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¿La meditación es católica?

Hoy en día en Occidente, a la vez que las iglesias se vacían, parece que todo el mundo se ha vuelto muy “espiritual”. Los youtubers y blogueros de todo tipo recomiendan a sus millones de seguidores hacer meditación diaria. Hasta el profesor de Aikido de mis hijas ha enseñado a sus alumnos a meditar. Es de lo más fashion. ¿Esto puede ser un signo de renacimiento religioso? Desde luego que no. Es un signo de todo lo contrario; del declive de la verdadera religión y de su sustitución por una espiritualidad fácil, adaptada al consumidor. Cada uno, a modo de bricolaje, hace su espiritualidad a su medida, e intenta de esta manera acallar durante un tiempo el vacío existencial dentro de su alma. Pero este vacío no se llenará jamás con la espiritualidad de la Nueva Era, porque su principal característica es la total ausencia de Dios.

La diferencia fundamental entre la meditación cristiana y la meditación pagana que ahora está tan en boga, es que la primera es teocéntrica (se centra en Dios) y la segunda es egocéntrica (se centra en uno mismo). Por esta razón los libros sobre meditación pagana en las librerías se encuentran en la sección de auto-ayuda. El cristiano cree que es Dios quien bajó del Cielo para salvarnos de nuestros pecados y que es Dios que cada día dispensa Su gracia para darnos las fuerzas de vivir según Sus mandamientos. El pagano moderno cree que, si hay un dios, no le va a ayudar en su día a día, por lo que todo depende de lo que él haga. Por eso se esfuerza en «conocerse», en adquirir técnicas de concentración mental que le ayuden a tener éxito en las tareas que emprende. 

Esta meditación pagana, llamada «transcendental», es una especie de neo-pelagianismo [1], porque detrás de ella está la negación de la necesidad de la gracia de Dios para salvarse. El pagano moderno que, para impresionar a sus followers, publica fotos en su página de Instagram, haciendo la posición del lotus por la mañana temprano, en el fondo se cree que así puede salvar su alma. ¿De verdad cree que por aprender unas cuantas técnicas orientales, por dejar la mente en blanco durante veinte minutos al día, sus pecados serán perdonados?

Quizás el mayor problema de la meditación pagana, que tanto se promueve ahora, es que abre el alma a ataques espirituales muy peligrosos. De esto nadie habla hoy en día, porque creer en espíritus malignos es considerado superstición (mientras que millones de personas aparentemente inteligentes creen en bobadas anti-científicas como las chacras del cuerpo). Al dejar la mente en blanco, como enseña la meditación budista-oriental, el alma queda completamente desprotegida de fuerzas exteriores. Dios nos ha dado una mente poderosa, que nomalmente filtra todo lo que nos llega por diversos medios. Esto es absolutamente necesario, porque sin filtros el bombardeo de estímulos e ideas sería intolerable y entraríamos en un estado de parálisis mental. 

Meditar, en el sentido oriental del término, pensar en absolutamente nada, NO ES CRISTIANO.

En ningún sitio de las Escrituras se nos manda vaciar completamente la mente y no pensar en nada. Ningún autor espiritual católico, ningún santo o Doctor de la Iglesia ha recomendado jamás semejante cosa. Por esta razón, la práctica de la meditación transcendental en Occidente no llegó a las masas hasta el influjo de filosofías y religiones orientales, sobre todo durante los años ´60 del siglo XX. Mucho tuvieron que ver en su popularización el grupo de música británico, los Beatles, los mismos que afirmaron ser “más famosos que Jesucristo”. La importación de falsas religiones de Oriente, y con ellas la meditación transcendental, fue un eslabón importante en la cadena de impiedad que arrasó con lo que quedaba del orden social cristianismo en Occidente. En los años ´60 se legalizó en el Reino Unido el aborto, se normalizaron la fornicación y el adulterio, se disparó la tasa de ilegitimidad, la sociedad se inundó de inmundicia (modas indecentes, pornografía, blasfemia) y se promovía el uso de drogas alucinógenas. En España, gracias al Caudillo, tales fenómenos se retrasaron y no fue hasta después de su muerte en 1975 cuando se produjo ese declive moral. Lamentablemente, hoy en día en España las prácticas espirituales orientales están tan en boga como en cualquier otro país.

