[Imagen Pablo VI con algunos de los observadores protestantes que participaron en el Consilium]

La Constitución sobre la liturgia aprobó y codificó en un marco legal el gran proyecto de la reforma litúrgica. Pero “un número considerable de prescripciones de la Constitución no podía ser aplicado en un breve tiempo, porque primero se tenía que revisar ciertos ritos y preparar nuevos libros litúrgicos. Para que este trabajo se efectuase con la sabiduría y prudencia debidas, se creó una comisión especial, que tenía como primer objetivo velar para que las prescripciones de la Constitución sobre la liturgia fueran santamente aplicadas”1. Es el Consilium ad exsequendam Constitutionem de sacra liturgia el que el Papa Pablo VI puso en funcionamiento desde el 25 de enero de 1964 por medio del motu propio Sacram liturgiam. Como organismo distinto de la Congregación de Ritos, pretendía preparar y poner por obra la reforma pedida por el Concilio. Tal trabajo no podía evidentemente, sin contradecir el espíritu y la letra de la Constitución, descuidar la exigencia ecuménica. Esta es la razón por la que todo el trabajo del Consilium se desarrolla bajo la estela de la unidad cristiana. “El Consilium, artífice de la reforma litúrgica”2 pretendía adquirir todas las competencias requeridas para conseguir este objetivo novedoso.

“Ante la eventualidad de reformas litúrgicas profundas, un liturgista, desde antes de la apertura del Concilio, se preguntaba ¿Hay que mirar a las Iglesias de Oriente en las que la liturgia ha permanecido inalterada por el bien del pueblo o a las Iglesias reformadas en las que la liturgia se ha reelaborado también por el bien del pueblo? Hay experiencias de las cuales hay que deplorar que se hayan desarrollado fuera de nuestra comunión – en parte por culpa nuestra – y por ello, es aconsejable que sin caer en una falsa vergüenza sean utilizadas para nuestro provecho; es un gesto de ecumenismo en la hora presente, sin que tengamos que abandonar nuestras posiciones doctrinales”3. Para realizar este programa y “por decisión de Pablo VI, un pequeño número de observadores no católicos, fueron admitidos a las sesiones del Consilium de liturgia encargados de poner en funcionamiento la constitución conciliar Sacrosanctum Concilium4. “La novedad en esta sesión, y que es de gran importancia, destacaba el cronista del Notitiae, es la presencia de cinco observadores, designados por sus comunidades eclesiales, y que siguieron los trabajos del Concilio con gozo, atención y fraternal cooperación en las entrevistas con los relatores”5. Monseñor Boudon señalaba las aportaciones de estos observadores: “ Además – cada uno en la medida de su importancia – hemos tenido el gozo de beneficiarnos, como antes en la sesión precedente de octubre de 1966, de la presencia activa de los observadores delegados por las otras Iglesias cristianas.

Formando parte de Nuestros trabajos, han podido aportarnos el testimonio de sus propias búsquedas y confrontar éstas con las nuestras. La reforma litúrgica se elabora en un clima de ecumenismo, provechoso para cada uno y a largo plazo, para la unidad de la Iglesia”6.

Este ambiente ecuménico se traducía en hechos. “Del 28 de abril al primero de mayo, los representantes de Faith and Order y los expertos del Consilium se reunieron en Ginebra para una reunión de estudio. La reunión fue preparada por la Secretaría para la unidad de los Cristianos y la Secretaría de Faith and Order del Consejo ecuménico de las Iglesias. El objetivo era hacer un estudio comparativo del trabajo litúrgico del Faith and Order y de la reforma preparada y completada por la comisión postconciliar. El hermano Max Thuriam presentó una síntesis del trabajo ya terminado y Monseñor Lengeling efectuó una exposición sobre la liturgia católica romana propuesta para el bautismo”7. “El cardenal Lercano, presidente del Consejo postconciliar para la liturgia hizo en Beyrouth, en la Universidad de San José, una conferencia importante sobre ‘el ecumenismo y la liturgia’. Destaca que la eclesiología que se explica en el esquema sobre la liturgia está en progreso: Es toda una manera de comprender la Iglesia que ha inspirado la Constitución sobre la liturgia”8.

Pero el principal trabajo se hizo con los observadores que participaban activamente en la elaboración de las reformas, como lo explicaba Monseñor W.W. Baum, director ejecutivo (executive director) para los asuntos ecuménicos de la conferencia episcopal americana. “No eran solamente observadores, sino también consultores, participaban plenamente en las discusiones sobre la renovación de la liturgia católica. No hubiera tenido sentido si se hubieran contentado con escuchar, sino que ellos tenían que contribuir”9.

El respeto por los observadores era tal que se evitaba lo que podía herirlos en el trabajo. Hablando sobre una propuesta de un obispo de América del Sur, a propósito de la confirmación, Dom Botte cuenta: “Respondió que si yo debiera hacer esta propuesta al Consilium, estaría obligado a dar razón de ello delante de los observadores protestantes que asistían a las sesiones y que esto podía dar mala impresión”10. Pero fue sobre todo en la comisión de estudio, los llamados coetus más que en las sesiones plenarias, donde la colaboración de los observadores fue solicitada y apreciada, especialmente para guiar a los expertos en la valoración de los libros litúrgicos no católicos. El abad J. Cellier, entonces director del CNPL, presentaba también el nuevo rito del bautismo en la sala de prensa del Vaticano: “La comisión (del Consilium encargada del nuevo rito del bautismo) se rodeó así de todas las competencias necesarias para el examen de las diferentes fuentes litúrgicas (liturgia romana, otras liturgias de occidente, liturgias orientales). Examinó también los rituales utilizados en las Iglesias no católicas y obtuvo la colaboración de los observadores no católicos invitados a participar en los trabajos del Consilium11. Un procedimiento análogo fue empleado para la preparación del leccionario: “Aquí tenemos las principales etapas del trabajo, explica el secretario del coetus XI, encargado de su preparación. Se procedió desde el principio a un despojamiento sistemático de las listas de las perícopas bíblicas ligadas a la liturgia de la misa.

