Agrupamos bajo este título tres reformas de importancia considerable que han sido establecidas en tres años seguidos: En 1968, promulgación de tres nuevas plegarias eucarísticas; en 1969,  promulgación del Novus Ordo Missae; en 1970, primera edición del nuevo misal romano latino “reestablecido por decreto del segundo Concilio ecuménico del Vaticano”. Reformas de un alcance considerable, como  decimos, porque afectan al corazón de la liturgia cristiana: “La celebración de la misa, nos recuerda, en efecto, el Institutio generalis, como acción de Cristo y del Pueblo de Dios organizado jerárquicamente, es el centro de toda la vida cristiana para la Iglesia,  tanto universal como local, y para cada uno de los fieles”[1].

La celebración eucarística es “el alma de la Iglesia[2]” “el punto culminante, el centro, la razón de ser soberana del culto divino, como también la fuente y el alimento de toda la vida sobrenatural[3]”, “el gran acto del culto divino[4]”.

Contiene todo “el tesoro espiritual de la Iglesia[5]”  es, finalmente, “la fuente de vida para la Iglesia y la prenda de la gloria celeste[6]”. Así que no se puede minimizar la gravedad de tal reforma, que afecta a la Iglesia en su centro vital.

Por tanto, en  1968 se publicaron tres nuevas plegarias eucarísticas, lo que constituía una “innovación mayor”[7]. “La introducción en la liturgia romana de nuevas plegarias eucarísticas, nos dice efectivamente Dom Oury, era un acontecimiento tan importante como la supresión de las plegarias de devoción pronunciadas por el sacerdote (en voz baja) en el ofertorio y en la comunión, porque el Canon romano había sido la regla única de la celebración eucarística, con muy pocas modificaciones desde hacía cinco siglos”[8]. ¿Por qué su introducción? Es que “a pesar de su calidad y de sus plegarias impecables, el Canon romano tiene sus límites y sus defectos. La primera laguna, desde el punto de vista ecuménico, era la insistencia quizá exagerada en uno de los aspectos fundamentales de la misa en detrimento de otros aspectos que son igualmente fundamentales”[9]. “Otra dificultad para los ecumenistas se encuentra en el relato de la Institución tal y como se reproduce en el Canon romano”[10]. “Este venerable documento litúrgico no presenta las mismas cualidades que las tres nuevas plegarias eucarísticas, fruto del Concilio Vaticano II que acaban de ser promulgadas”. Es tributaria de una condición jurídica, preocupada de ver una Eucarística agradable a Dios como sacrificio perfecto y digno de Él. No se puede excluir esta dimensión sacrificial de la Eucaristía, profundamente tradicional, pero el acento que pone el Canon romano en lo que se refiere al sacrificio, plantea un problema desde el punto de vista ecuménico”[11]. Particularmente, a causa del Canon romano, antes del Concilio, “destacando el aspecto propiciatorio del sacrificio eucarístico se bloqueaba el diálogo ecuménico”[12]. “La misa católica parecía a muchos bastante tributaria del espíritu sacrificial de la Edad Media, como destacaba el culto protestante demasiado imbuido por la enseñanza intelectualista de los Reformadores del siglo XVI. Se considera desfasado el sacerdote que ofrece un sacrificio por el pueblo y el pastor que predica una palabra demasiado repetitiva a los oídos fatigados, a los corazones que tienen sed por lo concreto. Se buscaba un culto más humano, más simple, más actual. Ciertamente la reforma litúrgica que se acometía con más resolución en la Iglesia Católica que en las Iglesias reformadas, va a ayudar a la evolución de un culto cristiano que corresponderá mejor a la mentalidad del hombre del mañana”[13].

