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Monseñor Peña Parra. ¿Cómo puede estar en la Secretaría de Estado Vaticana?

En una reciente intervención mía con ocasión de la Conferencia sobre la Identidad Católica celebrada en Pittsburg hablé del eclipse que está entenebreciendo la Iglesia de Cristo superponiéndole una antiglesia de herejes, corruptos y fornicarios. El católico sabe que la Iglesia tiene que seguir las huellas de su Jefe Jesucristo por la vía de la Pasión y de la Cruz, y que los últimos tiempos se caracterizarán por una gran apostasía que afectará al cuerpo de la Iglesia hasta en su cúpula dirigente. Así, del mismo modo que el Sanedrín creía haber derrotado a Nuestro Señor en el Gólgota haciéndolo condenar a muerte por parte de Pilatos, el sanedrín vaticano actual cree que podrá derribar la Iglesia entregándola en manos de la tiranía mundialista anticristiana.

Por tanto, debemos evaluar con mirada sobrenatural cuanto actualmente sucede, a la luz de la batalla que la élite está librando contra la civilización cristiana. El ataque iniciado desde el exterior contra el monolito católico se ha transformado a partir del Concilio en una infiltración capilar mediante el estado profundo en la sociedad civil y mediante la iglesia profunda en la religiosa. El enemigo ha logrado introducirse en el Estado y en la Iglesia y llegar hasta sus más altos niveles, tejiendo una red de complicidades y consentimientos que tiene a todos sus miembros atados por medio de chantajes, y los ha escogido precisamente por su corruptibilidad. No es casual que los funcionarios honrados sean por norma impedidos, marginados y hechos objeto de ataques.

En las últimas semanas la prensa ha dado a conocer el enésimo escándalo financiero vaticano, a raíz del cual Jorge Mario Bergoglio ha retirado de su cargo oficial y privado de sus prerrogativas cardenalicias a Giovanni Angelo Becciu. Quien crea que esta destitución servirá para poner coto a la corrupción de la Curia romana se quedará desconcertado al saber que quien lo ha sustituido y debería corregir los desastres causados por la mala gestión y los turbios manejos de Becciu es todavía más pasible de chantaje que su predecesor. Esa posibilidad de ser chantajeado es el requisito indispensable para poder ser manipulado por quien, aunque se presente como reformador de la Iglesia y fustigador de un no mejor identificado clericalismo, se ha rodeado de hecho de personajes corruptos e inmorales, promoviéndolos y enturbiando las investigaciones de que son objeto.

Cuando llegó a Roma en 2018 llamado por Bergoglio para ejercer el cargo de sustituto de la Secretaría de Estado en el lugar de Angelo Becciu, el arzobispo venezolano ya era objeto de habladurías. Un informe ponía de relieve su conducta inmoral: cuando yo era delegado de las representaciones diplomáticas pontificias, me llegaron informes preocupantes sobre el monseñor, las cuales me apresuré a transmitir al sustituto Sandri. Hablé públicamente de ello en mi entrevista al Washington Post del 2 de mayo del año pasado, pero este diario decidió omitir lo que dije de Peña Parra. En vista de que no parece que los archivos comprometedores sobre él en el Vaticano vayan a ser consultados, intentaremos dar a conocer mejor el currículum que llevó a este monseñor a la Secretaría de Estado.

En vísperas de su ordenación sacerdotal, el joven Edgar Peña Parra era ya señalado como notorio homosexual, al punto de que en febrero de 1985 el arzobispo Roa Pérez  comunicó al rector del Seminario León Cárdenas que desde hacía tiempo había dudas sobre el aspirante al sacerdocio, desde apenas haber recibido indicaciones en tal sentido hasta haber tenido noticia de que en el tercer año de formación había sido expulsado del Seminario Santo Tomás de Aquino. Según el asistente espiritual padre Leyre, la noticia de dicha expulsión había sido ocultada por otro sacerdote, Roberto Lückert León, que habría falsificado el informe. Entre tanto, Lückert León fue creado arzobispo, actualmente emérito, de Coro, y es el poderoso presidente de la Comisión para las Comunicaciones Sociales de la Conferencia Episcopal Venezolana. Las advertencias  enviadas al superior de Peña Parra no impidieron que fuera ordenado sacerdote el 23 de agosto de 1985 ni que sucesivamente se lo enviara a la Academia  Pontificia Eclesiástica, donde se forman los futuros diplomáticos de la Santa Sede.

