El 4 de octubre de este año, Voice of the Family, asociación de organizaciones pro vida y profamilia, celebró una mesa redonda en Roma para abordar cuestiones críticas para la Iglesia y para la familia en vísperas del Sínodo de Obispos para la Amazonía. El informe de LifeSiteNews se puede leer aquí. Seguidamente reproducimos el texto completo de la ponencia que pronunció Michael Voris.

4 de octubre de 2019 .– El papa Francisco ha traído tanta confusión al mundo y a la Iglesia que es preciso que lo reconozca. Y que abdique.

El cargo de pontífice tiene como fin concreto ser un signo de unidad en la Iglesia. No me refiero a unidad en el sentido de se haga la voluntad de la mayoría, sino a una aglutinación, una cohesión de la Fe de siempre hecha manifiesta en el tiempo presente. Da igual que se esté en el siglo IX, el XVI o el XXI.

Inevitablemente, esto supone casi siempre un conflicto con el mundo, con lo que los teólogos con frecuencia han llamado espíritu de los tiempos, añadiendo: «Quien se casa con el espíritu de su época enviudará en la próxima».

Independientemente de cuáles sean sus intenciones, no se ve que el papa Francisco  reconozca el cometido fundamental que tiene como pontífice; la Iglesia no es de su propiedad, como no la ha sido jamás de ningún papa, nación, ideología política o época. La Iglesia es atemporal precisamente porque no se casa con ninguna época.

Del mismo modo, expresa verdades atemporales, verdades que trascienden el tiempo, que no dependen de ningún momento o lugar.

Pero desde los primeros días de su pontificado este papa (de hecho, desde el primer mes en que ejerció) ha llevado a la Iglesia a ajustarse a una especie de teología falsificada que se basa en una ideología atea, que prescinde de Dios. Y en su prisa para implementarla, se ha rodeado de clerizontes desvergonzados, algunos de los cuales han sido cómplices por participación o por encubrimiento en abusos de menores y jóvenes, en su mayoría varones.

La doctrina de la teología de la liberación, surgida de las entrañas de la KGB y desatada en Hispanoamérica en una tentativa soviética de desestabilizar el catolicismo en el continente, es inevitablemente antioccidental.

La civilización occidental fue construida por la Iglesia Católica tras el desplome del Imperio Romano de Occidente. Esta civilización se centraba más que nada en Dios, no en el hombre.

Reconocía que lo que el hombre de hoy tan alegremente pregona por ahí como un concepto universal de derechos no tiene la menor base de sustentación si no hunde sus raíces en Dios y su ley natural.

La única liberación que puede traer una teología verdadera consiste en liberar de una antropología incorrecta que hace al hombre esclavo de conceptos meramente modernistas para los que igualdad equivale a justicia.

Sea consciente o no de ello, el Santo Padre ha enmarañado a la Iglesia en una filosofía antidiós, absolviendo un sistema político que tiene como meta principal derrocar a Dios y todo lo que sea sagrado.

Por necesidades de coyuntura, dicho sistema se hace pasar  como si sus raíces estuvieran en un entendimiento más cabal de Dios y de la relación del hombre con el mundo. Y ese sistema es erróneo.

No se trata de una postura teológica. No es un sistema teológico. Es puramente político, pero ha elegido por el momento esconderse tras la fachada de un discurso de apariencia teológica.

Es un sistema que se conoce por nombres diversos, y por lo tanto es una especie de camaleón ideológico, capaz de adaptarse para salir lo mejor parado posible en todo sondeo o encuesta.

Llámese socialismo, mundialismo, teología de la liberación, ambientalismo o como sea, es un mismo movimiento visto desde ángulos diferentes. En el fondo es una elevación del hombre o de la creación por encima de Dios, queriendo hacer ver que Dios creador desea tal cosa.

El Papa es cabeza de la Iglesia Universal. No de la iglesia mundialista.

La Iglesia Universal abarca el tiempo y la eternidad. La mundialista está casada con el tiempo y las ideologías políticas.

No sólo eso; el mero concepto que la Iglesia promueve el discurso mundialista es chirriante para los oídos y la sensibilidad católica. Lo mismo que sucedería si se presentara a la Iglesia Universal como una iglesia capitalista o socialista, o ambientalista.

La Iglesia fundada por Dios es mayor que todo sistema político de hechura humana, y no cabe por tanto en ningún sistema ni filosofía artificiales, temporales o pasajeros.

La Iglesia no se somete a ningún orden terreno. Esto significa que el Obispo de Roma, sea quien sea en un momento dado, tampoco debe otra cosa al mundo que proclamar la Verdad eterna.

Las Naciones Unidas no están por encima de la Santa Iglesia Católica. La marxista teología de la liberación no está por encima de la Santa Iglesia Católica. El capitalismo salvaje no está por encima de la Santa Iglesia Católica.

Una alianza de cooperación entre las naciones, que disminuye o incluso elimina las soberanías nacionales, no está por encima de la Santa Iglesia Católica. E igualmente, y mucho más todavía, un planteamiento cooperativo de las religiones en aras de algún bien imaginado tampoco está por encima de la única religión verdadera.

El pontificado actual ha perdido casi totalmente de vista la obligación que tiene para con el mundo: conducir a la criatura que es cima de creación, hacia el Creador, a la salvación.

Este supuesto Sínodo de Amazonia no tiene otra finalidad que culminar la labor de los revolucionarios infiltrados en la Iglesia que empezaron a socavarla hace muchas décadas.

En vista de que el papa Francisco, en lugar de ocuparse en atajar este mal ha contribuido a agravarlo, los católicos sensatos y fieles, sean o no conservadores en política, de EE.UU. o de otras naciones –ya que estas clasificaciones tienen un alcance mucho más reducido que el amor que todos profesamos a la Fe de siempre–, declaramos que el papa Francisco ha hecho dejación de sus sagradas funciones y es preciso que dimita.

Ello se hace cada vez más patente cada vez que hace una de sus afirmaciones de pasada, una exhortación, un consistorio, un nombramiento, una reestructuración de la Curia o cualquier otra cosa.

El papa Francisco y sus aliados en el clero están creando una organización mundialista que se oculta tras una fachada católica. Lo que está surgiendo no es en modo alguno católico. Es necesario derribar la fachada y que de una vez por todas prevalezca la verdad.

Muchas gracias.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada. Artículo original)