Los terroristas del atentado del puente de Londres asesinaron al grito de: «¡Es por Alá!». El 14 de julio de 2016, Mohamed Lahouaiej Bouhalel segó en nombre de Alá la vida de 84 personas en el Paseo de los Ingleses en Niza. El asesino de Mónaco disparó a la cara a niños el 21 de julio de 2016 berreando en árabe «¡Alá es grande!». El mismo grito de «Al-lá akbar» fue proferido el 26 de julio en Ruán por el fanático que degolló al sacerdote Jacques Hamel, así como el 1º de enero de este año por el autor del atentado de la discoteca Reina de Estambul. Y el 2 de julio del año pasado en Dacca, nueve italianos fueron torturados y asesinados por no saberse el Corán. Para el ISIS, todos estos atentados recientes reflejan una fidelidad integral a las enseñanzas del islam. El nombre de Alá, dios del islam, cuyo profeta es Mahoma, resuena siniestro de un extremo a otro de Occidente acompañado de un largo rastro de sangre y terror.

¿Es posible seguir negando que asistimos a una guerra religiosa? Afirmando que no se puede matar en nombre de Dios no se puede ocultar la realidad de que hay un proyecto de conquista religiosa del mundo por medios violentos. La propia primera ministra inglesa Theresa May, después del nuevo atentado terrorista en Gran Bretaña, ha hablado de “extremismo islámico”, y ha dicho que es una ideología que se difunde a través de internet y las grandes sociedades, y que no sólo sería necesario contrarrestar por medios militares y de inteligencia, sino con «los valores pluralistas de la cultura británica, superiores al os mensajes de los predicadores extremistas».

El 4 de julio, en el Regina Coeli, el papa Francisco condenó el terrorismo, pero por lo visto para él la palabra islam es impronunciable. Criticar aunque sea de forma implícita el islam significaría caer en ese proselitismo que, según el papa Francisco, es uno de los pecados más graves que puede cometer un católico. Y sin embargo, qué mejor oportunidad puede haber para la verdad de la fe católica a las religiones que predican la violencia, como el islam, y para explicar que el pluralismo al que se refiere la primera ministra inglesa es en realidad un relativismo moral que abre paso a la violencia mahometana. Gran Bretaña es un país que está pagando carísimo el fracaso de la ideología multiculturalista que profesa desde hace tantos años. La alternativa a la violencia islámica no es ni el multiculturalismo ni el ecumenismo, sino la afirmación clara y tajante de los principios del Evangelio. ¿Qué otra cosa podría proclamar, si no, el Vicario de Cristo?

 

Roberto de Mattei

(Traducido por J.E.F)

Roberto de Mattei
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.