Novum fecit Dominus super terram, mulier circumdabit virum.  Dios hará una cosa nueva en la tierra. La mujer tornará al varón. Jer. 31,22.

Ecce Virgo concipiet et pariet Filium. He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo. Is. 7, 14.

 

Un poco de historia

Queridos  hermanos, el día 18 de diciembre celebramos la Expectación del Parto de la Santísima Virgen, también conocida  como la fiesta de la O, o bien la Virgen de la O. ¿Cuál es su origen? Seguimos al Padre Juan Croisset S.J., en su Novísimo Año Litúrgico, de 1847, correspondiente al mes de diciembre.

La fiesta de la Anunciación de la Virgen al celebrarse el 25 de marzo, daba ocasión a que algunos años callera la fiesta en plena semanas santa, lo que acarreaba el inconveniente de celebrar la encarnación del Verbo en un tiempo litúrgico destinado a celebrar su Sagrada Pasión. Este inconveniente motivó a los Obispos españoles reunidos en el X Concilio de Toledo, celebrado el año 656, a trasladar la fiesta al 18 de diciembre, ocho días antes de la Navidad. Pero tiempo después la Iglesia de España juzgó conveniente conformar su calendario litúrgico con la Iglesia de Roma, que celebraba la Encarnación el 25 de marzo, aunque reteniendo la fiesta del 18 de diciembre que se llamó desde entonces de la Expectación del Parto de la Santísima Virgen.

Esta fiesta de la Expectación del Parto, se llama también la fiesta de la O, a causa de los grandes deseos que manifiesta la Iglesia durante estos ocho días de ver nacer al Salvador del mundo. De ello queda constancia en la famosas Antífonas” O” de la lectura del oficio de Vísperas: O Sapientia,  O Adonai, O radix Jesse, O clavis David, O Oriens splendor, O Rex Gentium, O Enmanuel, y que acaban todas con un Veni: Venid a enseñarnos el camino de la prudencia. Venid, Señor, a redimirnos con la fuerza de vuestro poderoso brazo. Venid, hijo de David, a poner en libertad de la cárcel a los que gimen en las tinieblas y sombra de la muerte. Venid…

¡Mirad qué espectáculo nunca visto!: Dios hará una maravilla que asombre al mundo

Hemos indicado anteriormente que la denominación de fiesta  de la O es debido a los deseos de ver nacido al Salvador. Así es, pero es necesario indagar más en ese deseo, en la misma palabra Expectación, y su sentido. Antes de todo, expectación es esperar con ansias, mirar con empeño un próximo acontecimiento. La novedad de los espectáculos lleva de suyo excitar ilusiones, esperanzas, que los hacen más deseados y esperados. Pues bien, en la “O” de este Parto que  celebramos Dios promete a los hombres un “espectáculo”, único, extraño y la maravilla más nueva nunca vista. Quería, el Señor, que ha este Parto le precediese una Expectación ansiosa, que dispusiese al mundo entero a solemnizar lo esperado. Las palabras proféticas de  Isaías nada parecen indicar esa expectación: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo; pero si fijamos nuestra atención en las palabras del profeta Jeremías: Dios hará una cosa nueva en la tierra. La mujer tornará al varón, entonces vamos a descubrir la maravilla de las maravillas, lo asombroso que hará exclamar al hombre: “O”, por la grandeza del acontecimiento, y por lo nunca visto ni oído que nada igual pudiera acontecer. 

Va a tener lugar un espectáculo nunca visto: ¡Miradlo! El virginal Parto no ha de verse sin prepararse y prevenirse antes, y coger un lugar con tiempo para entenderle. ¡Aguarde el mundo con ansias inflamadas! ¡Espere el orbe entero que lo que ha de hacer Dios promete los más grandes asombros para el hombre! 

Una mujer va a cercar a un Varón, esto es, María en su vientre a Cristo, como dicen los Santos Padres. Pensemos en María aguardando tan preciosa “joya”, sin   intervención de hombre alguno; sólo de un vientre preñado y virgen se puede verificar que cercó al Hijo todo el tiempo que estuvo en su seno: mulier circumdabit virum; la mujer tornará al varón. He aquí la inmensa y grandiosa novedad: Novum fecit Dominus super terram. Dios hará una cosa nueva en la tierra.

Sepamos todos los hombres que Dios ha trazado para gloria Suya una novedad nunca vista, de increíble dificultad e inentendible para el razonamiento humano; en medio de la “plaza” del Universo configurará un santo Pesebre y de él nacerá un Varón, quedando intacta la pureza del claustro virginal de la Madre de Dios. Y no lo ha de creer la naturaleza, lo ha de ver; y la gracia lo admirará: La mujer lo ha de cercar, y el Varón ha de salir.

¿No es para asombrarnos el Parto virginal de María? ¿No  requiere de nuestra parte la más absoluta admiración? Sí, queridos hermanos, Dios quiso anunciar al mundo este Parto antecediéndole una Expectación; era necesario para acoger el misterio, vivirlo y sentirnos transformados de nuestra vida carnal en la nueva en el espíritu. Expectación por lo grandioso de lo anunciado, por el “espectáculo” jamás visto, ni  pensado  por el hombre. Sólo la Omnipotencia divina ha podido prepararnos este acontecimiento del nacimiento del Hijo de Dios de una Virgen, antes, en  y después del Parto.

¡O qué admirable misterio la Obra de Redención del hombre para librarle de la muerte eterna! ¡O admirable misterio la colaboración de la Santísima Virgen en este plan Redentor! Con expectación esperamos el nacimiento del Salvador, disponiéndonos a vivir en santidad, renunciando al pecado, para prepararnos para la segunda venida que será como Juez.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa