ADELANTE LA FE

Hacer lo que siempre se ha hecho

Por esta causa sufro, pero no me avergüenzo, porque sé a quién me he confiado, y estoy seguro de que puede guardar mi depósito para aquel día. Retén la forma de los  sanos discursos que de mí oíste, inspirados en la fe y en la caridad de Cristo Jesús. 2 Tim. 1, 12-14

Queridos hermanos, la siguiente frase de uno de los reformadores, Melanchthon (1497-1560), define a la perfección lo que ha animado y anima el protestantismo: los artículos de fe debían cambiarse con frecuencia para adaptarlos así a los tiempos y a las circunstancias. Consecuencia de esta idea es que el protestantismo carece en absoluto de unidad en la doctrina y en el ministerio o gobierno. Más estas palabras de Melanchthon no son más que la consecuencia de la idea base y sustento del protestantismo: la Sola Fe, solo la Biblia interpretada por la razón individual. No exageramos si decimos que hay  tantas interpretaciones de la Sagradas Escrituras como individuos.

Muchas cosas más tendría que escribiros, pero no he querido hacerlo con papel y tinta, porque espero ir a vosotros y hablaros cara a cara, para que sea cumplido vuestro gozo. Te saludan los hijos de tu hermana Electra. 2 Jn. 12-13.

Las palabras del reformador son terribles, verdadero venero para el alma que crea en ellas y las ponga en práctica; estamos ante el verdadero camino de la condenación eterna. Una verdad de fe que cambia según los tiempos y circunstancias no es verdad, ni es fe, es simplemente una creencia humana que como tal se adapta a los momentos y personas, porque en sí misma lleva el germen del pecado del hombre, el germen de lo caduco y variable, incapaz de llenar las ansias del alma humana y darle respuesta a su vida. Las verdades de fe permanecen en el tiempo, porque son verdades de vida eterna, son verdades que provienen de nuestro Señor Jesucristo, del Espíritu Santo. Son las verdades que buscan siempre el mismo fin: la santidad del alma, la imitación de Cristo.

¡Oh Timoteo!, guarda el depósito a ti confiado, evitando las vanidades impías y las contradicciones de la falsa ciencia, que algunos profesan extraviándose de la fe. La gracia sea con vosotros. 1 Tim. 6, 20.

En contraposición a la frase anterior, bien podemos aducir la siguiente, tan característica de nuestra fe católica: Hacer lo que siempre se ha hecho. Es decir, vivir la fe como siempre la hemos vivido, creer lo que siempre hemos creído, actuar como siempre hemos actuado. La tradición en cuanto a fe y costumbres no cambia en modo alguno, si bien pueden cambiar tradiciones litúrgicas, tradiciones locales, etc., aunque siempre de forma orgánica, ordenada, nunca brusca. Haciendo lo que siempre se ha hecho tenemos la certeza de la asistencia del Espíritu Santo. La certeza absoluta, porque es la verdad que el Espíritu Santo ha inspirado a su Iglesia y esa verdad no puede cambiar, permanece como permanece inmutable la Palabra de Dios y sus Mandamientos.

Creemos lo que siempre hemos creído,  que el adulterio es pecado mortal razón por la cual no pueden recibir la Sagrada Comunión, que las relaciones homosexuales son pecado mortal, pecado abominable, etc.;  y tantos aspectos más de nuestra fe y costumbres. Creemos lo que siempre se ha creído, que la Santa Misa es el sacrificio del Calvario. Hacemos lo que siempre se ha hecho, por eso queremos vestir con pudor, queremos santiguarnos al entrar en la Iglesia, arrodillarnos ante el sagrario, arrodillarnos para recibir la Sagrada Comunión, etc. Porque así se ha hecho. Muchas tradiciones sin ser tradiciones de fe, lo son de costumbres que son santas, que llevan a la piedad, al recogimiento, a la adoración, al temor de Dios, en fin, que son un grandísimo bien al alma para fortalecerla contra los ataques del demonio y para santificarla que es el fin.

La crítica exacerbada y sin cuartel que estamos viendo en la actualidad en la Iglesia a esta forma de vivir la fe católica, a esta frase en concreto, no es más que poner en práctica el pensamiento protestante: todo puede cambiar, nada hay permanente, toda cuestión de fe y de costumbres puede alterarse;  ha de adaptarse al mundo y a las persona de ese mundo. Ya no estamos ante la concepción católica de cambiar el mundo a la fe Jesucristo, de cambiar las costumbres pecaminosas por las santas que llevan a Cristo.  La crítica y  burla a “Hacer lo que siempre se ha hecho” es la crítica a la fe y costumbres inamovibles que hemos recibido del depósito de la fe, es el empecinamiento de hacer la voluntad del hombre que no quiere someterse a la voluntad de Dios.

Os alabo de que en todo os acordéis de mí y retengáis las tradiciones que yo os he transmitido. 1 Cor. 11, 2.

Muchos católicos queremos hacer lo que siempre se ha hecho porque tenemos la certeza de la asistencia del Espíritu Santo, la certeza de las verdades que nos salvan, que nos conducen a la vida eterna; porque la vida eterna es lo que buscamos por encima de todo en esta vida; no queremos la vida buena  y feliz a costa de poner en peligro el alma; queremos cargar con nuestra cruz.  Queremos hacer lo que siempre se ha hecho porque creemos firmemente en la existencia del demonio, conocemos sus artimañas, sus pérfidos engaños y mentiras, y sabemos que las prácticas y normas de vida que la tradición nos ha legado no previenen contra él, nos previenen contra el mundo, demonio y carme. Queremos cumplir fidelísimamente los mandamientos de la ley de Dios, porque en ellos está nuestra salvación, porque nos conducen a la vida eterna, porque queremos ser fieles a la Palabra de Dios porque le amamos sobre todas las cosas.

Manteneos, pues, hermanos, firmes, y guardad las enseñanzas que recibisteis, ya de palabra, ya por nuestra carta. 2 Tes. 2, 15.

Queridos  hermanos, guarden y meditan la frase con que inicié este artículo, les dará luz para comprender la situación de la Iglesia actual y les ayudara a saber cómo actuar ante tanto desconcierto y traición de tantos Pastores de la Iglesia. Ya no es que no se pueda imitar lo que hacen pero sí hacer lo que dicen, es que ni siquiera se puede hacer lo que dicen. Lo que se oye decir y hacer a muchos, ya no es que sea el error, es sencillamente camino de perdición eterna. Pero lo que agrava aún si cabe más la situación es que no sabemos a dónde  mirar para oír las palabras vivas de salvación eterna.

Manteneos, pues, hermanos, firmes, y guardad las enseñanzas que recibisteis, ya de palabra, ya por nuestra carta. 2 Tes. 2, 15.

La vida de oración constante, de penitencia y  sacrificio; la vida de sacramentos, confesión frecuente, y con las características que  la santa tradición indica, la santa misa con devoción y piedad, decencia en el vestir, respeto en las formas, silencio y adoración; el rezo diario del santo rosario; las novenas, el culto a los santos; pedir la bendición al sacerdote para uno mismo; pedir la bendición de objetos personales; alejarse de todo lo que pueda perturbar la fe; no tener curiosidad por lo que no nos aporta nada a la santidad del alma; mantener un vivo y santo temor de Dios para no caer en tentación. Todo lo que la Iglesia nos ha trasmitido y enseñado tras generaciones, lo que siempre se ha hecho por ser bueno, santo, seguro y agradable a Dios.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa.

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.