En España, sólo el 15% de las chicas jóvenes y únicamente 14% de los chicos se declaran católicos. Casi el 50% no creen ni que exista un Dios.

Se despreciaron las catecismos al uso; se despreció la liturgia al uso; se desprecio la vestimenta al uso de sacerdotes religiosos/as; se despreció el latín; se despreciaron los Misterios y las Verdades de nuestra Fe; se despreciaron los Sacramentos; se despreció el “modelo” de sacerdote y su “misión”; se despreciaron las Reglas y Constituciones de las órdenes y congregaciones religiosas; se despreció la piedad de la buena gente, y la piedad en sí misma; se despreció la Jerarquía; se despreció la Iglesia y se despreció a Cristo, su Esposo.

Había que echarlo todo abajo; y cuanto antes mejor. Había que empezar una “NUEVA” iglesia –todavía estamos con la misma monserga en tantos sitios-, alienados todos por el MITO del renacer de nuevo de las cenizas de las hogueras que debían arrasar todo lo anterior.

¿Resultado? El dato no puede ser más demoledor: más de cuarenta años de ¿pastoral?, de ¿catequesis?, de ¿educación? “católica” y “religiosa” en España, para acabara así: los que creen son una auténtica minoría. Y sería interesantísimo que se dijera en qué ámbitos están los que sí creen: familia, educación, parroquias, colegios, movimientos… Pero no lo van a publicar.

Lo denunciaba proféticamente –los santos tienen la vista larga, y aguda- san Juan Pablo II en la Novo illennio ineunte (2001) cuando hablaba de la Iglesia como de un pequeño rebaño: pusillus grex, refiriéndose a países de antiquísima tradición católica: pequeñita, empequeñecida, desolada, yerma… Así la nombraba: pusillus grex.

Desde luego, cualquier empresa normal, de cualquier ámbito, vista la cuenta de resultados, hace años que habría echado el cerrojo, despedido a sus trabajadores, y denunciado a sus dirigentes.

Hoy mismo, sin ir más lejos, se publicaban las declaraciones de un obispo europeo: “el Dios de Católicos y musulmanes es el mismo Dios”. Se ve que a éste le da lo mismo ser obispo que imán; pero sigue siendo obispo, que es de donde cobra, claro.

Y si un obispo de la Iglesia Católica dice esto, sabiendo conscientemente lo que dice, y seguro de que nadie le va a pedir cuentas… ¿qué se puede esperar de unos sacerdotes, religiosos, o simples fieles, “pastoreados” por semejante personaje? Podría dar su nombre y apellido, diócesis, país, etc., porque todo es público; pero no quiero.

Pero la Iglesia no es una empresa normal. NO. Está fundada sobre ROCA. Está asistida por el Espíritu Santo. Cristo es su valedor ante el Padre… y el Señor no pierde batallas. Es Señor de la historia. Y es Dios.

No hay duda de que las aguas volverán a su cauce. ¿De qué medios se servirá el Señor? No lo sabemos. Sabemos lo que ha hecho bien a la Iglesia y lo que le ha daño. Sabemos que los Santos son los verdaderos reformadores en el seno de la Iglesia. Sabemos –lo ha dicho Él- que porta inferi non praevalebunt. Sabemos de tantos y tantos mártires que no pueden estar dando su vida por nada: por una Iglesia sin futuro.

Pero algo habrá que cambiar. Alguien tendrá que agarrar el timón, dar y gritar órdenes de mando, enderezar el rumbo, mover las velas, disponer a los hombres, darles esperanza… en medio de esta terrible tormenta que arrastra y engulle a las almas, desde hace ya varias generaciones.

Y mientras, el portavoz de la CEE, Gil Tamayo, advierte de la “alta tasa de paro” entre los jóvenes españoles. ¿Ahora la Iglesia Católica debe ser una agencia de colocación o de emprendedores?

¡Como esta sea la “vista” de toda una Conferencia Episcopal, la síntesis de la denuncia del verdadero y auténtico problema de la Iglesia Católica en España en relación a los jóvenes…“apaga, y vámonos”!

Dentro de otros 40 años, con gente así en lo alto, no se podrá ni hacer esta encuesta: no habrá a quién hacérsela.

Padre José Luis Aberasturi Martínez