ADELANTE LA FE

La vida del justo es imitación de la muerte

En verdad en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere dará mucho fruto. El que ama su alma, la pierde; pero el que aborrece su alma en este mundo la guardará para la vida eterna. Jn. 12, 24-25.

Queridos hermanos, la vida del justo es imitación de la muerte. Esta idea proviene de san Ambrosio. La vida del justo es de esta forma porque su vida es una continua tarea de matar la vida carnal, privándose de todo lo que su propia voluntad desea desordenadamente, y reprimiéndose de toda codicia y lujuria, hasta quedar como muerto para todo lo que es pecado, como dice San Pablo (Rom. 6, 11): Haced cuenta de que estáis muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús; y no quiere tocar ni palpar lo que ha de ser para su perdición: Pues si con Cristo estáis muertos a los elementos del mundo, ¿por qué como si vivieseis en el mundo os dejáis subyugar? No cojas, no gustes, no toques (Col. 2, 20-21), sino, por el contrario, mortifica sus miembros terrenos, la inmundicia, la concupiscencia, la avaricia y todo lo demás: Mortificad vuestros miembros terrenos, la fornicación, la impureza, la liviandad, la concupiscencia y la avaricia, que es n especie de idolatría, por las cuales viene  la cólera de Dios (Col. 3, 5-6).

La práctica de la mortificación forma parte de la vida del justo, porque está dispuesto a privarse de todo lo que  le aparte del amor de Dios, desde una simple mirada o un fugaz pensamientos, si son inmorales, a cualquier acto o decisión pecaminosos; con la mortificación el justo imita a la misma muerte porque es guiado por los afectos del amor de Dios, que es fuerte el amor como la muerte (Cant. 8, 6), deshaciendo todo lo que es contrario a su Amado; porque el alma del justo solo tiene un Amor, Cristo, y Cristo crucificado.

El justo conoce bien la sentencia divina del alma que acude al juicio de Dios en pecado mortal. Ésta quedará privada de las virtudes teologales, de los dones que hubiera tenido, y desnuda de toda gracia escuchará la sentencia: Apartaos de Mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles (Mt. 25, 41). Lo que viene a decir, apártate de Mi presencia  abominable pecador, que no mereces estar ante Mí; vete al fuego eterno, porque tus pecados merecen la compañía de satanás. Se cumplirán las palabras del profeta Isaías (14, 11): Ha bajado al seol tu gloria al son de tus arpas; los gusanos serán tu lecho, y gusanos serán tu cobertura.

La gloria del hombre en pecado mortal, y que en él se obstina, dura lo que dura su vida terrena, es un tiempo limitado; y esa gloria la canjeará por el tormento eterno, sin esperanza de librarse de ellos.

Qué distinta será la sentencia para el justo: Venid benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo (Mt. 25, 34). El justo es el siervo bueno y fiel, que fue fiel en las pequeñas cosas: Muy bien, siervo bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, te constituiré sobre mucho; entra en el gozo de tu señor (Mt. 25, 21). El hombre justo que supo sacrificarse, privarse, mortificarse; que soportó oprobios, desprecios; que fue ridiculizado, señalado, apartado de todos, ese, será recibido por el coro de los ángeles y acompañado a la gloria eterna.

Conviene comparar la vida del justo y la del pecador; para el primero su vida era un sin vivir hasta alcanzar la patria celestial, para el segundo su vida terrena era todo su horizonte de vida, era su propia eternidad en la tierra. El profeta David le habla al justo y le recuerda al pecador (Sal. 33, 22): La desgracia matará al impío, y los que aborrecen al justo serán destruidos. El Señor redime el alma de sus siervos, y cuantos en él  confían no serán castigados (33, 23).

La vida del justo es una vida de privación de todo lo que sea pecaminoso, no escatima lo que fuere necesario para no pecar, y  puede hacerse insoportable para el hombre pecador, que anda ciego y cojo por la vida, pensando que todo lo que ve y todo lo alcanza. Lo que es la vida para el pecador no lo es para el justo; éste alza su corazón hacia lo alto, sufre en esta vida y anhela la futura.

El Maestro nos lo ha indicado previamente, dándonos ejemplo en su propia vida: si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere dará mucho fruto. Si el hombre no muere al pecado día tras día, sino se esfuerza con perseverancia en mortificar lo carnal que le aparta de Dios, entonces no dará frutos de vida eterna. El Redentor, sentencia: El que ama su alma, la pierde; pero el que aborrece su alma en este mundo la guardará para la vida eterna. El justo es el que  no ama su alma en este mundo, aborrece todo lo del mundo que la pueda ensuciar. Guarda y preserva su alma para la vida eterna rechazando el mundo que niega a Dios.

El justo vive en el mundo pero no goza de lo que el mundo le ofrece y que le aparta del amor de Dios, de la pureza, de la castidad, de la ley divina. El hombre justo no sigue más dictados que los de la Palabra de Dios en Su Ley y Mandamientos, las enseñanzas de la Iglesia de Cristo fundamentada en Pedro, en la fe de Pedro, que inamovible se transmite de generación en generación.

Queridos hermanos, la vida del justo es imitación de la muerte, qué hermosa frase para meditarla y vivirla a diario en nuestras tareas de cada día. Esto indicaría vivir en Dios cada instante de nuestra vida, porque cada instante lo viviríamos en la renuncia al pecado, a la falta, a la indiscreción, por amor a Dios, nuestra verdadera vida, nuestra verdadera razón de vivir, nuestra meta; la fuerza que nos mantiene firmes y gozosos en el sufrimiento del sacrificio, de la mortificación, en definitiva, de la privación de todo lo que nos aparte de la  consecución de la vida eterna.

María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos del enemigo y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Ave María purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa.

 

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.