Santa Teresa de Jesús, maestra de maestras en la auténtica meditación cristiana, compara nuestra alma con un castillo fortificado. Lógicamente está fortificado para que nadie entre sin nuestro permiso. Avanzar en la meditación consiste en permitir que Dios entre hasta la habitación más interior de nuestro castillo. Primero le abrimos la puerta principal de la muralla exterior, permitimos que cruce el umbral de nuestro castillo, que suba las escaleras, hasta el aposento más interior, donde se desposará con nuestra alma. Dejar la mente en blanco con la meditación pagana, es bajar todas nuestras defensas, dejar todas las puertas de nuestro castillo abiertas de par en par, sin vigilancia. Es posible que no entre nadie, pero también es posible que entre el Enemigo, quien, sin tener que disparar una sola flecha, sin encontrar resistencia alguna, se hará con el mando del castillo.

Los “modernos” que practican la meditación transcendental creen que poner la mente en blanco no es peligroso, porque no hay nada (ni nadie) interesado en franquear nuestra alma. De la misma manera creen que no corren peligro cuando pecan, porque nadie les juzgará, o que no hay que temer lo que ocurra después de la muerte porque no existe el Infierno. Por influencia de la filosofía budista, cuya Nirvana es esencialmente la nada, y lleva al nihilismo existencial, tienen una fe ciega en la NADA. La realidad es que la NADA no existe; siempre ha existido Dios y siempre existirá. Después de la muerte no nos aniquilamos (a pesar de las herejías que ha proferido el Papa Francisco), porque, a diferencia de los animales, tenemos un alma inmortal. En la Eternidad, los paganos y ateos que practican la meditación budista no desaparecerán, sino que arderán para siempre en el Infierno, si no se arrepienten a tiempo.

Si queremos protegernos del Enemigo, debemos alejarnos de toda práctica que proviene de religiones falsas de Oriente, sea la meditación transcendental, el yoga, el Reiki, o cualquier otra. Dice San Agustín que el Demonio es como un perro rabioso atado por una cadena. Sólo hará daño a quien se le acerca demasiado. Al abrir nuestra mente a toda influencia exterior, al bajar nuestras defensas, nos ponemos al alcance de ese perro rabioso. 

Algunos insisten en que no tienen ningún interés en el componente espiritual de la meditación, que para ellos es sólo una «técnica» para buscar el bienestar mental y emocional. Al Demonio le da exactamente igual las razones que tengas por abrirle la puerta de tu alma; si ve la oportunidad de hacerte daño, entrará. Mucha gente asegura que la meditación transcendental aumenta su capacidad de concentración, o incluso le ayuda para salir de adicciones. Pero, ¿de qué sirve si te crea otros problemas más gordos? El que busca mejorar un aspecto de vida con la meditación transcendental es como el hombre desgraciado que describe Nuestro Señor:

“Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: “Me volveré a mi casa, de donde salí.” Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio. (Lucas 11:24,25)

El título de este artículo, «¿es católica la meditación?», es un tanto ambiguo, porque para responder tengo que decir que depende; hay una meditación que sí es católica y otra que no lo es. La meditación transcendental que procede de Oriente no sólo no es católica, sino que es peligrosa y muy desaconsejable. Pero también hay una meditación católica, la que practicaron todos los santos, y es algo que todos deberíamos hacer. Si queremos avanzar en la vida espiritual, en nuestra relación con Dios, diría que es absolutamente necesaria.La meditación católica consiste en reflexionar de manera profunda sobre Dios, Sus Mandamientos, las verdades de fe, nuestros pecados y debilidades, y sobre realidades profundas como nuestra muerte. En las Sagradas Escrituras éste es el sentido de la meditación. Pongo tan sólo unos pocos ejemplos:

En nada se aparte el libro de esta Ley de tus labios: medítalo día y noche; así procurarás obrar en todo conforme a lo que en él está escrito, y tendrás suerte y éxito en tus empresas. (Josué 1:8)

En tus ordenanzas quiero meditar y contemplar tus caminos. (Salmo 199:15)

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto mediten. (Filipenses 4:8)

