ONE PETER FIVE

“Mi país necesita saber que Dios es tan hermoso” -FSSP celebra 500 años de catolicismo mexicano

El 3 de mayo de 1518, la fiesta de la Invención de la Santa Cruz, una expedición española enviada desde Cuba al mando de Juan de Grijalva desembarcó en la costa de la isla de Cozumel. Aunque no pudieron permanecer mucho tiempo a causa de la hostilidad de los nativos, el Padre Juan Díaz, un sacerdote diocesano de Sevilla, pudo celebrar la primera misa en lo que ahora es el territorio de México.

P. Díaz más tarde murió mártir a manos de los nativos caníbales, pero no sin antes poder bautizar, con la ayuda de varios compañeros, 1.100.000 almas. [1] Casi un año después, la famosa expedición de Hernán Cortés, con unos 600 españoles, desembarcó en la parte continental de México en Veracruz, llamado así porque los españoles desembarcaron el Viernes Santo de 1519. Les tomaría un poco más de dos años derrocar al imperio azteca comienza la notable historia de México católico. [2]

Del 4 al 6 de mayo de 2018, la isla de Cozumel fue sede de las festividades en honor al 500 aniversario de la primera misa en México. La Fraternidad Sacerdotal de San Pedro tuvo el honor de celebrar una misa solemne en la iglesia parroquial cerca del sitio de la primera misa en México según el mismo rito en que el Padre Juan Díaz solía ofrecer misa allí 500 años antes. En estos días, Cozumel es principalmente un destino turístico. Y la Misa, para muchos que pasaban, fue otra atracción curiosa. Después de la Misa, el recientemente ordenado Padre James Smith, FSSP dio su primera bendición sacerdotal, y se impartió una bendición con las reliquias de los mártires cristeros que fueron traídos del apostolado FSSP en Guadalajara. Un sacerdote que asistió y que recientemente había completado 50 años de ordenación sacerdotal comentó que la misa y las bendiciones le recordaron cariñosamente su primera misa hace medio siglo.

En lugares como México, que tienen una historia católica tan gloriosa pero, al mismo tiempo, año tras año, parecen estar sufriendo grandes pérdidas de miembros, parece que se debe reavivar una chispa. Dios no permita que el heroísmo de hombres como Cortés y el Padre Juan Díaz termine siendo en vano. Qué vergüenza sería si el país al que ayudaron a conquistar para Cristo termine secularizándose, protestantizándose o regresando al paganismo del cual fue rescatado.

Una nueva evangelización es definitivamente necesaria; una nueva evangelización tal vez que utilice los métodos que resultaron tan efectivos hace 500 años. Sería difícil identificar otro momento en la historia de la Iglesia cuando hubo una conversión tan impresionante y completa de todo un pueblo como ocurrió en México. Y fue hace menos de cien años cuando esta tierra fue regada con sangre de tantos mártires, tanto clérigos como laicos, que prefirieron sufrir las torturas más ignominiosas en lugar de que se les arrebatara la Misa.

Hoy, por otro lado, varias sectas están creciendo rápidamente en México, prevalece la ignorancia de la fe y las prácticas de la nueva era y el ocultismo van en aumento. En mi último día en Yucatán, celebré misa en una pequeña capilla en la ciudad turística de Playa del Carmen. La capilla tiene una ventana de vidrio transparente detrás del altar, de modo que cuando uno celebra misa ad orientem, mira hacia el océano por donde la fe católica llegó por primera vez desde el este hace cinco siglos. Ese día, mi recuerdo en la misa fue perturbado por un grupo de personas vestidas de indios que realizaban danzas paganas para los turistas. Después de 500 años, uno no puede evitar preguntarse si las cosas han cerrado el círculo. ¿Cómo habría respondido Cortés a semejante espectáculo? Sin embargo, sigue siendo evidente que muchos mexicanos todavía tienen hambre espiritual. El catolicismo echó profundas raíces en esta cultura que son difíciles de extirpar por completo.

Después de los eventos en Cozumel, el grupo misionero formado por cuatro sacerdotes y siete laicos se dirigió hacia el norte y el interior. Con la ayuda de Una Voce México, grupos de fieles en las ciudades de Mérida y Campeche solicitaron la celebración de la misa tradicional, y ahora venimos a brindarla. El párroco de la parroquia de Santa Lucía en Mérida, como tantos sacerdotes en América Latina, dice seis o más misas todos los domingos. Por lo tanto, se alegró de que llegaran cuatro hombres con sotana para ayudar. Sin dudarlo, nos preguntó si nos gustaría decir más de las misas de la parroquia ese domingo y ayudarlo con las confesiones. Aceptamos con gusto. La pequeña capilla estaba demasiado llena para la misa solemne de mediodía y la gente estaba parada en la puerta mirando con asombro.

Después de la misa y la bendición con las reliquias de los mártires cristeros, los fieles expresaron su gratitud y nos suplicaron que regresáramos prontamente a Mérida, la ciudad que alberga la primera catedral de América continental. Esa noche, parte de nuestro grupo misionero se abrió camino otras dos horas al oeste a la ciudad de Campeche, donde se ofreció otra misa cantada. Allí, también, la gente estaba inmensamente agradecida y el sacerdote que nos recibió en su parroquia expresó su deseo de que hagamos visitas regulares.

¡Qué bendición haber podido participar en esta peregrinación por el 500 aniversario del catolicismo en México! Siempre es impactante, y es algo que he presenciado en varias partes de América Latina, ver la alegría de las personas que experimentan la belleza de las tradiciones de la iglesia por primera vez o por primera vez en mucho tiempo. Es un signo de gran esperanza y posibilidad. Es evidente que hay una gran hambre entre muchas personas por una experiencia de su fe que es, al mismo tiempo, más trascendente y más sólida. Como un hombre que conocí recientemente, que nació y creció en México, me dijo con lágrimas en los ojos después de una misa que celebré en su parroquia: “Siempre supe que era católico, pero hasta que encontré la misa tradicional nunca me di cuenta de que mi religión era hermosa, que Dios es hermoso y tiene que ser así. Mi país necesita saber que Dios es tan hermoso”.

En cierto sentido, el estado de hambre espiritual es muy similar ahora, como lo era hace 500 años, y fue precisamente ese anhelo interior, alimentado por la intervención divina, lo que permitió una tan fructífera cosecha de conversión.

Para aquellos que quieran ayudar al trabajo misionero de FSSP en México, visiten http://www.missiontradition.us/ o su página de Facebook en https://www.facebook.com/FSSPMexico/.

NOTAS:

[1] Placa en el sitio de la primera misa celebrada en México, San Miguel Cozumel.

[2] México, Tierra de los volcanes, Kindle 28-62. 

(Traducción:  Rocío Salas. Artículo original)

 

Padre Daniel Heenan

Miembro de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro. Es vicario de la cuasiparroquia personal de San Pedro en Cadenas en Guadalajara, México
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