ADELANTE LA FE

La doctrina que es según la piedad

Si alguno enseña de otra manera y no presta atención  las saludables palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que se ajusta a la piedad, es un orgulloso que nada sabe. 1 Tim. 6, 3.

La doctrina que es según la piedad

Queridos hermanos, las palabras de San Pablo a Timoteo deben hacernos reflexionar mucho a la luz de los acontecimientos de la Iglesia. Fijémonos es especial en la frase: la doctrina que se ajusta a la piedad. Nos está diciendo el Apóstol que es una doctrina sobrenatural, que no se detiene en lo terrenal, que busca la salvación del alma por encima de todo; no se trata de una doctrina para el bien material. En la carta a Tito (1,1) vuelve a incidir en el mismo asunto: Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo conforme a la fe de los escogidos de Dios y al conocimiento de la verdad, que se ajusta a la piedad. Es decir, la piedad relacionada íntimamente con el exacto conocimiento de la verdad, porque una cosa depende de la otra. Así es, porque toda la Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar, para condenar, para corregir y para instruir en justicia (2 Tim. 3, 16). La Escritura, la doctrina de la Iglesia, tiene un fin esencialmente sobrenatural. La posesión de la verdad del depósito de la fe, en cuanto a fe y costumbres,  permite afirmar que esta verdad viene de más arriba, que estamos ciertos del depósito infalible de la Revelación. Es la doctrina que se ajusta a la piedad, no es la doctrina que se ajusta a la conveniencia mudable del hombre, es la doctrina sobrenatural, que viene de lo alto para la salvación del hombre.

La verdad cierta

La conciencia no puede someterse sino a la verdad cierta. La Iglesia, el Magisterio, la Iglesia docente, no puede enseñar y obligar a creer en conciencia una verdad que no sea cierta. Para tener el derecho de imponer la fe, la Iglesia debe estar segura de que no se equivoca, so pena de muerte eterna del alma que obedezca.

Es conveniente recordar el tema de la infalibilidad de la Iglesia. ¿Cuál es el objeto de la infalibilidad? “El objeto está claramente determinado por el fin para el cual ha recibido la Iglesia este privilegio. Ella no está encargada de enseñar a los hombres todo aquello que les puede interesar, sino solamente las cosas útiles para la salvación eterna. Todo lo que se refiere a la fe o a las costumbres es el círculo de su autoridad infalible. La infalibilidad misma nos da la seguridad de que la Iglesia no saldrá de esos límites. La Iglesia, pues, enseña simplemente todo lo que hay que creer y hacer para ir al Cielo. Alimenta las almas con el pan de la doctrina y las preserva del veneno del error” (La Religión demostrada. P. A Hillaire. Barcelona. 1926).

En cuanto al asunto de la Sagrada Comunión de las parejas adúlteras, nos encontramos ante un terma de grandísima preocupación y no menos gravedad, que afecta a la infalibilidad del Magisterio, dañándola,  pues no puede aprobarse lo que antes estaba prohibido. No puede el Magisterio obligar en una materia que no es cierta. En conciencia no se puede obedecer esta norma del Magisterio que permite el acceso de los adúlteros  la Comunión, pues afecta a la propia salvación del alma, de eclesiásticos y de los adúlteros. Porque la doctrina debe ajustarse a la piedad.

La enseñanza de la Iglesia, fundada por Jesucristo y provista por Él con el don la infalibilidad doctrinal, nos transmite las verdades reveladas, que ella misma posee, tomándolas de las fuentes de la Revelación, esto es, la Sagrada Escritura y la Tradición interpretada por ella misma. La enseñanza de la Iglesia, fundad en la Revelación, es clara en el tema del acceso a la Sagrada Comunión de las uniones adúlteras; está claro el mandato del Señor en  la Sagrada Escritura, en este tema, como claro y cierto la enseñanza de la Tradición constante del Magisterio. Los adúlteros no pueden acceder a la Sagrada Comunión, están en pecado mortal. Esta es la verdad cierta que obliga en conciencia, porque es la verdad que el Magisterio infalible ha transmitido a través de generaciones como fruto de la Revelación.

La Apostasía de Babilonia

Ven, te mostraré el juicio de la gran ramera que está sentada sobre las grandes aguas, con quien han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se embriagaron con el vino de su fornicación (Ap. 17, 1-2). La apostasía de la Iglesia consistirá en la actitud totalmente mundana, de poner a Dios como agente de meros vienes temporales, convirtiendo la vida eterna traída por Jesús en un mero programa de puros valores humanos, ya sea de carácter cultural o de bienestar económico o de influencias políticas, etc. La conducta de los santos apóstoles Pedro y Pablo siempre será un modelo para nosotros. A ellos hemos de imitar: Acordaos de vuestros pastores, que os predicaron la palabra de Dios, y considerando el fin de su vida, imitad su fe (Heb. 13, 7). Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y por los siglos (Heb. 13, 8)” (La Santa Biblia. Mons. Juan Straubinger).

De las verdades eternas se pasa a lo terrenal, mundano, a lo políticamente correcto, a lo que demanda la sociedad, a lo “moderno”, a lo que gusta y atrae a los oyentes. Parece que una sola cosa se ambiciona: agradar al mundo. A estos les llama San Pablo halagadores de oídos (2 Tim. 4, 3).

La Tradición, esto es, el conjunto de verdades y preceptos comunicados y enseñados desde el principio, enseñanza no interrumpida, y transmitida de generación en generación, ha sido clara y cierta en el asunto del acceso a la Sagrada Comunión de las parejas adúlteras: No pueden comulgar, es doctrina que se ajusta a la piedad.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.
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