ADELANTE LA FE

La Virgen María detiene el brazo de la Justicia Divina

Proclama mi alma la grandeza del señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación para los que le temen.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acodándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres- a favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Magnificat (Lc.1 46-55).

La Virgen María intercesora ante Justicia de Dios.

Queridos hermanos, que la Santísima Virgen María detiene el brazo de la Justicia de Dios es una verdad vivida en la tradición de la Iglesia, en modo alguno se puede pensar que es una sensibilidad subjetiva; negar esta realidad sí es una actitud totalmente subjetiva, que desprecia y  no tiene en cuenta la rica tradición de la Iglesia. Es la verdad de la Virgen María, Medianera e Intercesora,  ante la Justicia divina. Las apariciones de la Santísima Virgen en Fátima confirman tal verdad, que nunca hemos de olvidar y tener siempre muy presente. La Santísima Virgen se apareció para avisarnos.

Sin ser exhaustivos vamos a ver  algunos ejemplos –párrafos de oraciones-  que hacen referencia al brazo de la justicia de Dios, a la intercesión de la Santísima Virgen, a la Ira de Dios.

  • Oración de S.S. Pío XII para Aplacar a Dios ofendido por las blasfemias proferidas contra Él y los Santos: Detened, oh Señor, el brazo de vuestra justicia, que podría reducir a la nada a aquellos que se atreven a hacerse reos de tanta impiedad.
  • De las oraciones de San Alfonso María de Ligorio para cada día de la semana, para el sábado: No temo a mi mismo Juez, Jesús, porque ante una súplica vuestra – Santísima Virgen- se aplacará.
  • Súplica para el mediodía del 8 de mayo y el primer domingo de octubre, a la Santísima Virgen del Rosario de Pompeya: Oh Madre, detened el brazo de la justicia de vuestro Hijo  indignado, y venced con la clemencia, el corazón de los pecadores.
  • Oración a la Santísima Virgen para cada día de la semana, para el día miércoles: ¡Oh Madre de Dios, María Santísima, cuántas veces he merecido el infierno por mis pecados. Tal vez la sentencia de mi primer pecado se hubiera ejecutado, si vuestra piadosa mano no hubiese detenido la divina justicia.
  • Misal Romano tradicional: Oh Virgen de Dios, cuando os halléis en la presencia del Señor, acordaos de hablar a favor nuestro, para que aleje de nosotros su indignación.
  • Acto de reparación por las blasfemias contra la Santísima Virgen María: ¡Oh, cómo ofenden -las blasfemias contra la Santísima Virgen- estas voces impías la infinita majestad de Dios y de su unigénito Hijo Jesucristo! ¡Cómo provocan su indignación y de qué manera hacen temer los terribles efectos de su venganza!
  • Oración a Dios Padre: Padre Eterno, os ofrezco el Sacrificio que vuestro amado Hijo Jesús hizo de sí mismo en la cruz y ahora renueva en este altar… para aplacar vuestra justicia irritada por tantos pecados y daros por ellos digna satisfacción…
  • Oración para una buena muerte: Heme aquí humildemente postrado ante vuestra tremenda majestad, resignado y sometido a esta ley de vuestra justicia.
  • Oración en tiempo de terremoto: Alejados enteramente los peligros de todo temblor de tierra, convertid los terrores  de vuestra ira divina en remedios para la salvación de los hombres.
  • Oración en tiempo de tribulación: Oh Dios, refugio y virtud nuestra, mirad propicio al pueblo que a Vos clama y alejad los azotes de vuestra ira, que merecemos por nuestros pecados.

Con estos  variados ejemplos, en el tiempo y en las intenciones de las peticiones, podemos comprobar que no estamos ante sensibilidades subjetivas cuando hablamos de la justica, o la ira de Dios y la intercesión de la Santísima Virgen. Es una verdad vivida en la tradición y una verdad que conforta el alma y la estremece a obrar el bien, a pedir perdón por los pecados, a reparar y a no pecar.

María Santísima Ventana de cristal, por donde se comunica la luz divina.

De las maravillosas cosas que se han dicho de nuestra Santísima Madre, una de ellas es que es Ventana de cristal, por donde se comunica la luz divina. Viene a decir este apelativo que así como por la ventana de la casa o del templo de la iglesia entra la luz del día, también entra la tempestad y la lluvia, más si hay vidriera, sólo entra la luz del sol. María Santísima es la vidriera que permite  entre sólo  el Sol de Justicia, que aunque alumbra también castiga a los pecadores; pero María, Ventana de cristal, dejando pasar la misericordia divina de la luz divina, impide la lluvia y tempestad del castigo de la justicia de Dios. Hermosísima verdad que nos llena de gozo indescriptible el corazón al ver la grandeza de la Virgen María, de su poder de intercesión y mediación ante el tribunal de la divina justicia; y todo ello por la infinita sabiduría e inescrutables designios de la Santísima Trinidad.

El infinito Amor de Dios Uno y Trino ha puesto a nuestro cuidado maternal a la misma Madre de Dios. ¿Cómo la Madre de Dios no tendrá un especial poder de intercesión? Ella, Medianera, Intercesora y Corredentora, es la Ventana de cristal, hermosísima, que nos hace llegar la misericordia de Dios frenando la santa ira divina que merecen nuestros horribles pecados y ofensas. Si el hombre temiera la justicia de Dios, al menos por el temor al castigo no pecaría como lo hace.

