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“Los gentiles han profanado tu santo Templo… ¡Venga la sangre de tus santos!» Reflexiones sobre el realismo imprecatorio de la Misa Tradicional en Latín

Llegue, Señor, a tu acatamiento el gemido de los cautivos; págales con la setena a nuestros vecinos en su seno; venga la sangre de tus santos que ha sido derramada. Ps. ¡Oh Dios!, los gentiles han invadido tu heredad, han profanado tu santo Templo; han puesto a Jerusalén como una choza de hortelano. Gloria al Padre… 

El varonil introito de la Misa Tradicional –en conmemoración de los mártires Nazario, el muchacho Celso, el papa Víctor I y pontífice confesor Inocencio I (véanse los comentarios sobre ellos de Dom Guéranguer) está tomado del Salmo 78, versículos 10-12. El versículo 12, imprecatorio, fue eliminado tanto del Lectionario como de la Liturgia de las Horas, por lo que nunca se reza en el Novus Ordo. A estos santos también se los ha quitado de en medio, a pesar de que la Iglesia llevaba más de mil años invocándolos. 

En general, los salmos imprecatorios han sido suprimidos o reducidos al mínimo, en consonancia con la imagen generalmente afeminada del cristianismo en los últimos tiempos. Recuerda a esas estampitas del Sagrado Corazón tan populares en los siglos XIX y XX que representan a Nuestro Señor como una meliflua figura andrógina de mantequilla, de mírame y no me toques.

Mientras leía el versículo del introito –«han profanado tu santo Templo; han puesto a Jerusalén como una choza de hortelano»– no pude menos que pensar en las iglesias abandonadas que han sido transformadas en mercados o restaurantes (como la iglesia londinense de la foto inferior). Buscando en Google «iglesias reconvertidas» aparecen centenares de apartamentos que se han construido adaptando antiguos lugares de culto.

Volviendo a la festividad de hoy, la Misa de estos cuatro santos tiene un carácter combativo muy excepcional en el Novus Ordo.

COLECTA:

Haz, Señor, que la confesión de tus santos Nazario, Celso, Víctor e Inocencio nos fortalezca y nos conceda la gracia de obtener fuerzas en nuestra debilidad. Por Cristo Nuestro Señor…

LECTURA:

Otorgó Dios a los justos el galardón de sus trabajos, y lo condujo por sendas maravillosas; los defendió del sol durante el día, y los alumbró con un astro por la noche. Los pasó a través del Mar Rojo, y los condujo por entre los abismos de las aguas. Mas a sus enemigos los anegó en el mar, y sacó a flote sus cadáveres de lo profundo del abismo. Por eso los justos se llevaron los despojos de los impíos, y celebraron con cánticos tu santo Nombre, Señor, alabando todos a una tu diestra vencedora, Señor Dios nuestro. Deo gratias.

GRADUAL Y ALELUYA (Éxodo 15, 11,6; Éxodo 44,14)

Glorioso es Dios en sus santos; admirable en su majestad; obrador de prodigios. Tu diestra, Señor, ha ostentado grandiosa fortaleza; tu diestra ha desbaratado a los enemigos. Aleluya, aleluya. Sepultados en paz están los cuerpos de los santos, y sus nombres viven de generación en generación. Aleluya.

EVANGELIO (Lucas 21,9-19)

Dijo Jesús a sus discípulos: Cuando oyereis rumor de guerras y sediciones, no os alarméis; primero han de acaecer estas cosas; mas no por eso será enseguida el fin. Entonces, les decía, se levantará pueblo contra pueblo, y reino contra reino. Y habrá grandes terremotos en varias partes; y pestilencias y hambres, y terribles portentos en el cielo, y grandes señales. Mas antes de todo esto echarán mano de vosotros, y os perseguirán y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y os llevarán por fuerza ante los reyes y gobernadores, por causa de mi nombre; lo cual acaecerá para que deis testimonio de Mí. Por tanto, poned en vuestros corazones que no debéis discurrir de antemano cómo habéis de responder; pues Yo pondré en vuestra boca unas palabras y una sabiduría a que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros enemigos. Y os entregarán vuestros padres y hermanos y parientes y amigos; y harán morir a muchos de vosotros; y seréis odiados de todos por mi nombre. Mas ni un cabello de vuestra cabeza se perderá. Con vuestra paciencia salvaréis vuestras almas.

Meditemos un momento esta contundente lectura evangélica tan ajustada a estos tiempos postmodernos y postcristianos de creciente persecución. Este pasaje del Evangelio se lee nada menos que cuatro veces al año en la Misa Tradicional (salvo que se anteponga una domínica): el 2 de junio, en la festividad de los santos Marcelino, Pedro y Erasmo; el 28 de julio, para los santos Nazario, Celso, Víctor e Inocencia; el 16 de septiembre, con los santos Cornelio, Cipriano, Eufemia, Lucía y Geminiano; y el 22 de enero, con los santos Vicente y Anastasio. En el leccionario postconciliar, se lee Lucas 21,5-19 cada tres años el Domingo 33 del Tiempo Ordinario (año C) y una parte de ello (versículos 12-19) se lee el miércoles de la 34ª semana (años I y II). Saque el lector sus conclusiones.

Llama también la atención el versículo para la Comunión de hoy porque nos recuerda que el auténtico holocausto que agrada a Dios, la ofrenda enteramente quemada, es Cristo Jesús en su Pasión en la Cruz, así como los santos que lo han imitado en sus respectivas pasiones con una fidelidad inquebrantable a su misión.

COMUNIÓN (Sabiduría 3,4-6)

Si delante de los hombres padecieron tormentos, Dios los probó; los acrisoló como al oro, y los aceptó como holocaustos.

Esta Misa posee una vivacidad, un realismo, una fortaleza de carácter con las proporciones y la fortaleza de una catedral románica, alta y erguida como una columna gótica, con el orden y la gracia de una fachada renacentista, gastada y trillada como ruta de peregrinación, con un toque suave de triunfo, propio de soldados que tienen la victoria garantizada pero están preparados para sufrir. En la liturgia tradicional encontramos lo que Roberto de Mattei ha calificado de sentido militar del cristianismo. Estamos enzarzados en una batalla contra nuestros enemigos espirituales: el mundo agitado de la incredulidad, la carne o concupiscencia desordenada, y el Diablo y sus secuaces. La liturgia tradicional no evade estas realidades, sino que las encara de frente.

Hasta ahora no he dicho mucho de los dos papas que se conmemoran hoy. Leo en mi misal: «Víctor I (papa 189-199) nació en África (…) Fijó la fecha de Pascua para toda la Iglesia con las reglas observadas hasta hoy. Determinó que en caso de necesidad cualquiera puede bautizar con agua no bendecida». Recordemos que el Concilio propuso la posibilidad de una fecha fija para la Pascua en un apéndice al final de Sacrosanctum Concilium: «El sacrosanto Concilio no se opone a que la fiesta de Pascua se fije en un domingo determinado dentro del calendario gregoriano, con tal que den su asentimiento todos los que están interesados, especialmente los hermanos separados de la comunión con la Sede Apostólica». Lo que aconseja para el bautismo resulta también sumamente pertinente en tiempos del oscuro coronavirus. En cuanto a Inocencio I (papa 401-417), «fue contemporáneo de San Agustín y San Jerónimo». Combatió ardorosamente el pelagianismo y promulgó un canon de los libros de las Escrituras que más tarde respaldó dogmáticamente el Concilio de Trento.

Con el paso de los años, a medida que la Iglesia en general se sume cada vez más en una afeminación autorreferencial y transige con el mundo en busca de comodidad, ¿no resulta cada vez más evidente que necesitamos oír –y una vez más, esforzarnos por vivir– la verdad que está incorporada en el gran rito tradicional de la Iglesia de Roma?

(Traducido por Bruno de la Inmaculada. Artículo original)

Peter Kwasniewski
Peter Kwasniewskihttps://www.peterkwasniewski.com
El Dr. Peter Kwasniewski es teólogo tomista, especialista en liturgia y compositor de música coral, titulado por el Thomas Aquinas College de California y por la Catholic University of America de Washington, D.C. Ha impartrido clases en el International Theological Institute de Austria, los cursos de la Universidad Franciscana de Steubenville en Austria y el Wyoming Catholic College, en cuya fundación participó en 2006. Escribe habitualmente para New Liturgical Movement, OnePeterFive, Rorate Caeli y LifeSite News, y ha publicado ocho libros, el último de ellos, John Henry Newman on Worship, Reverence, and Ritual (Os Justi, 2019).

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