En las nuevas plegarias eucarísticas, y en la consiguiente reforma de la misa, “el aspecto sacrificial de la misa, que fue la fuente de tantos malentendidos, se encuentra iluminada ahora por el tema bíblico del memorial: el sacrificio aceptable y que salva al mundo, es el de la redención, cuyo memorial celebra hoy la Iglesia, ofreciendo el cuerpo y la sangre de Cristo”[14]. “No nos parece exagerado afirmar que en el plan del diálogo ecuménico, los consensos sobre la eucaristía que han tomado forma y se han establecido como esenciales han puesto el punto focal sobre esta noción (de memorial). Esto se comprende muy bien. Porque el conjunto de valores que la integra conduce a las diversas tradiciones a ordenar sus puntos de vista más que a oponerse entre ellos, percibiendo a la vez sus límites respectivos y su complementariedad”[15]. Es más,  “si nuestra generación es alérgica a las expresiones greco-latinas (como las de nuestro Canon), es muy sensible a la formulación bíblica (sobre todo a las neo testamentarias) que presentan un avance enorme por ser ecuménicas”[16]. “Con la palabra memorial (anamnesis, en griego), tenemos una noción bíblica que va a revelar toda su riqueza y todo su valor unificador y ecumenista para dar cuenta de la Eucaristía”[17]. “Diciendo que la cena pascual del Señor es el memorial de un sacrificio – en el sentido que se acaba de precisar – se ha encontrado, como pienso, la realidad capaz de reconciliar las posiciones de los cristianos desunidos sobre la Eucaristía: El memorial es una noción ecuménica. En particular, es un punto común entre los protestantes y los católicos. Efectivamente, el memorial es un verdadero sacrificio – no otro sacrificio, ni una suerte de nuevo sacrificio por repetición del único sacrificio realizado sobre la Cruz. El sacrificio que nos valió la salvación es representado, no repetido o reiterado”[18]. Así, alrededor de esta noción de memorial “la teología eucarística actual, salvo para algunos nostálgicos, es, según nos parece, más serena, más ecuménica”[19].

De una manera general, “la renovación litúrgica actual tiende a hacer más tangible la relación entre la Eucaristía de la Iglesia y la última cena del Señor. Quiere reformarse el conjunto del rito, destacando lo esencial, y oscureciendo lo accesorio, abreviando, evitando repeticiones, retomando las tradiciones valederas del pasado, etc… Lo esencial – es un deseo apremiante – retomar la antigua plegaria eucarística y entonces reformar el Canon. Esta asimilación de la Eucaristía a la cena del Señor tiene un alcance ecuménico considerable”[20]. Por ello, en razón de los “problemas ecuménicos planteados  por el Canon romano”[21], “a los ojos de los otros cristianos toda reforma, que se detuviera en el Canon, sin dar a la Eucaristía y al relato de la Institución eucarística la expresión que se necesita, sería una reforma superficial”[22]. Frente a estos límites y estas lagunas del Canon romano, “los responsables han cuidado de añadir otras plegarias eucarísticas y así imitar la costumbre oriental de usar varias anáforas. Para responder a las necesidades de nuestra época, los planteamientos nuevos han tenido que ser elaborados a partir de modelos antiguos. Debían responder a numerosas exigencias de orden pastoral,  espiritual y ecuménica”[23]. “Lo esencial era, desde el punto de vista ecuménico, una vuelta a los orígenes y una renovación que permitiera una aproximación entre las grandes tradiciones cristianas”[24].

Estas nuevas plegarias eucarísticas eran impacientemente esperadas por los ecumenistas: “La adopción de varias plegarias eucarísticas tendrá un gran alcance ecuménico. Porque nos reunirá con los Orientales”[25]. ¿Qué ventajas se encuentran en las nuevas plegarias eucarísticas? La unificación de estilo con las plegarias eucarísticas de Oriente. Por tanto, habrá en estas novedades un factor muy importante para la unión de las Iglesias”[26]. “Entre estas formulas, al ser variadas,  podría figurar, para conseguir el ecumenismo, una anáfora oriental como la versión alejandrina de la anáfora de Basilio”[27]. “Los más justos requerimientos de la pastoral, decía el Padre Bouyer refiriéndose a esta anáfora que no fue incluida por razones diplomáticas[28], se encontraría con ella ampliamente satisfecha en el espíritu más bíblico y tradicional, y esta adopción para Occidente de la Eucaristía, que fue por mucho tiempo la más popular en Oriente, hubiera tenido un gran alcance ecuménico”[29].

Si la expectativas de la promulgación estuvieron llenas de esperanza, el resultado no convenció a nadie: “El Consejo postconciliar para la liturgia publicó tres nuevos cánones de la misa destinados a añadirse al Canon  romano tradicional – del cual no existe razón alguna para renunciar a él. Uno de estos nuevos cánones fue tomado de la plegaria eucarística primitiva; otro, se inspira por su brevedad en la tradición galicana; el tercero, desarrolla más ampliamente las principales etapas de la historia de la salvación. Por su carácter bíblico, no carecen de significación ecuménica”[30]. “El redescubrimiento de las verdaderas dimensiones de la Eucaristía en su totalidad, esta ligado a la toma en consideración del rol primordial del Espíritu Santo en la economía sacramental. De ahí la importancia ecuménica de la epiclesis de la consagración y de la comunión en las nuevas plegarias eucarísticas”[31]. “Las tres nuevas plegarias eucarísticas comportan esta invocación del Espíritu Santo de forma explícita, y es de gran alcance ecuménico”[32]. “Si comparamos estas tres plegarias yustapuestas, se sorprenderá de la constancia con la que ellos dan al Espíritu Santo, tanto en relación con la consagración y con la comunión, el mismo importante lugar que tenían progresivamente las eucaristías orientales. Hay allí un nuevo factor ecuménico en la proposición de estos textos en la Iglesia latina, después de sus expresiones tan bíblicas y tan patrísticas del sacrificio”[33].