El mundo sufre por sus propios pecados, porque se ha alejado de Dios, porque desprecia la Ley de Dios. El mundo vive de espaldas a los Mandamientos de Dios, único camino y medio de paz. Si la Iglesia no cumple los Mandamientos y no los predica, entonces cuando habla de paz no habla de la verdadera paz que sólo Dios, Uno y Trino puede dar. Habla de la falsa paz del mundo, de la que habla del mundo que desprecia la cruz de Cristo.

Centrémonos en esta gran verdad que anima este artículo: La Virgen María detiene la Justicia divina.

La Virgen María detiene el brazo de la Justicia divina.

Tomo lo siguiente de un precioso sermón de la Virgen María (Despertar Christiano Marial. José de Barcia y Zambrana. Obispo de Cádiz y Algeciras. Año 1727. Sermón XXXVII) donde se nos ilustra sobre la razón de ser de María como freno del brazo de la justicia de Dios. Tras hacer unas consideraciones propias, el autor pasa a comentar las palabras del Cardenal Cayetano (1469-1534. Maestro general de los dominicos) sobre el Magnificat, que nos dará luz para comprender el sentido de esta frase y su origen.

María entonó aquel admirable cántico del Magnificat, diciendo estas misteriosas palabras: Exultavit spiritus meus in Deo salutari meo: Mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador. Sigue diciendo: Fecit potentiam in brachio suo: (Él hace proezas con su brazo) En su brazo mostró el eterno poder, lo grande de su poder.

Supongamos que la Santísima Virgen llama aquí Salvador, y también brazo a su dilectísimo Hijo. Pero, ¿quién no repara en la diferencia con que le llama uno y otro? Cuando le llama Salvador, dice que es suyo: Salutari meo. Mi salvador; más cuando le llama brazo, no dice que es suyo, sino del eterno Padre; In brachio suo. Con su brazo. ¿Por qué esta diferencia? Si le llama brazo del Padre es porque en su Hijo hizo ostentación de su poder infinito; ¿por qué también no le llama salud, pues hizo en su Hijo demostración de su amor? Así vemos le llamó la madre de Samuel: Laetata sum in salutari suo. Porque esperé de él la salvación. (1 Sam. 2,1). Y si llama a Jesucristo salvación suya, ¿por qué no le llama brazo suyo? Pero, ¿brazo del Padre, y salvación suya? ¿Es porque es su verdadero Redentor, su Salvador y su salvación? Pero también lo fue del todo el linaje humano, aunque de María por modo superior. ¿Por qué le llama salvación suya?

Dice el cardenal Cayetano: El llamar María Santísima salvación suya a Jesucristo nuestro Señor, no es porque excluya, que fue, y es salvación de los demás, sino para dar a entender que ser suyo Jesucristo es para los demás salvación –Salutari meo. Salvador mío-. Fue como si María Santísima dijera: Hay en mi Hijo santísimo el ser poderoso brazo para destruir y castigar pecadores como justo, y hay el ser Salvador benigno para perdonarlos y favorecerlos como misericordioso. Pues sepan para su consuelo los hombres, que el ser brazo poderoso, y justo que castiga, lo tiene el Hijo de su eterno Padre: Fecit potentiam in brachio suo. Él hizo proezas con su brazo; pero el usar con los hombres de piedad como Salvador Misericordioso, lo tiene por ser Hijo: Salutari meo. Mi Salvador.  De mí nació mi Hijo Salvador, y salvación, dice María Santísima; porque mi piedad detiene su poderoso brazo, para que no use, como lo piden las culpas, de severidad y rigor, sino de misericordia y piedad: Salutari meo. Mi Salvador.

Queridos hermanos, hermosa explicación que nos hace ver la realidad de que la Virgen María detiene el brazo de la justicia divina.  Todo está en el canto del Magníficat. Concluye el cardenal Cayetano: dice María en el Magnificat que en Jesucristo está el poder de su brazo para castigar a los pecadores como justo que es, y el ser Salvador benigno para perdonarles como misericordioso que es también.

El brazo poderoso que castiga lo tiene Jesucristo por ser Hijo del Eterno Padre,  pero el ser Salvador misericordioso lo tiene por ser Hijo de María, pues de Ella nació el Salvador.

¡Cuánto debemos a la Santísima Virgen María, pues lo que podemos esperar de los merecidos castigos de  la divina Justicia, lo podemos esperar, por su medio, de los favores de su misericordia! María es la Ventana cristalina de nuestra esperanza, que no deja entrar la tempestad de los castigos; pero hay que advertir que al que está confiado en la calle le llueve encima la tempestad, y es necesario dejar la calle y recogerse al amparo de la ventana, para que ésta le libre del granizo. Para el que no quiera dejar la calle de los vicios, no es esperanza de amparo la Ventana de María: huyan de esta calle al amparo de la Ventana, para experimentar que es medio su intercesión para hallar benigna luz de Jesucristo: Ego sum lux mundi.

Oh Madre, detened el brazo de la justicia de vuestro Hijo  indignado, y venced con la clemencia el corazón de los pecadores.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa.

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.