Queridos hermanos, el 8 de diciembre del año 2007 la Congregación del Clero publicó un documento titulado: Adoración, Reparación, maternidad Espiritual para los Sacerdotes. El documento desea que surja un movimiento espiritual que tomando conciencia del vínculo ontológico entre Eucaristía y Sacerdocio, y de la especial maternidad de María hacia todos los sacerdotes, haga nacer una cadena de adoración perpetua para la reparación de las faltas y para la santificación de los clérigos como inicio de compromiso de las almas femeninas consagradas para que, sobre la tipología de la Santísima Virgen María, madre del Sumo y Eterno Sacerdote y Socia de su obra de Redención, quieran adoptar espiritualmente a sacerdotes con la ofrenda de sí, con la oración y penitencia.

La vocación a ser madre espiritual para los sacerdotes es demasiado poco conocida, escasamente comprendida y, por tanto poco vivida a pesar de su vital y fundamental importancia. Esta vocación a menudo está escondida.

El sacerdote necesita estar animado de las virtudes de los santos y ejemplares sacerdotes,  de una piedad ardiente y de un vivo espíritu de sacrificio. Y muy especialmente debe sentirse hijo predilecto de la Santísima Madre. No puede haber santo sacerdocio sin un amor predilecto por la Santísima Virgen, sino existe una íntima relación del sacerdote con Ella, sino hay una constante invocación a su protección maternal. Nuestra Madre irá formando al sacerdote según el Sagrado Corazón de Jesús; sólo Ella puede asistir a su hijo sacerdote en su ministerio, al conocer perfectamente las deficiencias, carencias, imperfecciones del hijo. Con qué amor y dedicación la Santísima Virgen toma a su cuidado al sacerdote que quiere ponerse bajo su amparo.

La maternidad espiritual para los sacerdotes mira a la Madre para que a través de la oración, sacrificio, adoración eucarística, se desborde una fuente de gracias  para aquellos sacerdotes que hayan adoptado como hijos espirituales. Ser madre espiritual requiere amar profundamente a nuestra Santa Madre Iglesia, comprender la importancia insustituible del sacerdote,  la importancia de su santidad, de su celo por la salvación de las almas.

¿Qué ha de adornar a una madre espiritual? Humildemente pienso que esencialmente lo siguiente:

Ferviente deseo de oración.

La convicción de la eficacia de la oración que llega al Cielo cuando proviene de un corazón sencillo y humillado, pues Dios no lo desprecia. Una madre espiritual es un alma de oración que busca el retiro, el silencio, la intimidad con el Señor; tiene plena convicción que la oración es escuchada y sabe que el Espíritu Santo es quien actúa y obra.

La madre espiritual ora, espera y confía. No se inquieta ni perturba. Persevera siempre en la oración, pues sabe que ese es su cometido esencial, orar, orar y pedir por la santificación sacerdotal y las vocaciones sacerdotales.

La madre espiritual, dentro de sus ocupaciones personales, sabe buscar el tiempo de oración, porque sabe que en ella están los frutos de su vocación. Piensa en los sacerdotes encomendados a su cuidado que necesitan de ella y de su oración para que perseveren  fielmente en su sacerdocio, para que se fortalezcan  en sus debilidades, para que se sientan apoyados en sus decaimientos, para que sientan la fuerza de la gracia del orden sacerdotal que les impulsa hacia la santidad sacerdotal.

Si es ama de casa sabe, dentro de sus quehaceres propios, tener su corazón en oración en los momentos adecuados y sin que nadie se percate de ello. Aun cuando no pueda disponer de más disponibilidad para la oración y el retiro como ella quisiera, ofrece al Señor su ferviente deseo de santificación de los sacerdotes y de vocaciones sacerdotales.

Sacrificio y penitencia.

