Desde el día de la Resurrección del Señor hasta el día de Pentecostés transcurren cincuenta días, los llamados días de Pascua para todos los cristianos.

Durante estos días,  cuando uno entra en una Iglesia puede ver  a lo largo de la cincuentena el Cirio Pascual junto al Altar del Sacrificio Eucarístico, que significa la presencia de Cristo Resucitado.

El tiempo de Pascua, es un hermoso caminar con las manos y el corazón abiertos para recoger las gracias, los regalos que Dios nos da por medio de su Gloriosa Resurrección.

Para muchos cristianos, incluso de Misa Dominical, este hecho pasa desapercibido. Si le preguntas: perdone ¿ Que regalos ha recibido usted del cielo gracias a la Resurrección de su Señor? Y pocos sabrán concretar las Glorias del Señor Resucitado que son prendas de Salvación para todos nosotros.

Pues bien, para que todos nuestros lectores puedan saborear los frutos de la Resurrección os los voy a enumerar y a explicar en la medida de mis pobres posibilidades. Y todo ello no sólo por cuestión de saber, sino más bien para que agarrándonos a Nuestro Señor Jesucristo dejemos que Él nos transforme la vida y podamos vivir por Él, con Él y en Él.

Estos siete regalos o frutos de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo se nos van entregando a lo largo de la Cincuentena Pascual Domingo a Domingo.

Primer Fruto de la Resurrección:

Por el pecado de Adán y Eva, el ser humano quedó invalidado para la Vida Eterna junto a Dios. Por decirlo de alguna manera, el puente que había entre la Gloria de Dios y la tierra se rompieron en el momento de la desobediencia. Por ello solo por la  Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo se restaura el puente entre el cielo y la tierra, de tal forma que los seres humanos pueden luchar en la vida terrenal para unirse al que es “el Camino, la Verdad y la Vida” y así  poder ir algún día tras morir  al Cielo junto a Dios. ¡Gloria a Dios!

Segundo Fruto de la Resurrección:

Nuestro Señor Jesucristo ha Resucitado, está vivo. Por ello en esta vida tan llena de inseguridades, en un mundo  donde falla todo: falla la salud, falla el dinero, fallan las amistades, falla la familia… Hay un pilar que no cae NUNCA, y ese pilar es JESUCRISTO.  Él ha Resucitado y está Vivo, y si lo dejas entrar en tu vida vas a experimentar su presencia real junto a ti. En cada Santa Misa Él baja del cielo a la tierra y se mete en un trozo de pan y un poco de vino para habitar dentro de ti. Cuando vas a un sacerdote a confesarte, no es el sacerdote, es Cristo el que está allí para darte una vida nueva. No estamos solos. Aunque todo falle, siempre nos quedará Cristo. Pero no debemos olvidar la forma de actuar tan humilde de Dios. ¿Cómo vino a la tierra? A Través de una humilde sierva, una joven Virgen y en una pobre gruta. ¿Cómo muere? Como un vil ladrón. Por ello no te ocurra como a Santo Tomás, que porque vio las llagas creyó. Recuerda que en esta vida vivimos en Fe, y bajo  las apariencias de pan y vino, Jesucristo está en cada Eucaristía, y en el Sagrario. Y tras tu confesor está oculto Jesucristo. Ya lo dijo el Señor: Dichosos los que creen sin ver. No seas incrédulo sino creyente.  ¡Gloria a Dios!

Tercer Fruto de la Resurrección:

San Lucas nos pregunta a todos en el tercer Domingo de Pascua: ¿Por qué mataron a Nuestro Señor Jesucristo? Si vieron sus obras, vieron sus milagros, palparon su amor, lo miraron a los ojos, esos ojos del Altísimo. ¿Por qué lo mataron? Y nos dice la Escritura Santa: Lo mataron por IGNORANCIA. Maldita la ignorancia  que tantas veces nos ofusca la mente. Maldita ignorancia con la que el demonio venda nuestros ojos para que no veamos. Cuantas veces ¿verdad?, cuantas veces las cosas más importante pasan cerca de nuestras vidas y no nos damos cuenta. Hay tantos líos, tantos problemas humanos, económicos, familiares… Que a veces nos cargamos lo más valioso que tenemos como decir un te quiero a tus padres, un abrazo a tu hermano, pedir perdón a una persona, tomarte una tapa con tu padre viejito, dar las gracias a tu madre por lo bien que ha hecho la comida para ti, o ir a ver a la abuela que está ya babeando… Y luego se mueren, y nos damos cuenta de todo lo que podíamos haber hecho y no hicimos, o nos arrepentimos de todo lo mal que les hicimos. Pues bien, hay una ignorancia aun peor. Y es la ignorancia de vivir en esta vida terrenal sin prepararse para la futura. Ya nos los dijo Nuestro Señor Jesucristo: ¿De que te sirve ganar el mundo entero si pierdes la vida? O Atesorad tesoros en el cielo donde no hay polilla ni carcoma que se los coman. Pues Jesucristo Muerto y Resucitado se presenta frente a nuestras vidas para ser luz en nuestras oscuridades, para eliminar esa ignorancia que nos lleva la muerte y a perder la felicidad. Cristo es la Luz, y solo junto a Él podemos ver y podemos vivir en esta vida como verdaderos Hijos de Dios. ¡Gloria a Dios!

