ADELANTE LA FE

Maestros que hablan a medida del mundo

Predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, enseña con toda longanimidad y doctrina, pues vendrá un tiempo en que no sufrirán la sana doctrina. 2 Tim. 4, 2-3.

Queridos hermanos, la traición de Judas y posterior suicidio, movió al Señor a proveer a los Apóstoles del nuevo sustituto, Matías, como lo refiere el capítulo primero de los Hechos de los Apóstoles. Cuando  uno falta a la fe, a su responsabilidad del cargo que ostenta en la Iglesia, entonces el Señor llama y escoge  a otro en su lugar. Así dice el Apocalipsis (3, 11): Guarda bien lo que tienes, no sea que otro se lleve tu corona. Con cuánto temor y humildad hemos de ejercer nuestra responsabilidad sacerdotal, episcopal, pastoral en general, viendo el peligro que tenemos de perder lo que tenemos y que otro ocupe nuestro lugar, así le sucedió al desventurado Judas por quien dijo el salmista (108, 8): Sean cortos sus días y sucédale otro en el ministerio.

En materia de fe, los errores del entendimiento ordinariamente nacen del desorden del corazón. Siempre se pegan a la fe las enfermedades del alma, he aquí la avaricia de Judas. Después que se deja de vivir según a la fe, ya no hay pasión que no ciegue al alma. Basta pensar en las herejías y los herejes para comprobar que la ceguedad  fue efecto de la corrupción de las costumbres. Los herejes siempre han alzado la voz de la reforma. No ha habido heresiarca que no criticara la relajación apareciendo con la máscara de la reforma de costumbres, dando lugar posteriormente a la más espantosa relajación y perversión de sus propias costumbres.

La sana doctrina es la primera desavenencia del corazón corrompido, encontrando únicamente alimento en lo pernicioso. No quieren corregirse, ni arrepentirse, no quieren sanarse de su orgullo, sino confirmarse en su error. Una vez que la pasión ha hecho su asiento en el corazón ya es imposible buscar la virtud, sino por el contrario, argumentar siempre a favor de la justificación del error. Al que anda descarriado en su orgullo y soberbia, tal le da ir hacia delante que hacia atrás. Ese es su camino, hacia delante y hacia atrás. No quieren cambiar sino justificarse de que están en la verdad, su verdad.

El protestantismo sólo tiene su razón de ser atacando al catolicismo. Sólo se justifica despreciando la sana doctrina de la fe católica, denigrándola, justificando su perseverancia en la herejía como razón de ser de la reforma de las costumbres corrompidas (¿) de  la Iglesia católica. Los que se erigieron en reformadores han terminado corrompidos en sus costumbres. Irreconocibles a la luz de Jesucristo. Todas las debilidades humanas, concupiscencias de la carne, corrupción de la moral y costumbres han tenido cabida en ellos, las justifican y las predican. Indocilidad, orgullo y obstinación les acompañan. Pretenden ser artífices de su propia salvación buscando y siguiendo caminos distintos y opuestos a los que Jesucristo señaló. Se han forjado un Evangelio al gusto de sus pasiones y de sus deseos; por lo cual ya no hay quien les recrimine ni afee sus actos y costumbres. La herejía ha asentado perfectamente su camino sinuoso, le da igual ir de una lado a otro, de izquierda a derecha, o de derecha a izquierda, lo que le importa es la justificación de sus pasiones que le llevaron al error.

La situación actual de la Iglesia tiene difícil parangón en  su historia. La sana doctrina ya no es predicada, y en su lugar la corrupción de costumbres es ensalzada, justificada, enseñada e, incluso, impuesta. La perversión moral ha tomado asiento en el seno de la misma Iglesia. Cardenales, Obispos, sacerdotes, religiosos, enseñando el error, contraviniendo la verdad del Evangelio y del Magisterio, abrazando lo que el mundo les pide y exige: la inmoralidad y concupiscencia de la carne. Pecadores públicos, orgullosos de su pecado, son recibidos entusiastamente  por altas jerarquías de la Iglesia que confirman su pecado, pues ninguno ha manifestado su arrepentimiento de la ofensa a Dios que representa su pecado, todo lo contrario, manifiestan su regocijo por la visita.

Ya no enseñan ni quieren oír la sana doctrina de  Jesucristo. El escándalo se repite una y otra vez en la Iglesia. Escándalo tras escándalo, sin discontinuidad. Error tras error. Pecado tras pecado. Flaqueza tras flaqueza. Justifican el error, ejemplo tienen en los protestantes, maestros en la materia.

El Señor nunca puso a los hombres por modelo, y sólo nos dijo: Sed perfectos como lo es vuestro Padre celestial; ni aun de los mismos que nos enseñan nos mandó que imitásemos los ejemplos, antes expresamente nos previno de lo contrario. Lo malo siempre es malo. La Palabra de Dios no cambia. Sus Mandamientos son inamovibles, por más que les pese a  muchos en la Iglesia. El camino de salvación está trazado por nuestro Señor Jesucristo, no por el hombre. El camino es recto y es el mismo desde que el Señor lo indicó con sus divinas Palabras: cumplir con los Mandamientos de la Ley de Dios, es decir, hacer lo mismo hoy que ayer y que mañana. Así sabremos que hacemos la voluntad de Dios guiados por el Espíritu Santo.

La sentencia del Apocalipsis permanece en pie para todos nosotros, Pastores en general: Guarda bien lo que tienes, no sea que otro se lleve tu corona. El Señor nos sustituirá si le hemos traicionado, sino conservamos la fe, la sana doctrina. Pero lo hará sólo como Él puede hacerlo, y que desconocemos como será. Pero lo que sí es cierto que ocurrirá.

Con mis labios he pregonado todos los decretos de tu boca. Me he alegrado por el camino de tus amonestaciones más que por todas las riquezas. Quiero meditar tus preceptos, considerar atentamente tus caminos. Me deleitaré en tus estatutos, no me olvidaré de tu palabra  (Sal.118, 13.16).

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa.

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.