ADELANTE LA FE

La Cruz de Cristo no fue suplicio sino tribunal

En nosotros se cumple la justicia, pues recibimos el castigo de nuestras obras; pero éste nada malo ha hecho  (Lc. 23, 39).

Los seguidores de Judas Iscariote

Queridos hermanos, nadie como Judas Iscariote conoce la traición; supo maquinar a espaldas del Señor, se confabuló con los enemigos del Redentor para poderlo prender en el momento oportuno, aceptó un precio por la traición; habiendo traicionado a su Maestro supo disimular ante Él y los demás discípulos. El Señor lleno de misericordia le advirtió de que estaba al corriente de su infame delito, esperando su retractación; pero el traidor no quiso darse por enterado y su perverso corazón siguió  sin conmoverse con la traición. El diablo ya había entrado en Judas, éste nada hizo para evitarlo, por lo que el maligno lo llevó al suicidio  y a la perdición eterna de su alma.

Los que hoy maquinan en la Iglesia, contra la Iglesia y contra Jesucristo, no son más que émulos del pérfido traidor. Lo siguen en sus acciones y en la soberbia de su corazón. Siguen a Judas Iscariote, no a nuestro Señor Jesucristo. Son traidores. Nada puede esperarse de ellos sino la traición, la maquinación para alterar la verdad de la Iglesia, la fe católica. No tienen escrúpulos como no los tuvo su indigno maestro. Son esos asalariados que ostentando cargos en la Jerarquía eclesiástica se aprovechan de ellos para la traición y subvertir la Verdad de la fe, entregando la Iglesia a sus enemigos.

Los mismos traidores se ufanan de ello, visto sus éxitos y su falta de oposición a sus planes no tienen pudor en reconocer sus maquinaciones. Tienen el espíritu de Judas Iscariote, ese espíritu les anima, hace que se reúnan todos en nombre del maestro al que siguen, comparten las mismas ideas del discípulo traidor. No les importa ser descubiertos, pues al igual que Judas se sienten como uno más, como el traidor en la Última Cena.

No tiene fe, no creen en Jesucristo Redentor y Salvador que en el altar de la Cruz completó perfectísimamente la Voluntad del Padre, redimiendo con su Pasión, muerte en Cruz, y Resurrección a todos los hombres. Obra redentora, misterio infinito de amor, que cada día está presente en el Santo Sacrificio de la Misa.

Nunca la Iglesia ha estado más alejada del mundo

Nunca los desfavorecidos han estado más olvidados. Nunca los pequeños han sido más despreciados. Nunca los que buscan con ardor la salvación de su alma han sido más ignorados. Nunca la Iglesia se ha alejado tanto del mundo, dejándolo a su destino sin guía que lo oriente, a merced de las fuerzas del maligno, que sin oposición por parte de la Iglesia nunca ha estado más libre para arrastrar a las almas a la condenación eterna.

Cuando el mundo no oye la voz de la Iglesia advirtiéndole que ha de vivir según los Mandamientos de la Ley de Dios; cuando el mundo no oye la voz de la Iglesia que le indica por dónde no debe ir; cuando la Iglesia no recrimina a quienes se alejan del redil, no los amonesta como un padre celoso de sus hijos; cuando la Iglesia no se enfrenta contra las fuerzas del infierno que quieren arrastrar a las almas a la condenación eterna, señalando el pecado, condenándolo, advirtiendo a los que lo fomentan de los castigos divinos de los que se hacen acreedores; cuando la Iglesia no es reflejo fidedigno de Jesucristo, entonces la Iglesia se ha alejado del mundo, sobre el cual tiene el mandato de su  Fundador de predicar su Palabra para que ninguno de condene eternamente.

Cuando los desfavorecidos, que necesitan la palabra de Dios para alentar su corazón de esperanza en la justicia divina, en el  juicio personal y final, porque sufren en sus carnes la injusticia humana, nadie se la predica, entonces la Iglesia los deja solos.

Cuando la Iglesia escandaliza a los pequeños abrazando el pecado por medio de pastores – asalariados, lascivos y pervertidos, sin que éstos sean amonestados por la autoridad correspondiente, los pequeños son despreciados. Cuando los que ansiosamente y fervientemente buscan la salvación de su alma, siendo fieles a la fe católica y a las costumbres recibidas por la tradición, observan atónitos como la Iglesia ignora y desprecia la fe y costumbres recibidas, indicando caminos alternativos a los Mandamientos de la Ley divina, poniendo como ejemplo a herejes manifiestos, indicando con gestos          que no condena el pecado mortal, entonces la misma Iglesia ignora totalmente a estas almas.

El mundo que tiene necesidad de oír la Palabra de Dios

El mundo tiene necesidad de que se le enseñen los Mandamientos de Dios. El mundo tiene necesidad de que se le corrija en sus errores, en sus vicios y pecados. El mundo tiene necesidad de que se le predique la salvación operada en el Calvario. El mundo tiene necesidad de que se  le diga que sólo hay un Salvador y Redentor. La apertura de la Iglesia al mundo es para que éste  escuche la Verdad inalterable, de lo contrario  la Iglesia está alejada del mundo porque no cumple la Voluntad divina de predicar su Palabra.

Los que siguen a su maestro Judas Iscariote, los que no cesan de hablar de  la cercanía de la Iglesia al mundo, son los que están satisfechos de ver que las consecuencias de su traición se propagan y se aceptan, o al menos no se rechazan frontalmente. Estos émulos de Judas son los que han alejado a la Iglesia de Cristo del mundo, con su lenguaje provocativo, sensual, y sus acciones  obscenas. Es el lenguaje de muerte el que sale de sus bocas. Es la predicación que conduce a la muerte eterna del alma de los que  los oyen y siguen.

La Cruz de Cristo es tribunal

La Cruz de Cristo en medio de los ladrones no es sólo suplicio sino tribunal. El Señor está no sólo como víctima sino como Juez. Así, como un ladrón fue glorificado, el otro fue condenado. El Justo Juez esperó al último instante de las vidas de los dos infelices, esperaba oír de sus bocas tan solo un arrepentimiento; nunca un Juez fue más benévolo con los reos, nunca la sentencia podría ser más gloriosa para el arrepentido. Uno se arrepintió, otro maldijo. La sentencia era inevitable y se dictó.

El Señor esperó hasta el último instante que Judas  se arrepintiera, le dio motivos para que se echara para atrás. Como Justo Juez esperó, con amor infinito, el arrepentimiento del traidor, pero éste no llegó. Nada pudo hacer el Salvador por salvar el alma del apóstol infiel, Judas se condenó por su propia libertad.

El Señor, como Justo Juez, enjuicia a su Iglesia y a sus Pastores, desde Su propio Vicario, a quien más cuenta le pedirá, hasta el último ordenado. Todos pasaremos por el tribunal de la Cruz de Cristo y tendremos que hablar de nuestros actos, de lo que hemos hecho del mandato recibido de predicar la Palabra de Dios, de predicar sus Mandamientos, de predicar la Verdad la Iglesia. Responderemos de haber seguido el error, los que lo sigan; de haber predicado el error, los que lo hagan; de haber callado la Verdad los que la callen.

Los fieles pastores al Buen Pastor nunca seguiremos el error, pues  conocemos la Verdad contenida en los Mandamientos de la Ley de Dios, conocemos el contenido de la fe católica recibida, conocemos el camino que nos lleva a la salvación del alma y el camino que  la condena. Conocemos al Buen Pastor y Él nos conoce.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.