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Los cardenales Burke y Brandmüller hablan del cisma, autoridad papal y el Sensus Fidei

Maike Hickson | One Peter Five

En la conferencia del día de hoy en Roma acerca del estado de la Iglesia Católica – “Iglesia Católica, ¿Dónde vas?” – el cardenal Raymond L. Burke, uno de los cuatro Cardenales de las dubia, hizo algunos comentarios sorprendentes sobre su querido colega de las dubia, el cardenal Joachim Meisner, que falleció el pasado verano. Burke revela ahora  que, después de escuchar el discurso del cardenal Walter Kasper acerca del matrimonio en el Consistorio de febrero de 2014 – el que empezó todo el proceso de abrir la puerta a la Sagrada Comunión a los “vueltos a casar” en los sínodos y finalmente por la publicación de Amoris Laetitia– Meisner le dijo que previó las espantosas consecuencias  hacia las que estas cosas se estaban dirigiendo. En su conferencia del día de hoy, Burke contó la conversación que tuvo con este Cardenal alemán*:

“Tras el discurso inaugural del cardenal Walter Kasper durante el Consistorio Extraordinario de febrero de 2014, mientras salían de la sala del Sínodo, [el cardenal Meisner] se me acercó y me expresó su preocupación por la falsa dirección en la cual el discurso inaugural [de Kasper] dirigiría a la Iglesia si no había una adecuada y rápida corrección. Además agregó: “todo esto terminará en cisma.” Desde ese momento hizo todo lo posible para defender la palabra de Cristo sobre el matrimonio. [Énfasis agregado en la noticia original]

El cardinal Burke dijo estas cosas al inicio de su conferencia ya que quería honrar a ambos, al cardenal Meisner y al cardenal Carlo Caffarra, dos de los cuatro cardenales de las dubia que fallecieron sin recibir nunca una respuesta a sus preocupaciones por parte del Papa. Burke elogió la firme postura del cardenal Meisner diciendo “él estuvo, desde el inicio de esta buena batalla, ahí para defender y promover las verdades fundamentales del matrimonio y la familia, y completamente unido al cardenal Caffarra, al cardenal Walter Brandmüller, y a mí.” “Como un verdadero pastor del rebaño del Señor,” continuó Burke, “pensó que su primer deber era la incansable presentación de la enseñanza de Cristo en la Iglesia.” Mientras el mismo cardenal Meisner estaba “clara y profundamente preocupado por el verdadero estado de la Iglesia, no omitió expresar su completa fe en el Señor, que no fallará en sostener su Cuerpo Místico en la verdad de la fe”.

Ya que de este modo los cuatro Cardenales de las dubia se reunieron hoy una vez más –si no en cuerpo, al menos en espíritu – les presentamos aquí las enternecedoras palabras que el cardenal Burke le dedico a sus dos fallecidos colegas:

“Hoy, honrando la memoria del gran cardenal Carlo Caffarra, también honramos – porque estoy seguro que al cardenal Caffarra le hubiera gustado que los hiciéramos-  la memoria del cardenal Joachim Meisner, quien, junto al cardenal Caffarra, de acuerdo con las palabras de San Pablo, peleó la batalla buena de la fe, terminó el camino de su misión episcopal para el bien de innumerables almas, y, con fidelidad y generosidad, conservó la fe ¡Requiescat in pace!”

A continuación presentaremos algunas ideas importantes como fueron expresadas hoy por ambos, el cardenal Burke y el cardenal Walter Brandmüller. Después, esperamos proveer un reporte exhaustivo sobre la conferencia. Mientras el cardenal Burke habló más acerca de los límites del poder papal, el mismo cardenal Brandmüller  discurrió sobre el tema del sensus fidei y el papel de los fieles laicos en la defensa de la Fe.

Ya que parte de la charla del cardenal Burke coincidió con las cosas que acababa de decir en su reciente entrevista , nos concentraremos solo en algunas de sus palabras.