Recuerdo que cuando empezó esta locura del coronavirus, hablando por teléfono con un amigo, le dije que tenía la esperanza de que esta situación de confinamiento pudiera servir para que la gente empezara a reflexionar sobre su vida. Con poca actividad, sin el frenético vaivén de antes, mucha gente meditaría, quizás por primera vez, sobre su mortalidad, sobre lo que está haciendo con su tiempo, sobre las realidades eternas. Tenía la esperanza de que esto llevara a muchos a encontrarse con Dios, que siempre es más fácil de encontrar en la quietud y el silencio, que en el bullicio. Mi amigo no compartía mi esperanza y siento decir que ahora entiendo que tenía razón. La gente no se ha vuelto a Dios durante este año de pandemia, y no es porque practica una meditación pagana, sino porque ha buscado otras formas de distracción, como las series de Netflix, los vídeos de Youtube, Tik-tok, y un sinfín de aplicaciones nuevas. Creo que ahora la tecnología es uno de los principales obstáculos a la meditación verdadera. Los teléfonos móviles van con nosotros las 24 horas del día y, si no ponemos límites, nos impiden meditar sobre cuestiones transcendentes, y perdemos el silencio interior tan necesario para poder encontrarnos con Dios. Igual hay casos de personas que han aprovechado esta situación para meditar mejor, y si el lector conoce alguno, que me lo cuente. Pero en general, creo que durante el 2020 la Humanidad ha huido del silencio, de las verdades eternas, para perderse en las distracciones inútiles que le ofrecen las mega-empresas tecnológicas.

Hablando de distracciones, personalmente he tenido muchas dificultades con la meditación, porque tengo una mente muy propensa a divagar y me cuesta mucho centrarme en un solo tema. Por esta razón me di cuenta de que me sería útil seguir un libro. Encontré hace un par de años una joya llamada Divine Intimacy [2],del Padre Gabriel de Santa María Magdalena, OCD. Consiste en una meditación diaria para todo el año, siguiendo el calendario litúrgico tradicional. Las meditaciones son muy profundas, extraídas principalmente de la espiritualidad carmelita, especialmente Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y Santa Teresita del Niño Jesús. Si hasta una persona tan perezosa y poco inclinada a la oración como yo puede seguir el programa de meditación católica que propone este libro, debe ser efectivo y lo recomiendo de todo corazón. El único inconveniente es que no aún no existe una traducción al español.

Animo a mis lectores a encontrar algún método de meditación católica y practicarla a diario. Cada uno tendrá que encontrar lo que le vaya bien; a algunas personas muy espirituales les bastará arrodillarse, cerrar los ojos y se quedarán allí todo el tiempo que quieran, meditando. Yo, desde luego, no soy así. Otros lo harán con una copia de los Evangelios, otros con el famoso Kempis. Para otros les servirán imágenes o repetirán frases sueltas. También hay ciertos “trucos”, que ayudan a sacar más provecho del rato de meditación y contribuyen a reforzar el hábito. 

  1. Hacerlo siempre a la misma hora, preferiblemente por la mañana temprano 
  2. Hacerlo siempre en el mismo lugar, un sitio donde nos encontramos cómodos y donde no nos van a interrumpir.
  3. Dejar nuestro teléfono apagado y fuera de nuestro alcance durante nuestra meditación.  
  4. Empezar con muy poco, 2 minutos, por ejemplo, e ir aumentando gradualmente el tiempo. He aprendido a nunca sobreestimar mi capacidad de concentración.
  5. Quedarse hasta que termine el tiempo que hemos establecido, sin importarnos la calidad de nuestra meditación. Es un tiempo que ofrecemos a Dios, por lo que no tenemos derecho a “robarle” minutos. Lo importante es que estamos haciendo lo que está en nuestras manos por buscar intimidad con el Señor. Lo normal es no sentir nada especial; pocos católicos tienen visiones místicas y levitan durante su meditación, y tampoco debemos desear algo semejante.

Espero que en este año 2021, cada alma que lea este artículo se encuentre en el silencio con Dios, para reflexionar seriamente sobre las verdades eternas, contemplar los atributos de Dios y «tratar con amistad» a Nuestro Señor.

                                       NOTAS

[1] Pelagio fue un hereje que vivió entre los siglos IV y V de nuestra era. Negó el dogma del pecado original y la necesidad de la gracia divina para la salvación del alma. Su gran adversario fue San Agustín.
[2] Divine Intimacy del P. Gabriel de Santa María Magdalena, OCD, Baronius Press 2015. Traducido del italiano y publicado originalmente en 1952.

Christopher Fleming
Christopher Fleminghttp://innovissimisdiebus.blogspot.com.es/
De nacionalidad británica. Casado con tres hijos. Profesor de piano y organista. Vive en Murcia, España. Converso del ateísmo y del protestantismo-modernismo. Católico hasta la muerte, por la gracia de Dios.

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