Dicen los zoólogos que los pandas en cautividad, por una razón desconocida, suelen perder el impulso reproductivo. Todos hemos visto imágenes de estos animales, tan tiernos que parecen peluches, sentados detrás de barrotes, sin ganas de hacer nada. Parece que no hacen otra cosa que esperar pacientemente la muerte. La situación de los osos panda, al borde de la extinción y negándose a propagar la especie, es una buena metáfora para el hombre occidental poscristiano.

Según los expertos, para que la población de un país desarrollado se mantenga estable, hace falta que cada mujer tenga como media 2,1 hijos. Antes esta cifra era bastante más alta, debido sobre todo a una mayor mortalidad infantil. Ahora, gracias a los avances en medicina, higiene y alimentación, es más fácil que nunca conseguir una tasa de natalidad que asegure el relevo generacional en los países desarrollados. Sin embargo, desde hace unos 40 años las mujeres europeas no llegan a esa cifra mágica de 2,1, y como consecuencia la población autóctona está en rápida disminución. Este fenómeno, la desaparición VOLUNTARIA de la raza europea, la podríamos denominar la enfermedad del panda.

Los inmigrantes de países del llamado “tercer mundo” no padecen la enfermedad del panda. Ellos sí se multiplican a un buen ritmo. De hecho, es debido a ellos que la tasa de natalidad en Europa no es del todo calamitosa, porque los bebés nacidos de inmigrantes maquillan la realidad. Se ha especulado mucho sobre este fenómeno. ¿Por qué las mujeres europeas no quieren tener hijos, mientras que las de otros continentes sí? La cuestión es compleja y sin duda hay múltiples razones. Yo sólo aportaré algunas reflexiones; no soy un experto, tan sólo una persona preocupada por el futuro de su gente.

Lo primero que se me ocurre es que algo natural se ha vuelto muy complicado, y esto suele ser un desincentivo. Por ejemplo, si mañana el gobierno decidiera que para subirse a los columpios en los parques públicos los niños tenían que solicitar un permiso al Ministerio del Interior, vaticino que el uso que hicieran de ellos disminuiría sensiblemente. Antaño tener hijos era tan natural como respirar y dormir. Pero ahora no. Ahora las mujeres se lo piensan, se lo repiensan, y se lo vuelven a pensar. No es que se abstengan de mantener relaciones sexuales con hombres. ¡Hasta allí podíamos llegar! El problema es que, en la mentalidad de la generación en edad fértil, se ha disociado completamente el sexo de la procreación.

Hace no tanto tiempo, cuando una chica se acostaba con un chico, sin estar casada, sabía a lo que se exponía. Sabía que si quedaba embarazada había que casarse o criar al niño en solitario, soportando además el estigma social que conllevaba. Ahora existen todo tipo de salvaguardias, desde los métodos anticonceptivos hasta el aborto. Una chica puede ser más promiscua que la Dolores[1], sin el “peligro” de tener hijos. Por ende, el instinto sexual natural entre chicos y chicas por sí solo ya no sirve para la reproducción. Es común ahora en Europa que las mujeres, tras 15 o 20 años de desenfreno sexual con diversas “parejas esporádicas”, llegan a los 40 años de edad y empiezan a plantearse el tener descendencia. Como la mayoría están cansadas de hombres y han visto de todo, muchas deciden tener hijos, prescindiendo de un padre, al menos en el sentido normal. Se inseminan en un laboratorio y realizan su “sueño” de ser madres. ¡Con lo sencillo que era antes!

Antes, a los 15 años una chica se presentaba en sociedad, haciendo saber que estaba disponible para el matrimonio. Los hombres la cortejaban y el que era del agrado de la chica y su familia terminaba llevándola al altar. Lo normal era que poco después de volver del viaje de novios, la recién casada se enteraba de que estaba en estado de buena esperanza (no es casualidad que ya no se habla así), y a partir de allí traía al mundo a todos los hijos que, mediante la unión conyugal, Dios le quería dar. A la misma edad en que las chicas empezaban a fijarse en los chicos, era cuando tenían que buscarse novio. La palabra “novio” se ha desvalorado mucho últimamente, pero antes se refería a un hombre con quien tenías intención de casarte, no lo que significa ahora: uno con quien se “pasa el rato”, y luego ya se verá. Era algo muy natural; cuando se despertaba la atracción instintiva hacia el otro sexo, se buscaba la persona idónea, y se unía con ella en matrimonio para formar una familia.

Recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños, muy a menudo las chicas adolescentes se paraban a decirles cosas o a hacerles carantoñas. Se notaba que tenían el instinto maternal muy fuerte a esa edad. Ahora se repite mucho que reprimirse es malo, que hay que dar rienda suelta a tus instintos. Sin embargo, a ese instinto en concreto sí se reprime. Está muy mal visto que una chica de 16 años quede embarazada, cuando biológicamente es de lo más natural. Claro que hay factores que dificultan ser madre a una edad temprana: los estudios, lo cara que está la vida, etc. Sólo digo que habría que replantearse cómo está montada nuestra sociedad. ¿No podríamos hacer algo para favorecer la maternidad temprana para nuestras hijas? ¿Realmente queremos que sean madres primerizas a una edad en que podrían ser abuelas?

Ahora se habla mucho de ser natural, de ser ecológico. Miles de productos alimentarios llevan el eslogan “sólo ingredientes naturales”, “100% ecológico”, pero en realidad la vida moderna es lo menos natural y lo menos ecológico que existe, sobre todo en relación a este tema. Los hippies, que se llenan la boca con la ecología, la vuelta a la tierra, bla, bla, bla, no conciben las relaciones sexuales sin plásticos, químicos u otros artilugios de por medio. Si tan de moda está lo ecológico hoy en día, habría que promover el SEXO ECOLÓGICO, al estilo tradicional. Fuera gomitas, píldoras y demás porquerías. El sexo ecológico es lo más barato, lo más seguro, lo más saludable y lo más sostenible.

Otra cosa que ha cambiado drásticamente es la actitud social hacia el matrimonio y la maternidad. Antes, si una chica rozaba los 25 años y aún estaba sin novio, se decía que estaría toda su vida vistiendo santos. Era extraño que una chica con mayoría de edad no quisiera casarse, excepto si tenía vocación y se metía a monja (otra cosa que por desgracia va camino a la extinción). Olvidando por un momento que la mayoría de chicas modernas no tendrían ni la más remota idea de cómo vestir un santo, ahora se considera lo más normal del mundo que una chica de treinta y pico años se pasa la vida fornicando con uno distinto cada fin de semana, sin perspectiva alguna de matrimonio. Sinceramente me dan pena las chicas que malgastan su juventud en el vicio, esperando a ser viejas para tener hijos, si es que no se les ha pasado el arroz cuando lo intentan. Se dice popularmente que “hay que vivir la vida” antes de sentar la cabeza y tener hijos. ¡Lástima de sociedad si lo que se entiende hoy por “vivir la vida” es revolcarse en el pecado! La vida de verdad no está allí, sino en la entrega generosa a la familia. Dijo Nuestro Señor: “Si el grano de trigo no muere en la tierra es imposible que nazca fruto.” (Juan 12:24) Lo estamos viendo. ¿Cuál es el fruto de tanta inmoralidad sexual? La esterilidad más absoluta. Los que tanto se afanan en “vivir la vida” se olvidan de que antes tienen que DAR LA VIDA. También dijo Nuestro Señor: “El que busca salvar su vida, la perderá; mas el que pierde su vida por mi causa, la ganará” (Mateo 16:25)

La enfermedad del panda tendrá consecuencias desastrosas para Europa a medio-largo plazo. La demografía, el estudio de las poblaciones, es simplemente cuestión de matemáticas, y los números no mienten. Ya hay 30 millones de musulmanes en la UE. Sin contar con la entrada de ningún inmigrante más (algo totalmente irreal), según las tendencias actuales, dentro de 40 años LA MITAD de la población de Europa occidental será musulmana. Parece que Europa ha perdido la voluntad de seguir viviendo. En lugar de luchar por su supervivencia, ha optado por bajar los brazos y esperar el final. No tardará mucho en venir.

Por último, creo que la causa de esta enfermedad es un problema espiritual. Europa ha perdido la fe. Antaño Europa se conocía como la Cristiandad, con todos sus reinos bajo la autoridad del Papa. Hace mucho que eso es historia. Pero lo que es bastante reciente es la apostasía en masa de los ciudadanos europeos. Por poner tan sólo un ejemplo, ahora en Inglaterra más personas acuden a las mezquitas los viernes que a las iglesias los domingos. Ahora, debido a esa apostasía, tenemos una Unión Europea que no es más que un brazo de Satanás para extender su Nuevo Orden Mundial. Una unión sin moral, sin verdad, sin Dios. La UE abomina a tal punto de Cristo que ni siquiera ha sido capaz de introducir una pequeña referencia a su pasado cristiano en la mal-lograda constitución. Los europeos hemos apostatado de Jesucristo, hemos abierto nuestras fronteras a los bárbaros, y hemos entregado nuestras armas al enemigo. ¡Los musulmanes están encantados! Europa será suya; es sólo cuestión de tiempo. Dicen los yihadistas que será tan fácil como coger una fruta madura del árbol.

Mientras tanto, el panda sigue comiendo bambú, sin importarle su inminente extinción, los turistas le hacen fotos, y todos exclaman “¡qué tierno, si parece un peluche!”

Christopher Fleming

[1] Referencia a la jota famosa que habla de esta mujer pública.