Además la prex II, la prex III han llamado especialmente la atención de los comentaristas: “La plegaria eucarística III es sin duda la anáfora más ecuménica en el sentido más novedoso del término”[34]. Y el padre Bouyer da una razón: “La segunda epliclesis conoce aquí un desarrollo particular, que insiste sobre la unicidad del sacrificio de la Cruz. Su bellísima fórmula, tomada de la Post pridie mozárabe de la cuarta feria de Pascua explica muy bien la esencia del sacrificio eucarístico. Es la presentación por la Iglesia al Padre del sacrificio mismo de la Cruz, en la prenda sacramental que el mismo nos ha dado. Se recoge exactamente el sentido del memorial tal y como Jeremías lo interpreta. El valor ecuménico de esta formula es evidente. Se puede decir que descarta los malentendidos y las objeciones más graves que mantienen los protestantes, desconfiando de la doctrina tradicional”[35]. Y después de haber citado esta epiclesis, el autor prosigue: “La reunificación, en este texto, de la aceptación de nuestra ofrenda conjunta a la de Cristo, siendo Él mismo el único oferente, en él como en nosotros mismos, con nuestra incorporación a su cuerpo y nuestra participación en el  Espíritu, acentúa todavía más el carácter ecuménico de esta plegaria”[36]. Así “desde el punto de vista ecuménico también, tenía la ventaja de proponer plegarias eucarísticas que utilizan estructuras antioquenas de un gran número de anáforas orientales”[37].

En las nuevas anáforas, por tanto, “las perspectivas universalistas y ecumenistas del Vaticano II y las de las de la teología denominada “teología de las realidades terrestres”, encuentran un eco, discreto y bíblico, mas real”[38]. También “las nuevas plegarias eucarísticas han hecho más por el ecumenismo en diez años solamente que cuatro siglos de discusiones teológicas entre católicos y reformados”[39]. “Nuestra propia experiencia nos permite afirmar que, sin las nuevas anáforas y el Institutio generalis, no habría sido posible el acuerdo de Windsor (entre anglicanos y católicos) sobre la Eucaristía. Efectivamente, en otros diálogos, se ha visto la misma constatación. Así se verifica que lex orandi, lex credendi[40].

Después de las nuevas plegarias eucarísticas, se promulgó en 1969 el Novus Ordo Missae, el nuevo ordinario de la misa. Reforma fundamental para la vida eclesial, ya que “de esta manera, el ordinario de la misa, entendido y repetido, está llamado a formar la mentalidad del pueblo cristiano”[41].

“La nueva misa comienza, después del canto de entrada, con una salutación litúrgica del celebrante a la asamblea  y un acto común de arrepentimiento según un confiteor simplificado. Estos son los dos actos iniciales de las liturgias reformadas”[42]. “Esta novedad, justificada con argumentos de orden ecuménico, puede verificarse en la experiencia del pueblo cristiano, como la expresión de una necesidad auténtica de la época, que nace del origen incesante de la Tradición viva”[43]. “El celebrante principal, dice entonces la salutación, que se remota probablemente a un uso litúrgico primitivo, del cual tenemos el texto de San Pablo (2 Cor. 13,13). La restauración litúrgica postconciliar la ha retomado en su honor y forma parte de las celebraciones reformadas y luteranas”[44].