El cardenal Burke – que es él mismo un canonista y antiguo jefe de la Signatura Apostólica- hace en su charla un repaso de la tradición canónica y de las enseñanzas del Concilio Vaticano I acerca de la primacía papal, siempre haciendo hincapié en que el poder del Papa debe ser por el bien de las almas y en unión con la Sagrada Tradición. Al final primero cita la carta a los Gálatas donde San Pablo dice “[…] aun cuando […] un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!” y también al canonista Graciano, que dijo el Papa no puede ser juzgado por nadie – al menos por supuesto que se desvíe de la fe.

El cardenal Burke expresó su esperanza de que esta charla “pueda ayudarles a entender la necesidad, y al mismo tiempo la gran prudencia, que debe tomar lugar en el ejercicio de la totalidad del poder del Romano Pontífice, a fin de salvaguardar y promover el bien de la Iglesia Universal.” Continuó diciendo:

“De acuerdo con la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición, el sucesor de San Pedro goza de un poder que es universal, ordinario e inmediato sobre todos los fieles. Es el supremo juez de los fieles y no hay autoridad humana superior sobre él, ni siquiera el de los concilios ecuménicos. Al Papa le pertenece el poder y la autoridad de definir doctrinas, condenar errores, promulgar y abrogar leyes, actuar como juez en todas las materias de fe y moral, decretar e imponer castigos, nombrar y, si es necesario, quitar pastores, porque tal poder viene de Dios mismo, es limitado por la ley natural y la ley divina, las cuales son expresiones de la verdad y del eterno e inmutable bien que viene de Dios, que están completamente reveladas en Cristo y que han sido transmitidas sin interrupción en la Iglesia. Por lo tanto, cualquier expresión de doctrina o praxis que no esté en conformidad con la Revelación Divina, contenida en las Sagradas Escrituras y en la Tradición de la Iglesia, no puede ser considerada un auténtico ministerio apostólico o Petrino y debe ser rebatido por los fieles. Como San Pablo declaró: “Me maravillo de que abandonando al que os llamó por la gracia de Cristo, os paséis tan pronto a otro evangelio, no que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren deformar el Evangelio de Cristo. Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!”(Gálatas 1, 6-8)

Como el cardenal Burke señala, nosotros como católicos “debemos siempre enseñar y defender todo el poder que Cristo quiso conferir a su Vicario en la tierra.” Incluso a veces “debemos enseñar y defender ese poder dentro de [el sector de] las enseñanzas de la Iglesia.” El cardenal Burke finalizó su charla con estas palabras del Decreto de Graciano:

“Ningún mortal debería tener la audacia de reprochar al Papa por sus fallas, porque aquel que tiene el derecho de juzgar a todos los hombres no puede ser juzgado por ninguno, a menos que se le deba llamar la atención por haberse desviado de la fe; todos los fieles oran insistentemente por su posición perpetua, tomando en cuenta que ellos consideran que su salvación depende mayormente en su seguridad [de cualquier desviación de la fe]” (Decretum Magistri Gratiani. Concordia Discordantium Canonum, 1a, dist. 40, c. 6, Si papa; Item ex gestis Bonifacii Martyris). [Énfasis agregado en la noticia original]

Mientras el cardenal Burke insiste de este modo en su charla en que consideremos atentamente los límites de la autoridad papal – así como había hablado previamente sobre el concepto de apostasía explícita e implícita -, el cardenal Walter Brandmüller habló en su charla del día de hoy sobre la cuestión del papel de los fieles laicos en la preservación de la Fe Católica.

Con respecto al cardenal John Henry Newman, Brandmüller presenta su tesis “frente a una profunda y estremecedora crisis de Fe.” Con Newman, Brandmüller señala la crisis arriana del siglo IV donde “los Obispos fallaron en su mayoría,” al no ser de este modo capaces de presentar un testimonio unificado e incluso contradiciéndose los unos a los otros. En palabras del cardenal Newman, “la Tradición Divina confiada la Iglesia infalible fue proclamada y preservada mucho más por los fieles que por el episcopado.” Aquí, el Dogma de la Divinidad de Cristo fue “defendida mucho más por la ‘Ecclesia docta’ que por la ‘Ecclesia docens,’” según Newman. Los fieles laicos permanecieron de este modo “leales a su gracia bautismal.”

