bien esencial de los seres.—Si la gloria de Dios es la única razón de ser y el único fin de las cosas, es asimismo su único bien, porque no puede haber para un ser otro bien esencial que su único fin. El bien es lo que todo ser desea y busca, y lo que todo ser desea así y busca es para él su fin; el fin es, pues, para todo ser su verdadero bien[55]. Y como la gloria de Dios es el único fin esencial de los seres, es también su único bien verdadero.

 SEGUNDA PARTE
EL CAMINO
LA VOLUNTAD DE DIOS

Conozco el término de mi vocación sobrenatural, el fin único de mi vida ; sé adónde debo ir, adónde deben dirigirse mis esfuerzos. Pero para llegar ahí hay un camino que seguir, un camino del cual es preciso no apartarse, so pena de no alcanzar el fin. Este camino es único, como el fin que hay que conseguir. ¿Qué camino es éste?. Lo he visto en el “Padrenuestro”: este camino es la voluntad de Dios[273].Esa voluntad es la que me señala el camino que debo recorrer.

“No es aquel que se limita a decirme: Señor, Señor, el que entrará en el reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre, que está en el cielo; éste es el que entrará en el reino de los cielos.” (Mat. 7, 21)[274]. El reino de los cielos es aquel donde se canta la gloria de Dios, porque es propio de los cielos anunciar la gloria de Dios (Salmo18, 2)[275]. Dondequiera que resuenan alabanzas a Dios, allí está el reino de los cielos. El cielo comienza aquí abajo en las almas santas y continúa plenamente en los esplendores eternos; el reino de los cielos es, pues, el reino de la alabanza a Dios.

¿Y qué es la entrada en este reino?—Es principiar a alabar a Dios. Cuando comienzo a glorificar a Dios entro en el reino de los cielos, y cada vez que comienzo una nueva alabanza, una nueva manera de glorificar a Dios, viene a ser una nueva entrada, o mejor, la entrada en una nueva morada de este reino, pues en el reino del Padre celestial hay muchas moradas (Juan 14, 2). Esta última entrada será aquella que me ligará por toda la eternidad en la morada donde alabaré a Dios por los siglos de los siglos (Salmo 83,5).

Las dos entradas. — Pero hay dos clases de entradas de este remo: o bien yo entro en él, o bien él viene a mí. En efecto, nuestro Señor dice las dos cosas. Entro en él cuando procuro la gloria de Dios, y de esta suerte comienzo ya desde este mundo a vivir en los cielos (Filip. 3, 20)[278], puesto que desde aquí principio a cantar la gloria de Dios. Viene a mí cuando recibo los clones de Dios. Así, dice Nuestro Señor, el reino de Dios está dentro de vosotros (Luc.17. 21)[279], y en el “Padrenuestro” me manda pedir que su reino venga a mí Desde aquí abajo, pues, el reino ele Dios entra en mi y yo entro en él. Y cuando suene la hora de la eternidad, entonces total y definitivamente entraré en él para alabar a Dios por siglos eternos, y entrará en mí para inundarme de felicidad sin fin (Mat. 6, 10)[280]. Pero cómo y por qué vía se efectúa esta entrada?. Nuestro Señor dice que no es precisamente por la oración: la oración no es el camino. Más adelante veré que la oración es un medio, un gran medio, pero un medio que sólo sirve con toda eficacia cuando se está en el camino. Fuera del camino, el que emplea este medio, el que dice “Señor, Señor”, no entrará. ¿Cuál es, pues, el camino?. Uno solo, la voluntad de Dios. El que hace la voluntad de Dios entrará en su reino; ése únicamente, y no los demás.

TERCERA PARTE
LOS MEDIOS

Conozco el fin, conozco el camino, tengo verdadero deseo de avanzar por este camino hacia ese fin; ¿qué es lo que me falta?. Los medios; porque los medios son necesarios para caminar por este camino hasta alcanzar el fin. Tengo necesidad de comer el pan de Dios, para andar el camino de su voluntad hasta el advenimiento de su reino y la santificación de su nombre: sabiendo el fin, conociendo el camino, teniendo los medios, lo tendré todo. Y estos medios, ¿ cuáles son?

La gloria de Dios, la voluntad de Dios, la gracia de Dios, sobrenaturalizándome cada vez más, van destruyendo progresivamente y aniquilando en mi satisfacción, en mi acción y en mis medics lo que nace de mí y se aparta cíe Dios; van absorbiendo, transformando y uniendo lo que viene de Dios y lo que ha sido hecho para la unión eterna. Veo así las tres nubes de mi mortalidad disiparse en los resplandores del gran sol que se levanta en mi alma: la multiplicidad se borra ante la unidad, la criatura se adhiere al Criador, y así Dios, que al principio era el primero antes de todos, concluye por transformar todo en Él (Col. 1.17)[444]: Él es todo en todas las cosas (I Cor. 15, 28).

El primero tratará de las prácticas de penitencia:

En primer lugar voy a estudiar los medios del hombre: primero los medios de corrección de mi conducta antigua, de despojo del hombre viejo, que es el hombre de la corrupción, de los malos deseos y del error; después los medios de renovación espiritual, de revestimiento del hombre nuevo, que ha sido criado conforme a Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efes. 4, 22)[446]. Los medios de despojo son las prácticas de penitencia; los medios de revestimiento son las prácticas de oración. Es necesario emplear estas dos clases de medios y es conveniente unirlos (Tob. 12, 8)[447]. puesto que debo alejarme y desasirme de lo criado para elevarme a Dios, y las grandes operaciones del espíritu del mal en mi solo son combatidas victoriosamente con la unión de estos dos medios (Mat. 17, 20)[448].

El segundo tratará de los ejercicios de piedad:

Entendida en toda su grandeza la “piedad” es la unidad total de mi vida. Esta palabra encierra esencialmente en sí la doble idea de “unidad” y de “vida”.

La disposición fundamental, única, que debe dominar mi vida es la piedad, esto es, el conocimiento, amor y servicio de Dios. Los ejercicios tienen por objeto formar, desarrollar y perfeccionar en mí esta disposición: por esto son llamados ejercicios de piedad, es decir, ejercicios propios para formar la piedad. Son los medios adaptados a esto. Si son los medios, no son el fin; si no son el fin, no son la piedad ; porque la piedad—ya lo he visto en la primera parte[492]—consiste esencialmente en el fin conocido, amado y procurado. Son, pues, los instrumentos de la piedad, los instrumentos destinados a formarla.”

Padre Francisco Javier Domínguez