ADELANTE LA FE

Los nepotes de Francisco

Los novicios que vienen de Roma no tienen ni idea. Estábamos conversando los frailes añejos sobre la capacidad que tiene Bergoglio para construir un nepotismo pontifical estilo new age. Los indoctos jovenzuelos, como llegan con reciclaje modernista-bergogliano, se han apresurado a desmentirnos categóricamente diciendo que Francisco no tiene ningún sobrino cerca de sí, al que haya dado un puesto importante.

Los pobrecillos novicios no saben nada de latín, pero tampoco saben de la historia que están viviendo en estos días.  Fray Malaquías les ha tenido que explicar que nepote, significa originalmente nieto o sobrino. Aunque parece que ha prevalecido más bien el significado italiano de “sobrino de alguna dignidad eclesiástica que recibe favores por su condición de tal”. Pero nepotismo es un término de más amplio significado que viene a expresar la repartición de cargos y prebendas, -el trato de favor-, a amiguetes y dilectos predilectos.

Los papas del Renacimiento hicieron cardenales a muchos de sus fámulos. Lo mismo en los siglos posteriores. Hasta que el papa Inocencio XII promulgó una bula contra la creación de cardenales-nepotes. Por supuesto que ya en tiempos de Pío XII se consideraban cosas del pasado. Y qué diríamos en el contexto del Vaticano II, en el que se recuperaba (?) la primitiva ingenuidad y simplicidad de la Iglesia. Hubiera sido algo intolerable mantener esta institución tan poco evangélica. ¡Eso eran signos tridentinos!

Sin embargo, Francisco ha vuelto a esta práctica con sus modales habituales y formas dictatoriales. No se sabe ciertamente que haya en el Vaticano muchos sobrinos de Bergoglio, aunque sí se sabe y se conoce de sobra, el numeroso ejército de preferidos que estarían lavando coches o lustrando botas, o en algún club de alterne, si los ojos de Su Santidad no se hubieran posado en ellos.

No tendría nada de particular ni de incorrecto, si estos niños mimados de Bergoglio fueran santos de los canonizados antes del Concilio. O si gozaran de una notable valía intelectual. O si exhibieran una sobresaliente fidelidad doctrinal.

No. Los privilegiados de Francisco están ahí porque están. Los mantiene el Mecenas porque le caen bien. A ellos no se les aplica la tolerancia cero, sino que se les da el carnet de puntos con tolerancia infinita. Como si fuera una tarjeta de crédito para gastar sin control. Se les permite todo y se les mima con cuidado. Tienen vía libre para poner en cuestión lo que sea. Y para hacer lo que sea. Libres como el viento. Versos sueltos del Poema de Francisco, que colaboran en la Obra de la Salvación. Hemos repasado algunos ejemplos al calorcillo del claustro.

El arzobispo Paglia, el mariquita del mural, como lo conocen en algunos mentideros romanos, que se hizo pintar al fresco y en postura inadecuada e incómoda para un arzobispo, en la catedral de su Diócesis. Pues bien, este señor es Presidente del Pontificio Consejo para la Familia. Y ahí sigue la criatura, aunque se sepan sus andanzas. Y sus declaraciones oscuras sobre los temas de su alta responsabilidad siguen iluminando el entorno.

El Arzobispo Trucho, -bésame mucho-, experto en besuqueos, muy conocido ya en toda la red por su especial cercanía intelectual a Francisco. Los argentinos que le conocen bien, no dejan de admirarse de sus nombramientos: primero como arzobispo ad personam -nepotismo clase VIP-, y luego como Arzobispo de La Plata, previa patada antero-posterior al recién llegado a la edad de jubilación. Lástima que no hubieran empleado esta medida en Buenos Aires hace ya varios años.

Los dos inútiles arzobispos cardenales de Madrid y Barcelona, son otro cantar, pero también forman parte de los elegidos cuidadosamente para no hacer nada. Eminencias grisáceas que conmueven las columnas del catolicismo español, conduciendo a sus ovejas a buenos pastos.

El famoso Capella, desaparecido en acto de servicio para escapar de la policía americana y arrestado en el Vaticano, supuestamente para huir –dicen-, de la justicia civil. Caso que también nos lleva de la mano a una cierta e  incomprensible protección , tal como denunciaron algunos otros medios.

El Rica del ascensor, del que tampoco se sabe nada. Sólo que también es un protegido de Francisco, quien a pesar de sus conocidas andanzas, lo mantiene en su cargo como si hubiera robado una caja de chocolatinas a un joven y apuesto guardia suizo.

El muy reverendo James Martin –caso que clama al cielo-, protegido, superprotegido, amadrigado y preservado jesuita norteamericano, salsa de todos los guisos y arco iris de todas las banderas, que irá a Irlanda para dar una conferencia en el Congreso de las Familias. Invitado por el Papa y el arzobispado de Dublín. Una zorra para hablar de la importancia de cuidar a las gallinas. [Por cierto, Congreso al que no debería asistir nadie que tenga dos dedos de honradez y un mínimo de vergüenza. Dejar solos a los organizadores y malversadores-destructores de la Familia Católica, y que Francisco le aplauda a Martin y viceversa. Nadie más.]

El cardenal Maradiaga, bien apertrechado y apoltronado con sus affaires económicos, convertido en vientre de alquiler de su obispo auxiliar, denunciado también por las corrupciones habituales. ¿Cómo puede ser que permanezca en el cargo?

Gustavo Gutiérrez, otro nepote protegido, abroquelado y cobijado. Responsable del tremendo destrozo de la Teología de la Liberación, pero mentor de los eclesiásticos politiqueros añorantes de los años setenta y destructores de los católicos en Hispanoamérica. Solo Dios sabrá hasta dónde llega el abismo de responsabilidad personal y colectiva, en esta auténtica doctrina genocida de todo lo que suene a catolicismo y sobrenaturalidad. Has contribuido a la Iglesia y a la Humanidad, dice el Papa en su carta de felicitación.

Así podríamos continuar. Si eres de los nepotes de Francisco, tranquilo. Si eres de los otros, dimite inmediatemente. O te dimito fulminantemente.

En estos tiempos de dimisiones de ministros españoles a los que se les ha pillado con las manos en la masa, sería bueno que la Moral de la Santa Sede se recicle. Al fin y  al cabo, Franciso ha predicado en multitud de ocasiones a los nuevos cardenales, a los obispos y seminaristas, que no tienen que ser príncipes renacentistas. Solamente puede serlo él. Y ha instado a la mafia italiana a convertirse. Ahora falta que se convierta la mafia vaticana. Deo volente.

Fray Gerundio de Tormes

Dichos y Sentencias de un fraile tradicional
Libro Recomendado
Recibe nuestras noticias por email