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La increíble situación de los sacramentos en la Iglesia

La vida sacramental es esencial para el alma: alimenta le fe, estimula la esperanza y exhorta a la caridad. Si la vida sacramental desaparece entonces el alma languidece a excepción de situación de persecución en la cual Dios Nuestro Señor suple con su Divina Providencia ese alimento para que el alma se fortalezca aún más, si cabe, con la palma de la tribulación. Pero en este artículo vamos a repasar la situación de los sacramentos dada en las naciones occidentales donde la Iglesia no es perseguida (al menos es tolerada) y donde también la raíz cristiana ha formado parte de la historia. Y definamos, sin complejos y con sentido realista, de INCREÍBLE, esta situación que procede de la evolución dada en la Iglesia desde el concilio Vaticano II. Digamos que HOY, en una comunidad parroquial cualquiera, se han convertido ya en rutina los siguientes usos:

BAUTIZO: Se ha borrado casi por completo el sentido religioso en padres y padrinos. Se convierte el bautizo en una oportunidad de reunión familiar y ágape posterior. Muchos padres acuden a bautizar a sus hijos sin estar casados por la Iglesia, conviviendo ya de forma fornicaria o adúltera, y sin el menor propósito de regularizar si situación. Con muchos padrinos ocurre igual: nula preparación y nulo sentido moral de compromiso. Además con la moda de las celebraciones comunitarias (muchos bautizos a la vez en lugar del bautizo individual) ya se pierde el más básico respeto de estar en recinto sagrado. Y luego los padrinos que, para poder serlo, se han confirmado sin tener la más mínima intención de continuar fieles en la Iglesia.

CONFESIÓN: Al desaparecer casi por completo el sentido de pecado (conciencia laxa) la práctica de la confesión también casi desapareció. Es muy normal ver confesonarios vacíos en los templo y ausencia de predicación al respecto de tal modo que no pocos católicos creen que la confesión ya no existe. Se añade la herejía extendida de que todos estamos salvados hagamos lo que hagamos; que no es necesario el arrepentimiento ni la conversión y que la responsabilidad moral personal no existe ya que los males son efecto de las estructuras. Y hay más: de los pocos que confiesan hay muchos que no saben hacerlo, que creen que la confesión es un desahogo mental y/o un espacio para compartir problemas con el sacerdote. Por ello hoy día hay, con seguridad, una elevada cantidad de confesiones son inválidas o directamente sacrílegas.

EUCARISTÍA: Reducida esta a símbolo de unión, a banquete comunitario….y despojada de su sentido de presencia real de Cristo. Desacralizada la misma Santa Misa: la consecuencia no se hace esperar. La gran mayoría de niños hacen su “primera” comunión  que viene a ser la única. No hay continuidad y así llevamos décadas. Cada año miles de niños hacen su primera comunión y sus padres ya dejan de llevarlos a Misa el domingo siguiente. Esta barbaridad ya se asume como normal en la Iglesia y nadie con autoridad la denuncia (si acaso con palabras vagas). Después, para jóvenes y adultos, la eucaristía se convierte en un derecho y/o en una postura. Muchos católicos comulgan sin haber confesado, o viviendo en situaciones de pecado mortal, o simplemente por hacer un gesto público. Incluso los que comulgan en Gracia de Dios, en muchas ocasiones, reciben al Señor sin unción alguna, como si les dieran un simple objeto, sin acción de gracias…etc. Y como “guinda envenenada”: con la excusa del covid se impone la aberrante comunión recibida en la mano, al modo protestante, para fulminar lo que aún quede de fervor eucarístico en las almas.

CONFIRMACIÓN: Se repite el diabólico ritual año tras año; miles y miles de católicos bautizados reciben este sacramento solo para obtener certificación que les avale para ser padrinos de bautizo o, en algunos casos, para casarse canónicamente. Se confirman muchos católicos sin verdadero propósito de perseverar en la vida sacramental (o sea al domingo siguiente ya no van a Misa) con lo que se comete un triple sacrilegio (confesión inválida, comunión indebida, confirmación recibida en estado de sacrilegio).

UNCIÓN: Se implementó la moda de recibirla de forma “comunitaria” en parroquias. Y así se le priva de su sentido auténtico de “extrema unción” para aliviar moral y corporalmente a los que la recibe en peligro de muerte. Yo he sido testigo de unciones comunitarias en parroquias donde una gran cantidad de feligreses (jóvenes con buena salud inclusive) la han recibido poniéndose en cola como para ir a comulgar.

ORDEN: La inmensa cantidad de secularizaciones habidas desde el Vaticano II hacen precisa la reflexión. El sacerdocio se ha vaciado de sacralidad y se ha rellenado de sociología, de psicología simple, de ideología, de humanismo buenista…..; se ha despojado al sacerdote de su identidad (no solo externa sino interna) y se ha ubicado el celibato como mera norma jurídica eliminando del mismo el sentido real de entrega a Jesucristo. El estallido de casos de abusos, así como la duplicidad de vida de otros muchos, han dado al traste con unos de los objetivos preferidos del diablo: el sacerdocio católico.

MATRIMONIO: Una gran mayoría de católicos que se casan por la Iglesia no asumen realmente los fines del matrimonio, van al Altar habiendo ya convivido juntos sin sentido alguno de pecado, reciben el sacramento sin confesarse antes o, peor aún, con una confesión inválida con posterior sacrilegio eucarístico; una vez casados viven en pecado mortal al usar con toda normalidad medios artificiales de anticoncepción, abortivos, fecundación in vitro…etc. Sin intención alguna de formar una familia cristiana van al Altar a  formalizar un mero gesto social con disfraz religioso.

¿Algún lector cree que exagero?; por favor: SEAN REALISTAS; no quieran ver la realidad como debería ser sino como es en realidad. El único camino para curar un mal es empezar por reconocer que ese mal existe. Actualmente no pocos católicos se empeñan hasta la saciedad en no querer ver la realidad de la Iglesia y se enrocan en su discurso ya manido de la “primavera” eclesial (que daría risa escucharlo si no fuera por lo trágico de la situación para las almas). Católicos que nutren los llamados “nuevos movimientos” como el Opus Dei, Cursillos, Neocatecumenales, Focolares,…etc y no quieren reconocer la causa de este mal que no es otra que el modernismo instalado plenamente en la Iglesia a través del concilio Vaticano II.

Concluyo  aludiendo a Monseñor Vigano. En sus mensajes ha manifestado expresamente que hasta que la Iglesia no sea capaz de hacer un ejercicio de humildad institucional para reconocer los errores dados desde el concilio, la crisis no desaparecerá. En un símil: si rechazamos el diagnóstico de la enfermedad porque no queremos reconocer nuestra responsabilidad en la infección, pues nunca curaremos aunque mientras tanto queramos vivir en la nube de la fantasía o en la plena drogadicción de nuestra conciencia.

Padre Ildefonso de Asís
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