Este despojamiento comprendía:

  • El estudio completo de las liturgias latinas desde los siglos VI al XII.

  • Un muestrario de libros orientales respecto de una quincena de ritos.

  • Un extracto de los leccionarios en uso por las Iglesias de la reforma, desde el siglo XVII hasta nuestros días”12.

De la misma forma para el oficio divino: “Para la restauración del oficio, nos dice el relator de la comisión ad hoc, los expertos había estudiado no solamente la historia de las Horas en los diferentes ritos orientales, sino también su evolución y el renacimiento de formas equivalentes de las plegarias en las Iglesias nacidas de la Reforma”13.

“Para orientar su trabajo, el Consilium se inspiró no solamente en las peticiones de la reforma presentadas para el Concilio, sino también en los proyectos de la comisión de reforma de Pío XII, en los breviarios neo-galicanos (para los responsos), en los pequeños breviarios de los últimos decenios, así como en los Oficios de la Comunidad de Taizé, sobre el cual uno de sus miembros Max Thurian, no solamente había sido un observador en las sesiones del Concilio, sino que también había participado en muchas ocasiones como consejero de las sesiones que se tuvieron en Roma del grupo de estudio IX”14. Al rendir cuenta sobre la edición francesa de la “liturgia de las horas” Max Thurian nos muestra un ejemplo de su contribución en la elaboración de la nueva liturgia: “Se han tomado algunas libertades en relación al texto latino. Una de ellas me ha sorprendido. Para el 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración, había propuesto un texto, según el relato evangélico, que ha sido aceptado. Para la segunda semana de Vísperas, después del latín se dice: ‘¡Oh Cristo! que has tomado contigo a Pedro, Santiago y Juan, y les has conducido a un lugar retirado en lo alto de la montaña, te rogamos por nuestro Papa y los Obispos, a fin de que ellos sean los servidores de tu pueblo en la esperanza de la resurrección. R: Señor, Dios Nuestro, ilumina nuestras tinieblas’. Los observadores del Consilium de la liturgia han sido acusados, a veces, de haberse dejado influenciar en la revisión de los textos por un sentido ‘no católico’: Se podrían citar numerosos ejemplos que prueban lo contrario como éste. La traducción francesa le da un sentido un poco simplificado”15.

En esta atmósfera verdaderamente ecuménica, con estos consejeros competentes y eficaces, el Consilium podía lanzarse sin temor a la realización del gran proyecto pretendido por el Concilio entre los objetivos de la reforma: marcar la inquietud ecuménica y el deseo de la unidad en el corazón de la liturgia.
(continuará)

G. Celier
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[Traducido para Adelante la Fe por María Teresa Marín]

1 Cf. Pablo VI: “Sacram liturgiam”, DC 1418, 16 de febrero de 1964, col. 226 o DCC V, pág. 111 o EDIL 179.

2 R. Boudon: “Synthèse et conclusión”, LMD 86, 2º trimestre de 1966, pág. 185.

3 A. Kerkvoordie: “Langues vives et liturgie” P. et L. 4, 15 de mayo de 1961, pág. 261.

4 M. Thuriam: “Une liturgie eucharistique oecumenica” Not. 207, octubre 1983, pág. 625. Se puede ver a los observadores fotografiados al lado de Pablo VI en compañía de otros miembros del Consilium en la cubierta de D.C. 1562, 3 de mayo de 1970. Se nos ha dado su nombre. Ibid. Pág. 416.

5 “Septima sessio plenaria consilii”, Not. 23 de noviembre de 1966, pág. 313. (Traducido del latín por el autor)

6 R. Boudon: “La huitieme session du Consilium de liturgie”, DC 1494, 21 de mayo 1967, col. 957.

7 “Ginevra: incontro oecumenico su temi liturgici”Not. 40, mayo-junio de 1968, pág. 206, Cf. Igualmente pág. 180 (traducido del italiano por el autor).

8 P. Van Bergen: “La constitution conciliaire De liturgia et le mouvement liturgique dans les églises non catholiques” P et L. I, 1º de enero de 1965 pág. 100, nota 19.

9 “Detroit News”, 27 de junio de 1967.

10 B. Botte: “Le mouvement liturgique. Témoignage et souvenirs”, Desclée, pág. 37.

11 “Le Nouveau rite d’initiation chretienne des adultes”, DC 1604, 5 de marzo de 1972, pág. 217.

12 G. Fontaine: “Commentarium ad ordinem lectionum missae”, Not. 47 julio-agosto de 1969, pág. 259.

13 A.G. Martimort: “L’institutio generalis et la nouvelle liturgia horarum”, not. 64, mayo, junio y julio 1971, pág. 230.

14 E.J. Lengeling: “Les options générales de la nouvelle liturgie des heures”, LMD 105, Primer trimestre de 1971, pág. 12.

15 M. Thuriam: “La liturgie des heures”, Not. 171, octubre 1980, pág. 506, 507.