ADELANTE LA FE

La alegría del ayuno y abstinencia

Queridos hermanos, resuena en mi mente las palabras del Señor al tentador en el desierto: No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Gozosa lección y enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo; sabia, oportuna y certera, rica en su contenido, pequeño tesoro de riqueza espiritual; enseñanza sublime y eterna, frase contundente, sin alternativa alguna, segura y firme; palabra llena de autoridad divina. Frase que resuena desde que fue dicha en el tiempo sin tiempo, en el tiempo de la eternidad; frase que traspasa tiempo y espacio, enseñanza que se levanta por encima de las limitaciones humanas. Frase que traspasa el alma del hombre, y que no se detiene en él, si éste no quiere oírla; pues su enseñanza no depende de lo que opine el hombre, o de si la acepta o no, pues  lo dicho,  dicho está: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

No puede entenderse en plenitud tal frase del Señor al  maligno si verdaderamente la Palabra de Dios no es el alimento del alma. El demonio bien que desprecia la Palabra de Dios, pues fue esa Palabra la que le condenó por toda la eternidad al fuego eterno, sin fin, sin descanso, sin pausa, sin sosiego. Fue la autoridad de la Palabra de Dios la que sometió su rebelión, y lo hundió en la oscuridad del abismo del mal y sufrimiento.

El demonio incita a los placeres del cuerpo, sabe la importancia del alimento y la debilidad del hombre por él. De una cosa buena como es la comida, y la comida entre seres queridos,  el hombre hace de ello un acto pecaminoso cuando la gula se apodera de él. La gula se olvida de Dios, es enemiga de la templanza, debilita grandemente la fortaleza, deja al alma influenciable y frágil, a merced del tentador que está al acecho, esperando su momento. Sabe muy bien que cuando la gula se apodera del cuerpo el espíritu está presto para caer en la tentación del pecado. Cuántos son los que hacen de la comida, y de los placeres de la mesa, casi un ídolo. Ese ídolo, que es su estómago, los hace vulnerables, débiles, y lo que es más importante, les queda oscurecido el poder, la belleza y la fuerza y el alimento de la Palabra de  Dios.

Hay un verdadero alimento en la Palabra de Dios, es el alimento que ha ido poco a poco siendo sustento del alma en la oración, de forma tal que la Palabra de Dios ha ido formando parte de la vida del alma; más no sólo “parte”, no, sino  toda la vida. La Palabra ha ido haciendo su “trabajo” en el alma, “trabajo” de purificación del alma, de aniquilamiento de su soberbia, poniéndola en su lugar ante Dios. Consecuencia de ello es que el alma desea hacer la voluntad divina en ella,  desea agradarle, y quiere consolarle, y quiere corresponderle a tanto Amor que el alma, asombrada y contristada por su infidelidad, ha experimentado en su relación con la Palabra de Dios, que es la relación con Dios mismo.

Cuando santamente la Iglesia pide a sus hijos que el inicio de la santa cuaresma sea con un día de ayuno y penitencia, el alma, con pleno gozo y deseo ferviente de obedecer a la Iglesia, y prepararse de este modo a este tiempo penitencial, se “lanza” con humildad, intimo amor divino y deseo de agradar a su Señor a realizar esta penitencia de amor. Porque es una alegría para el alma poder ofrecer este pequeñísimo sacrificio a quien tanto le ha dado, y  constantemente da al alma. Hay un gozo en la penitencia, en concreto en el ayuno y abstinencia, porque podemos transportarnos a  aquel momento en que el Señor pronunció sus divinas palabras, y las podemos escuchar mientras las dice; y al escucharlas podemos asentir con la cabeza, y decir: Si, Señor mío Jesucristo, es verdad  lo que dices, humildemente lo experimento, tu Palabra es alimento para mi alma.

El tiempo de penitencia y ayuno un tiempo muy especial para el alma que se alimenta con la Palabra de Dios, pues es momento de penitencia, de sacrificio, de amor a Dios, es un tiempo en que el alma quiere ofrecerle con absoluta generosidad, desprendimiento y olvido de si, un sacrificio en sus necesidades corporales de alimento. Para el alma que se alimenta de la Palabra de Dios es un verdadero gozo, y motivo de inmensa alegría, poder ofrecer a quien tanto ha sufrido por ella este pequeño sacrificio. Nunca el alma que se alimenta de la Palabra de Dios dejará esta penitencia.

Con el miércoles de ceniza se inicia la santa cuaresma, y el alma desea ofrecer a lo largo de estos cuarenta días su tiempo de penitencia, de ayuno y abstinencia, y con esta mortificación física, también la mortificación de los sentidos, la mortificación de aquella pasión dominante que le impide la vida de gracia, porque la penitencia corporal sólo es efectiva y agradable a Dios cuando a frutos verdaderos de conversión y de “muerte” a uno mismo,

¡Qué gozosa relación existe entre el Amor y el sacrificio!

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.
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