“El ofertorio simplificado no aparece ya como un doblete de la plegaria eucarística, ni como un acto sacrificial anticipado: así se atenúa las dificultades que creaba el antiguo ofertorio en la búsqueda ecuménica”[45].  Bien entendido, “es evidentemente que las tres nuevas plegarias eucarísticas (canones) son las que presentan el mayor interés desde el punto de vista ecuménico”[46]. “La aclamación que concluye la Institución ha sido retomada en muchas de las restauraciones litúrgicas recientes: católica, anglicana, sueca, luterana, americana. Esta asocia la comunidad con la proclamación del memorial”[47]. A propósito de la doxología después del Pater el comentarista escribe: “Conocida tanto en Occidente como en Oriente, esta doxología sirve siempre de final al Pater en las liturgias orientales, igual que en el culto de las Iglesias que han salido de la Reforma. La restauración de tal aclamación en la liturgia romana tiene, entonces, un alcance ecuménico”[48]. “Una plegaria de comunión, que el celebrante decía para sí en voz baja, se convierte en la plegaria de todos. Es la oración de la paz que se ha convertido en todo el mundo como la oración ecuménica por excelencia para la unidad de los cristianos: “no mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y como tú has querido, danos la paz, reúnenos en la unidad”. Un signo ecuménico más de esta reforma de la misa”[49]. Así, “hay que destacar el carácter ecuménico de esta reforma de la misa: Ésta es una manifestación más de que el retorno a las fuentes puras y vivas de la tradición, es al mismo tiempo un acto de acercamiento ecuménico, una preparación de la unidad visible de los cristianos”[50].

Finalmente, en 1970, apareció la edición típica latina del misal romano reformado. En lo que respecta a las oraciones “en el propio, como en los comunes, se ha querido ser fiel a esta distinción de géneros, intentado suprimir, en tanto como sea posible, toda alusión a la intercesión de los santos para obtener los frutos de la Eucaristía. Esta opción debe ser destacada por su alcance ecuménico”[51]. “La oración de San Agustín (de Canterbury) omite la petición de la unidad que estaba formulada en el antiguo misal en términos poco conformes con el espíritu del Vaticano II”[52]. En el nuevo misal, “pieza maestra de la reforma litúrgica conciliar”[53], “se introdujo algunas cuestiones que son el centro de la reflexión cristiana, como la solidaridad de la Iglesia con todos los hombres, el ecumenismo, la escatología, y sobre todo el misterio pascual”[54]. Así “la expresión latina no debe hacernos ilusiones y apartarnos de un texto de base ampliamente abierto a los problemas de la Iglesia y del mundo: ecumenismo, justicia y paz, desarrollo de los pueblos, vida social, altas instancias internacionales, etc”[55].

(continuará)

G. Celier

[Traducido por María Teresa Marín para Adelante la Fe]

[1] IGRM 1 NRM, pág. 22 o EDIL 1396.

[2] León XIII: “Mirae caritatis”, EPS Lit 206, retomado por el Papa Pío XI “Dum Christus Dominus”, EPS lit. 416.

[3] Pío XI, Alocución al consistorio de 23 de mayo de 1923, EPS lit. 356, retomado casi idénticamente por Pío XII en “Mediator Dei” EPS lit. 551.

[4] Pío XII discurso de 31 de mayo de 1953, EPS lit. 693.

[5] PO 5 §2, COV pág 404, o DCC IV pág. 196.

[6] UR 15 § 1. COV pág 624, o DCC I pág. 213.

[7] Pablo VI: “Missale romanum”, DC 1541, 1 de junio de 1969, pág. 516 o NRM pág. 15 o EDIL 1366.

[8] G. Oury: “La messe de Saint Pie V à Paul VI”, Solesmes 1975,  pág. 13.

[9] J. Cornelis: “La portée oecuménique des nouvelles prières eucharistiques”, Unitas, Primer trimestre de 1969,  pág. 87.

[10] J. Cornelis: Ibid., pág. 88

[11] M. Thurian: “Le canon romain”, VC 85,  primer trimestre de 1968, pág. 64.

[12] L.M. Chauvet: “La dimension sacrificielle de l’Eucharistie”, LMD 123, tercer trimestre de 1975, pág. 48.

[13] M. Thurian: “Des voies nouvelles pour la priêre”, ICI 312, 15 de mayo de 1968,  pág. 29.

[14] M. Thurian: “Le nouvel ordre de la Messe va dans un sens profondement oecuménique”, La Croix, 30 de mayo 1969, pág. 9.

[15] J.M. R. Tillard: “Le mémorial dans la vie de l’Eglise”, LMD 106, segundo trimestre de 1971, pág. 24.

[16]Table ronde sur les projets de réforme du canon”, P et L, primer de abril de 1967, pág. 235.

[17] A. Fermet: “Eucharistie: célébrer la vie, célébrer le Christ”, Editions Ouvrières, 1981, pág, 23.

[18] A. Fermet: Ibid, pág. 26.

[19] A. Fermet: Ibid. Pág. 11

[20] H. Küng: “Le Concile épreuve de l’Eglise”, Seuil, 1963,  pág. 124.