Cuarto Fruto de la Resurrección:

Jesucristo el Señor no quiere a los cristianos solos y dispersados cada uno a su rumbo. Él nos dice: Allí donde dos o más estéis reunidos en mi nombre, allí estoy yo con vosotros. Más aún, nos dice que Él es el Buen Pastor, que nos quiere a todos reunidos como un rebaño de ovejas donde Él  es el Buen Pastor que nos cuida y nos lleva hacia los pastizales eternos junto al Padre. Cada uno somos de un padre y una madre, cada uno con unas virtudes y unos defectos; pero todos unidos en una misma fe, alrededor de un mismo amor: Cristo.  La Iglesia no son los templos, las catedrales… La Iglesia somos los cristianos reunidos en torno a Cristo, y que como rebaño nos dejamos amar y cuidar por el Buen Pastor. ¡Gloria a Dios!

Quinto Fruto de la Resurrección:

Dice Cristo el Señor: Yo soy la vid, mi Padre es el Labrador y vosotros los sarmientos. Permaneced en Mí. El sarmiento no puede dar fruto por sí mismo. Sin mí no podéis hacer nada.  No hay nadie en el mundo, ni entre nuestros familiares y amigos que desee tanto nuestra verdadera felicidad como lo quiere Cristo. Que pobreza tan grande es no tener a Cristo de verdad en tu vida. Para ser felices de verdad en esta vida no hay otro Camino que Jesucristo. Por mucho que los seres humanos se empeñen en buscar atajos, caminos propios… Todo es vanidad de vanidades. Todo lo que esté al margen de Jesucristo es pérdida de tiempo. Y solo tenemos una vida para llegar a entender y vivir, que si no permanecemos unidos a Él estamos realmente perdidos. Y que dicha tan grande poder permanecer unido al que es el Amor de los amores.  Porque recordad lo que nos dice: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Permaneced en mi amor y mi alegría estará con vosotros”.  Que distinta es la sublime alegría  que da el Señor en lo profundo del alma a las alegrías efímeras y tantas veces falsas que da el mundo. ¡Gloria a Dios!

Sexto Fruto de la Resurrección:

No todo el que dice Señor, Señor entrará en el Reino de los cielos. Es decir, para recibir en tu vida la verdadera alegría del Señor Resucitado, para degustar aquí en la tierra por anticipado el  reino de los cielos no basta con decir de boquilla “Creo en Jesucristo”. Obras son amores y no buenas razones. Es mas  nos dice la Escritura Santa en 1Jn 2,3-6 : En esto sabemos que  conocemos a Cristo. En que guardamos sus mandamientos. Quien dice: “Yo lo conozco”, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su Palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en Él. Quién dice que permanece en Él debe vivir como vivió Él. Todos esos que se dicen cristianos pero no asisten a la Santa Misa, no se Confiesan, no oran, no perdonan, no ayudan a los demás… porque no les da la gana, no podrán vivir en la Alegría de la Resurrección. ¡Gloria a Dios!

Sexto Fruto de la Resurrección:

Para guinda de este gustosísimo pastel, la Resurrección del Señor nos regala nada más y nada menos que la Efusión del Espíritu Santo. Es decir, a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el Paráclito, el Defensor, la fuerza vivificadora… El que nos sostiene para vivir unidos a Cristo mientras caminamos por este valle de lágrimas. El Espíritu Santo es el que nos capacita para vivir según Dios y no según la carne, como vemos en Gálatas 5, 18-25: “Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, discordias, envidia, cólera, ambiciones, divisiones, rivalidades, borracheras, orgías y cosas por el estilo.

Y os prevengo como ya os previne, que quienes hacen estas cosas no heredarán el reino de Dios.

En cambio, el fruto del Espíritu es: Amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí. Contra estas cosas no hay ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con las pasiones y los deseos.

Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu”.

¡Gloria a Dios!

Padre Francisco Javier Domínguez