Los ángeles y los demonios según Santa Francisca Romana

Quien se encuentre en Roma el día de la festividad de Santa Francisca Romana, 9 de marzo, puede visitar el lugar donde vivió la santa: Via del Teatro Marcello número 32, en las proximidades del Capitolio.

Santa Francisca Romana (1384-1440) es célebre por sus visiones de los ángeles, pero recordemos que también es conocida por sus visiones del Infierno. Lo queremos recordar también gracias a un comentario que le dedicó el profesor Plínio Corrêa de Oliveira.

La santa describe a Lucifer como el más radiante de los serafines; por esa razón fue tan grave su pecado. Los serafines constituyen el más alto de los nueve coros angélicos. Por eso, Lucifer era el de más alta graduación entre los ángeles que se rebelaron , y por eso fue arrojado a lo más hondo del Infierno. Hubo ángeles que optaron por seguirlo con malicia particular y por iniciativa propia. También fueron arrojados al Infierno, donde él los atormenta porque es más poderoso que ellos y, según dice Santa Francisca Romana, la justicia divina ha delegado en Lucifer el cometido de castigar por la eternidad a los que él un día convenció para que lo secundaran en su rebelión.

Nos explica Santa Francisca que los principales demonios que están a las órdenes de Lucifer son tres: Asmodeo, que representa los vicios carnales; Mamón, que está en la cima de la avaricia, y Belcebú, jefe de toda idolatría y actividad tenebrosa. Observamos así que los dos ángeles rebeldes principales, Lucifer y Asmodeo, son respectivamente los demonios de la soberbia y la sensualidad. Según el concepto contrarrevolucionario del profesor Plínio Corrêa de Oliveira, el orgullo y la sensualidad son los dos motores de la Revolución. En cierto modo, las revelaciones de Santa Francisca Romana lo confirman. Esos demonios están en el Infierno y sólo muy rara vez permite Dios que atraviesen el abismo y vengan a castigar a la humanidad.

Pero el profesor De Oliveira sostiene que en nuestros tiempos el Infierno está abierto y esos dos demonios, los peores de todos, han venido a la Tierra con la misión especial de destruir la Iglesia, de la misma manera que dice Santa Francisca que en tiempos de Nuestro Señor Jesucristo vinieron a la Tierra para matarlo. Aunque ciertamente la Iglesia es inmortal, eso no impide que los demonios traten de acabar con ella.

Están además, según la santa, los otros ángeles caídos. En la primera batalla evitaron escoger entre Dios y Lucifer. Si bien no se rebelaron abiertamente contra Dios, tampoco apoyaron de modo claro su causa ni respaldaron abiertamente a Lucifer. Procuraron mantener una postura intermedia y neutral, lo cual, considerado más ampliamente, demuestra que albergaban cierta medida de simpatía por Lucifer. Por eso los condenó Dios. Pero la justicia divina les infligió un castigo menos terrible que el de los partidarios explícitos de Lucifer. En vez de precipitarlos al Infierno, se quedaron en el aire sobre la Tierra. Eso sí, después del Juicio Universal se irán al Infierno por la eternidad. Según cuenta Santa Francisca, sólo se libran de las penas del Infierno durante el tiempo entre la batalla original y el Juicio Universal. Afirma la santa que esos ángeles neutrales se dividen en dos clases: la primera vive en el aire y causa los trastornos climáticos y naturales que espantan a los hombres en la Tierra, y pueden inducirlos a pecar, en tanto que los de la segunda pertenecen al mismo coro que nuestros ángeles custodios. Se dedican habitualmente a lo contrario que los ángeles de la guarda: en lugar de protegernos, tratan de inducirnos a pecar. Se enfrentan continuamente a los ángeles custodios.

Explica el profesor Corrêa de Oliveira, podemos extraer una importante meditación de estas revelaciones de Santa Francisca Romana: «¡Qué pequeño es el hombre! ¡Qué minucia somos en comparación con la naturaleza angélica! Esta santa no veía solamente demonios. Veía con frecuencia a su ángel de la guarda, o sea a un ángel relativamente bajo en la jerarquía celeste. Pues bien; a pesar de ello, la primera vez que vio a su ángel guardián Santa Francisca Romana quedó tan impactada con su grandeza que lo confundió con el propio Dios. Se postró a tierra para adorarlo, y el ángel la sujetó y le explicó quién era. Para que se vea el esplendor de un simple ángel custodio. ¡Cuánto más grande será el de un arcángel, un querubín o un serafín! ¡Y qué pequeños somos en relación con la batalla entre ángeles que se libra constantemente en torno a nosotros, en todo tiempo y lugar! Siempre hay ángeles que descienden del Cielo para cumplir una u otra misión. Ciertamente somos minúsculos ante las dimensiones de semejante combate.»

¿Qué medios de defensa tenemos ante las maquinaciones y la maldad de tal estirpe de demonios? Debemos escuchar al Señor: «Velad y orad para no caer en tentación». Para empezar, velar significa creer que los ángeles y los demonios existen, tienen poder y actúan en el mundo. Antes era mayoritaria entre los teólogos la tesis de que en toda tentación natural el Diablo añade su obrar a las causas naturales sin cambiar la naturaleza de la tentación pero haciéndola más intensa. Imaginemos por ejemplo que estamos en una reunión y alguien nos molesta. La pequeña tentación natural de irritarse recibe un nuevo impulso del Diablo, que intenta agravar la tentación natural para inducirnos a pecar. El Diablo siempre obra en contra de nosotros y nuestro ángel guardián siempre nos protege, se lo pidamos o no. Pero es preciso que pidamos con mayor frecuencia al ángel de la guarda que nos proteja, aprendamos a discernir las acciones del Diablo y pidamos también protección a la Virgen. Todo ello es velar y contra el obrar del Diablo. Sobre estos temas nos invitan a meditar las visiones de Santa Francisca Romana comentadas por el profesor Plínio Corrêa de Oliveira.
(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Roberto de Mattei
Roberto de Matteihttp://www.robertodemattei.it/
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

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