[21] M. Thurian: “Le canon romain”, VC 85,  primer trimestre de 1968, pág. 69.

[22] H. Küng: “Le Concile épreuve de l’Eglise”, Seuil, 1963,  pág. 119.

[23] J. Cornelis: “La portée oecuménique des nouvelles prières eucharistiques”, Unitas, Primer trimestre de 1969,  pág. 91.

[24] J. Cornelis: Ibid. pág. 91

[25] A.M. Rouget: “Une nouvelle étape de la restauration liturgique”, VS 539,  junio de 1967, pág. 678.

[26] A. M. Rouget: “Le canon de la messe en français” Cerf, Fêtes et saisons, 1967, pág. 29.

[27]Table ronde sur les projets de réforme du canon”, P et L, primer de abril de 1967, pág. 244.

[28]  Cf. Por ejemplo B. Botte: “Quelques précisions sur les prières eucharistiques de Vatican II”, La libre Belgique, 15 de septiembre de 1976, citado en D. Bonneterre: “Le mouvement liturgique”, Fideliter, 1980, pág. 149; P. Jounel: “La composition des nouvelles prières eucharistiques”, LMD 94, segundo trimestre de 1968, pág. 40.

[29] L. Bouyer: “Le préface et le sanctus”, LMD 87, tercer trimestre de 1966,  pág. 106.

[30] “Liturgie: La prière eucharistique renouvelée”, ICI 315, 1º de julio de 1968,  pág. 9.

[31] J. Cornelis: “La portée oecuménique des nouvelles prières eucharistiques”, Unitas, Primer trimestre de 1969,  pág. 93.

[32] M. Thurian: “Le canon romain”, VC 85,  primer trimestre de 1968, pág. 67.

[33] L. Bouyer: “Eucharistie. Théologie et spiritualité de la prière eucharistique”, Desclée, 2ª edición 1968, pág. 444.

[34] L. Conelis: : “La portée oecuménique des nouvelles prières eucharistiques”, Unitas, Primer trimestre de 1969,  pág. 97.

[35] L. Bouyer: “Eucharistie. Théologie et spiritualité de la prière eucharistique”, Desclée, 2ª edición 1968, pág. 444.

[36] L. Bouyer: Ibid. pág. 437.

[37] A. Nocent: “La messe de Pie V à Vatican II”, Not. 201, abril de 1983, pág. 215.

[38]Pour faciliter la catéchèse des nouvelles anaphores de la Messe” (texto de Consilium) DC 1520, 7 de julio de 1968, pág. 153 o EDIL 1056.

[39] Cl. Geffré: “L’eucharistie, lieu de la gracieuseté de Dieu et de l’homme”, LMD 137, primer trimestre de 1979, pág. 155.

[40] J.M.R. Tillard: “La réforme liturgique et le raprochement des Eglises”, in LODU, pág. 240.

[41] L. d’Appollonia: “Notre missel…. provisoire”, Nova et Vetera 4, octubre-diciembre 1965, pág. 305.

[42] M. Thurian: “Le nouvel ordre de la messe va dans un sens profondément oecuménique”, La Croix, 30 de mayo de 1969, pág. 9.

[43] R. Cabié: “Le nouvel Ordo Missae”, LMD 100, 4º trimestre 1969, pág. 26.

[44] M. Thurian: “Une liturgie eucharistique oecuménique”, Not. 207, octubre de 1983, pág. 628.

[45] M. Thurian: “Le nouvel ordre de la messe va dans un sens profondément oecuménique”, La Croix, 30 de mayo de 1969, pág. 9.

[46] M. Thurian: Ibid. pág. 9.

[47] M. Thurian: “Une liturgie eucharistique oecuménique”, Not. 207, octubre de 1983, pág. 631.

[48] R. Beraudy: “Les rites de préparation à la communion” LMD 100, 4º trimestre de 1969, pág. 66.

[49] M. Thurian: “Le nouvel ordre de la messe va dans un sens profondément oecuménique”, La Croix, 30 de mayo de 1969, pág. 10.

[50] M. Thurian: Ibid. pág. 9.

[51] P. Jounel: “Les oraisons du propre des Saints dans le nouveau missel”, LMD 105, primer trimestre de 1971, pag. 182.

[52] P. Jounel: Ibid., pág. 186.

[53] P. Jounel: “Le missel de Paul VI”, LMD 103, tercer trimestre de 1970, pág. 16.

[54] P. Jounel: Ibid. pág. 28.

[55] A.Dumas: “Le missel Romain 1970”, P. et L. 4 julio-agosto de 1970, pág. 295.