Como Brandmüller explica, un sensus fidei de este tipo, como el mostrado en el siglo IV, puede volverse visible ya sea en el rechazo del error o también en el testimonio de la verdad. Muestra que ambos, el papa Pio IX y Pio XII habían consultado a los fieles antes de proclamar el dogma Mariano, ambos en 1854 y en 1950, respectivamente. Brandmüller habla bellamente aquí del “testimonio de Fe de los laicos” además de “las convicciones vivas de la Fe” de los fieles.

El cardenal Brandmüller  – historiador de la Iglesia y antiguo presidente del Pontificio Comité de Ciencias Históricas – insiste en su plática que el sensus fidei no puede ser interpretado como una forma de plebiscito. Reintroduciendo aquí la muy descuidada realidad e indispensabilidad de la Gracia, el cardenal alemán también se refiere al “corpus mysticum del Cristo resucitado y glorificado” en quien todos los fieles estamos unidos en un “organismo sobrenatural.” “Aquí por supuesto que hay leyes válidas además de las leyes sociológicas y políticas – es la realidad de la Gracia que aparece a la vista. Así, explica Brandmüller, los fieles reciben, a través del Bautismo, “la gracia santificante, la cual es una realidad sobrenatural y ontológica la cual hace que los hombres sean santos, justos y agradables a Dios.” Las tres virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad han sido así infundidas en nuestros corazones. De este modo, dice Brandmüller: “El modo y la manera en la cual la divina virtud de la Fe se vuelve efectiva es, junto a otros factores, el sensus fidei de los fieles.” Estando en estado de Gracia y recibiendo de este modo los Regalos Divinos, los fieles pueden recibir “un profundo entendimiento de la verdad revelada.”

El cardenal Brandmüller nos presenta bellamente al sensus fidei como un “tipo de sistema inmune espiritual que induce al fiel a reconocer y rechazar instintivamente el error.” Como explica:

“Sobre este mismo sensus fidei también está basado – junto a la Divina Promesa – la infalibilidad pasiva de la Iglesia, es decir, la certeza de que la Iglesia en su conjunto no puede caer nunca en un error de fe.”

Además, el prelado alemán hace claro que este sensus fidei no es necesariamente encontrado en la mayoría de los católicos. Así, mientras puede haber un testimonio masivo para la Fe, también podría haber una apostasía masiva. El sensus fidei no es necesariamente lo que es presentado en público como la opinión de los católicos, como la Comisión Teológica Internacional afirmó correctamente en 2014. A menudo, sin embargo, la “verdad de la Fe” está siendo preservada “en los corazones de los fieles,” de acuerdo con el documento de 2014, citó Brandmüller. Para mantener ese sensus fidei, explica el documento vaticano, “se requiere santidad. Ser santo quiere decir, en esencia… ser bautizado y vivir la Fe por el poder del Espíritu Santo.” (Como nota al margen: este documento también el concepto importante de un “instinto sobrenatural” en este sentido.)

En conclusión, el cardenal Brandmüller señala el hecho de que tales fieles no solo tienen el “derecho de libertad de expresión” en la Iglesia, basados en “el sentido de Fe y amor,” sino que también – de acuerdo con su conocimiento, responsabilidad y posiciones de prominencia- “a veces incluso tienen el deber de comunicar [su opinión] a sus pastores cuando se trata del bienestar de la Iglesia.”

Como ejemplos prominentes de tales expresiones de opinión, el prelado alemán menciona aquí, entre otros, la participación de cientos de miles en marchas pro-vida alrededor del mundo, el llamado filial al papa Francisco con respecto a Amoris Laetitia firmado por cerca de un millón de católicos, así como la corrección filial firmada “por más de 200 académicos respetados en el mundo.”

Por lo tanto concluye: “Sería tiempo para el Magisterio poner apropiada atención a los testimonios de Fe.”

* La traducciones de la charla en italiano del cardenal Burke fueron amablemente hechas por Giuseppe Pellegrino del italiano al inglés; la autora misma del artículo original, Maike Hickson, hizo la traducción del texto del cardenal Brandmüller del alemán al inglés

(Traducida por Alberto Ricardo Escobedo Villamonte para Adelante la Fe)




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