La madre espiritual ha de conocer y vivir la reparación para poder reparar tantas ofensas y agravios al Sagrado Corazón de Jesús ante tantas infidelidades y debilidades sacerdotales. Ha de compensar con su amor al dolorido Corazón de Jesús que sufre y sangra ante tantas traiciones de quienes deberían ser reflejos de Él en Su Iglesia. Por ello, la madre espiritual ha de estar siempre dispuesta a la penitencia y al sacrificio, que puede ofrecer en tantas y tantas cosas de la vida ordinaria; no ha de rechazar las cruces que Dios le pueda enviar sino aceptarlas como parte fundamental de su vocación materno – espiritual.

Una madre espiritual es una  mujer que estando en el  mundo no es del mundo porque no se deja atrapar por sus falsos encantos, no sigue las modas, pues tiene su corazón en el Señor y en sus hijos espirituales; trata de santificar todas sus acciones, aun las más sencillas y simples; sabe privarse de esto que le gusta y hacer aquello que no le gusta, pero hace tanto una cosa como la otra porque conoce el valor y la necesidad de la reparación y quiere reparar para desagraviar al Sagrado Corazón de Jesús, Sumo y Eterno sacerdote y santificar a sus hijos espirituales.

Adoración eucarística.

La madre espiritual debe saber que en la Sagrada Hostia está Cristo presente realmente, y ante tal  inaudita realidad sabrá estar anonada de amor, devoción y respeto. Contemplará en ella al Sagrado Corazón que late por amor a sus hijos sacerdotes llamados  a ser reflejos Suyos; pero también late por todos. En Su Divino Corazón están albergados todos los pecados de los hombres que Él ha querido llevar sobre Sí  para reparar. Su Divino Corazón sangra por los pecados que no cesan esperando almas que quieran consolarle adorándolo, reparándolo, ofreciéndole amor, pureza y oración.

Ante la Sagrada Hostia se sentirá ante el Sacerdote eterno, pues toda la vida de Nuestro Señor es una vida sacerdotal que mira al sacrificio del Calvario, pues hemos sido redimidos con Su Preciosa Sangre en lo alto de la Santa Cruz. En la Sagrada Hostia, Jesucristo, ejerce su Sacerdocio pues en ella está contenida toda su obra redentora; contemplar la Sagrada Hostia es contemplar su vida sacerdotal desde la encarnación hasta el Calvario y Su Divina Resurrección.

Santo Sacrificio de la Misa.

La madre espiritual ha de saber que el sacerdote lo es esencialmente para el sacrificio de la Misa. Ha de vivir la Santa Misa con grandísima devoción, fervor y respeto. La Santa indignamente oficiada por el sacerdote es el mayor ultraje que se le hace a Nuestro Señor, por ello, la madre espiritual será muy consciente de la gran importancia de la Santa Misa dignamente oficiada, con la dignidad que requiere tan gran misterio; la madre espiritual no será complaciente con los abusos litúrgicos, ni mucho menos participará de ellos.

En la Santa Misa está el sacerdote ejerciendo lo más grande e importante de su ministerio, es el momento especial de santidad sacerdotal, es cuando más íntimamente está unido a Jesucristo, Nuestro Señor. Esta es la razón por la cual la madre espiritual vivirá con gran unción y santidad la Santa Misa.

Amor a la Santísima Virgen, Madre de Jesucristo Sacerdote.

La madre espiritual ha de tener un amor especialísimo a la Santísima Virgen, Madre del Sumo y Eterno Sacerdote. A Ella recurrirá en su especial maternidad espiritual, intentando que su vida sea un reflejo de Ella. Tratará de imitar sus virtudes, al menos no dejará de pedirlas. María es el camino para llegar al Hijo, es la Medianera de todas las gracias, es la Mediación de todo lo que Dios, Todopoderoso, quiere otorgarnos. La madre espiritual recurrirá a María es sus peticiones consciente de Su poder de intercesión y como mediación de todas las concesiones divinas.

Así como María todo lo guardaba en su corazón, también la madre espiritual, sabrá perseverar en su misión de orar por sus hijos espirituales, poniendo todo en manos del Señor, sin inquietarse más que en ser fiel a su maternidad espiritual.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa.