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Francisco: Es un pecado basar la política social en miedos legítimos y entendibles a los efectos de la inmigración musulmana. Pero el adulterio en “situaciones complejas” no es pecado.

Mientras este grotesco papado continúa y sin indicios de atenuarse, nos enteramos que Francisco acaba de entregar el título de Comandante de la Pontificia Orden Ecuestre de San Gregorio Magno nada más y nada menos que a Lilianne Ploumen, ex Ministra de Comercio Exterior, Desarrollo y Cooperación de Holanda, una de las mayores promotoras mundiales del aborto. Michael Hichborn (compañero de mi parroquia) reporta:

“Luego de que el presidente de los Estados Unidos Donald Trump reinstauró la Política de la Ciudad de México, Ploumen lanzó una nueva ONG llamada She Decides (Ella Decide) que provee sumas masivas de dinero a organizaciones que dejarán de recibir fondos del gobierno norteamericano. La Política de la Ciudad de México niega automáticamente toda financiación norteamericana a organizaciones internacionales que realizan o promueven el aborto.

“Refiriéndose a la Política de la Ciudad de México como una ‘Ley Mordaza Global’, Ploumen afirmó que la intención de She Decides es continuar apoyando los programas existentes operados por organizaciones tales como el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNPFA), la Federación Internacional Planned Parenthood y Marie Stopes International. Ella dijo que ‘estos programas son exitosos y efectivos: soporte directo, distribución de preservativos, asegurar que las mujeres están acompañadas al dar a luz, y asegurar el aborto seguro si no tienen otra opción’. En julio 2017, el programa de Ploumen ya había recaudado más de $300 millones.”

Dejen que esto decante: un descarriado sucesor de la Silla de Pedro confirió, en nombre del papa Gregorio Magno, la dignidad de un título papal a una mujer que declara públicamente su compromiso absoluto para “asegurar el aborto seguro si no tienen otra opción”. No dejen que nadie lo objete diciendo que Francisco solo entregó una bendición papal pro forma en un ceremonial honorífico. Sin duda él sabe del escándalo mundial que esto desató, pero seguramente jamás revocará el título. ¡Mensaje recibido!

Mientras tanto, se espera que toda la Iglesia preste atención a cada una de las palabras de Francisco sobre este o aquel asunto que le preocupa, dado que en una de las tantas entrevistas infames dejó en claro: “Estoy constantemente haciendo declaraciones, dando homilías. ¡Eso es magisterio!” ¡Constantemente, es cierto! Y esta constante difusión de “magisterio” incluye la repetición obsesiva de las opiniones de Francisco sobre el deber moral imaginario de las naciones europeas de recibir la invasión de interminables olas de “inmigrantes” y “refugiados” que son en su gran mayoría hombres musulmanes en edad de entrar al ejército.

El ejemplo más reciente es el del sermón de la Jornada Mundial del Inmigrante y del Refugiado.

En esta ocasión Francisco habló, como el político que claramente desea ser, mediante un doble discurso, todo sea por promover el resultado del único discurso que no deja de promover: la islamización efectiva de la Europa occidental. Cita de Francisco:

En el mundo actual, para quienes acaban de llegar, acoger, conocer y reconocer significa conocer y respetar las leyes, la cultura y las tradiciones de los países que los han acogido.

Hasta ahí todo bien. Pero sabemos cómo sigue, obviamente, gracias a la amarga experiencia con el exasperante “segundo paso” de Bergoglio: el completamente opuesto, que es el verdadero punto del sermón. Entonces, Francisco continuó:

No es fácil entrar en la cultura que nos es ajena, ponernos en el lugar de personas tan diferentes a nosotros, comprender sus pensamientos y sus experiencias. Y así, a menudo, renunciamos al encuentro con el otro y levantamos barreras para defendernos. Las comunidades locales, a veces, temen que los recién llegados perturben el orden establecido, “roben” algo que se ha construido con tanto esfuerzo. Incluso los recién llegados tienen miedos: temen la confrontación, el juicio, la discriminación, el fracaso.

Estos miedos son legítimos, están basados en dudas que son totalmente comprensibles desde un punto de vista humano. Tener dudas y temores no es un pecado. El pecado es dejar que estos miedos determinen nuestras respuestas, condicionen nuestras elecciones, comprometan el respeto y la generosidad, alimenten el odio y el rechazo. El pecado es renunciar al encuentro con el otro, con aquel que es diferente, con el prójimo, que en realidad es una oportunidad privilegiada de encontrarse con el Señor.

Para resumir su doble discurso: (a) los “inmigrantes” y “refugiados” (es decir, básicamente las hordas de musulmanes bien alimentados y en edad para el servicio militar) debieran respetar las leyes, la cultura y las tradiciones de las naciones europeas que invaden; (b) los miedos a que millones de “inmigrantes” y “refugiados” musulmanes no respeten las “leyes, la cultura y las tradiciones” de las naciones europeas, especialmente de comunidades locales, son legítimos y entendibles; pero (c) las autoridades civiles pecarían si basaran sus decisiones de política migratoria en miedos legítimos y entendibles a los efectos de la inmigración musulmana masiva.

O, más sencillamente: no debe haber restricciones a la inmigración musulmana masiva, y ciertamente ninguna “barrera” como las establecidas “pecaminosamente” por Polonia y Hungría para “renunciar al encuentro con el otro”.

Entonces, según Francisco, sería pecaminoso detener la inmigración musulmana masiva o incluso restringirla tajantemente. Pero vivir en un estado que el catecismo de Juan Pablo II denomina “de adulterio público y permanente” no es pecaminoso para muchos en ese estado, como tampoco hay algún impedimento para que reciban la sagrada comunión dadas sus “circunstancias complejas”. Sin embargo, ninguna “circunstancia compleja” justificaría detener o restringir la inmigración musulmana masiva, ni siquiera en base a miedos legítimos y entendibles a los efectos.

Frente a una creciente oposición a sus novedades, Francisco osó etiquetar como Magisterio Auténtico®  su aprobación de la sagrada comunión para los adúlteros públicos, aunque así introduzca “una disciplina ajena a toda la tradición de la fe católica y apostólica.” Sin duda, de creerlo conveniente, él etiquetaría de igual manera a su idea de que “recibir” un número indiscriminado de “inmigrantes” y “refugiados” es un imperativo moral para las naciones mientras que rechazarlo es pecaminoso.

La etiqueta aplicada por Francisco merece la burla con el símbolo de marca registrada porque al oponerse a todos sus predecesores en un asunto tan fundamental como el pecado de adulterio público y sus consecuencias respecto a la disciplina de los sacramentos, el mismo Francisco pierde todo derecho a afirmar que su marca de pensamiento personal se identifica con el magisterio inmutable de la Santa Iglesia Católica. Con cada día que pasa en “este desastroso pontificado,” la distinción entre lo que Francisco piensa y lo que enseña el magisterio impresiona cada vez más profundamente a la mente católica.

Christopher A. Ferrara

(Artículo original. Traducido por Marilina Manteiga)

Christopher A. Ferrara

Presidente y consejero principal de American Catholic Lawyers Inc. El señor Ferrara ha estado al frente de la defensa legal de personas pro-vida durante casi un cuarto de siglo. Colaboró con el equipo legal en defensa de víctimas famosas de la cultura de la muerte tales como Terri Schiavo, y se ha distinguido como abogado de derechos civiles católicos. El señor Ferrara ha sido un columnista principal en The Remnant desde el año 2000 y ha escrito varios libros publicados por The Remnant Press, que incluyen el bestseller The Great Façade. Junto con su mujer Wendy, vive en Richmond, Virginia.
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