A la señora Clinton, Hillary Diane por nombre, metida en política desde toda su vida – desde casi toda-, y “famosa” a su pesar por el tristemente episodio de su marido con una becaria en la Casa Blanca, animada o alucinada en su viaje a convertirse en la primera mujer Presidenta de los EEUU de Norteamérica –su marido, si vive para entonces, se convertiría en el Primer Damo de la historia de ese país-, no se le ha ocurrido otra cosa que proponer a las fuerzas políticas mundiales –que las hay, ¡vaya si las hay!- que vayan estudiando cómo arrinconar a la Religión en la vida y cultura de los pueblos. Por dañina.

Lógicamente, no sé qué títulos tiene para proponer semejante disparatón; aunque pienso que, siendo quizá “culta” en otras disciplinas, no debe ser siquiera muy leída en estos temas de “religión y cultura”, de “historia de las religiones”…; ni ha debido ver los videos de las tomas de posesión de los últimos Presidentes de su país, que lo primero que hacen, para prestar “juramento” –no debe saber tampoco que es un término estrictamente religioso, y que de ahí ha pasado a la vida civil-, se consiguen una BIBLIA  –no debe saber tampoco lo que es, seguramente; ¿un libro de recetas de cocina?- y se traen un pastor del rebaño correspondiente para que haga una oración pública –tenía que ver la cara de Zapatero, presente en la última- de acción de gracias… ¡a Dios! –que no debe tener nada que ver con la Religión, ni con los hombres-, y de petición de ¡bendiciones!

Tampoco debe saber que la Constitución estadounidense pone al país y sus gentes en manos de Dios: Norteamérica nació “ya” como nación CRISTIANA –cosa que no puede decir ninguna nación europea-, y tampoco lo debe saber la Hillary Diane.

Ni le ha debido llegar noticia alguna –les pasa a toda la progrez, por otro lado- sobre los reiterados intentos, incluida la persecución sangrienta, de borrar de la faz de la tierra, y de las conciencias de los hombres, a Dios y a su Iglesia; y ya de paso, a cualquier iglesia. Los últimos intentos han venido de la mano del marxismo-comunismo, que le ha costado a la humanidad la friolera de 120 millones de muertos, uno por uno, y que se sepa. De los que no ha habido noticia no se ha podido contabilizar.

No vamos a recordarle que la dimensión religiosa, y ética, de la persona humana no es una creación del hombre, sino que la persona ES religiosa, como es racional, o como es una persona que ama: está todo eso, y más en su naturaleza. Pero tampoco lo debe saber.

Por mi parte, no tengo noticia alguna sobre qué le habrá hecho la religión a la susodicha señora…; pero ha debido ser algo muy gordo, dada la inquina que manifiesta. Y, la verdad, es que, por lo que respecta a la Iglesia Católica, que es la única que conozco y en la que vivo, es la institución que, a nivel mundial, más atiende a todos los necesitados, poniendo especial hincapié y amor en los que nadie quiere atender.

No deja de sorprenderme las ansias de sangre de la progrez -antes circunscrita únicamente a las izquierdas; hoy, que ya no hay derechas, todas las manos están igualmente manchadas por  las “aportaciones”, “conquistas” y “libertades” de la progrez-; unas ansias que no solo no se sacian nunca, sino que, y por eso mismo, siempre buscan y provocan más sangre.

Los millones de abortos, los miles y miles de eutanasiados, los millones y millones de muertos que traen las guerras…, y todo esto y más, contabilizado únicamente en el siglo anterior. Y la cuenta, suma y sigue en este siglo casi recién estrenado, com quien dice.

Bueno, pues es tal la sed de muerte –insaciable por caudaloso que sea el río de sangre que han provocado- que quieren MATAR A DIOS.

Pobrecillos. No se dan cuenta que, como dijo tan atinadamente el Papa Benedicto XVI, “allí donde se mata a Dios el hombre peligra”. A todos estos les va a pasar lo que les pasó a los “padres” de la Revolución francesa: que fueron pasados por la guillotina por sus propios “hijos”. No dejaron títere con cabeza. Y tuvo que venir Napoleón a decirles a todos: “se acabó, aquí mando yo”.

Y mandó, claro. ¿Qué? ¡IR A LA GUERRA!

¡¡¡Animalicos!!! Que diría Paco Martínez Soria, q.e.g.e.

Padre José Luis Aberasturi y Martínez