El 24 de septiembre de 1990 fue acusado de seducir a dos seminaristas menores de la parroquia de San Pablo, que ese mismo año iban a ingresar en el Seminario Mayor de Maracaibo. Los hechos tuvieron lugar en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, de la cual era párroco el reverendo padre José Severeyn. Fue denunciado a la policía por los padres de ambos jóvenes e interrogado por el director espiritual, el reverendo padre Enrique Pérez, y por el director espiritual, reverendo padre Emilio Melchor. El padre Enrique Pérez confirmó por escrito el episodio.

En agosto de 1992, cuando era alumno de la Academia Pontificia Eclesiástica, Edgar Peña Parra estuvo implicado junto con el citado José Severeyn en la muerte de dos personas: un médico y un tal Jairo Pérez, fallecidos por descarga eléctrica en la isla de San Carlos, en el lago Maracaibo. En el dosier consta el detalle de los cadáveres fueron encontrados desnudos, víctimas de macabras prácticas homosexuales. Posterioremente Severeyn fue apartado de la parroquia por el entonces arzobispo Roa Pérez y nombrado canciller de la archidiócesis, con lo que se encontró en situación de poder destruir o falsificar los documentos relativos al caso.

En enero de 2020, el periodista maracucho Gastón Guisándes López formuló graves acusaciones contra algunos sacerdotes homosexuales de la diócesis de Maracaibo, entre los cuales se encontraba Peña Parra. En 2001, Guisándes solicitó en dos ocasiones audiencia con el nuncio apostólico en Venezuela, monseñor André Dupuy, pero el nuncio se negó a recibirlo, y al año siguiente informé a la Secretaría de Estado de dichos escandalosos episodios, en los que estaba metido Edgar Peña Parra.

La documentación relativa al asunto se encuentra por tanto en los archivos de la Nunciatura en Venezuela, donde a partir de aquella fecha se han sucedido como nuncios los arzobispos Giacinto Berloco (2005-2009), Pietro Parolin (2009-2013) y el nuncio actual Aldo Giordano. Los tres han tenido a su disposición los documentos relativos a estas acusaciones de que fue objeto el futuro sustituto, de las cuales también han tenido conocimiento los secretarios de estado cardenales Tarsicio Bertone y Pietro Parolin, y los sustitutos Leonardo Sandri, Fernando Filoni y Giovanni Angelo Becciu.1

A pesar de los dosieres enviados a la Secretaría de Estado entre 2003 y 2007, Peña Parra ejerce funciones de consejero en la Nunciatura en Tegucigalpa; de ahí procede la relación con el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Madariaga y con monseñor Juan José Pineda, que fue consagrado obispo en 2005 cuando Peña Parra estaba en Honduras.

Madariaga es conocido por la prensa debido a escándalos financieros, entre los cuales destaca la estafa en perjuicio de Martha Alegría Reichmann, viuda del ex embajador de Honduras ante la Santa Sede.2 Este cardenal es uno de los principales consejeros de Bergoglio, y es un personaje clave en el consejo de cardenales al que se ha confiado la reforma de la Curia y de la Iglesia. Ha tenido un papel decisivo en nombramientos importantes, como el del cardenal Blase Cupich (junto con McCarrick) para Chicago y el del nuevo sustituto de la Secretaría de Estado, arzobispo Peña Parra. Recuerdo también que en abril de 2015 la fundación Open Society de Georges Soros donó 650 millones de dólares a dos organizaciones católicas progresistas, PICO y FPL, para «influir en obispos con miras a disponer de voces públicas que apoyasen mensajes de justicia económica y racial a fin de contribuir a crear una masa crítica de obispos alineados con el Papa». El cardenal Madariaga, relacionado con PICO, no fue extraño ni mucho menos a esta injerencia del sedicente filántropo en la política estadounidense con la complicidad del sector filobergogliano del episcopado.

Ambas organizaciones destinatarias de la donación fueron seleccionadas –explican los documentos– por estar embarcadas en proyectos a largo plazo que tienen por objeto «cambiar las prioridades de la Iglesia Católica estadounidense». La gran oportunidad se dio con la visita del Papa a los Estados Unidos, y la fundación de Soros aspira explícitamente a aprovechar las buenas relaciones de PICO con el cardenal hondureño Óscar Rodríguez Madariaga, uno de los principales consejeros del papa Francisco, a fin de conseguir que el Sumo Pontífice se comprometa en temas de justicia social y tener además la posibilidad de enviar una delegación al Vaticano antes de la visita de septiembre para hacer oír directamente al Papa la voz de los católicos más pobres de EE.UU.

Pineda es acusado por el contrario de delitos financieros y de abusos sexuales, así como de cultivar una red de relaciones con homosexuales (prostitutos incluidos) en Honduras y en el extranjero, a los cuales habría llegado a regalar apartamentos, automóviles, motos y viajes pagados con fondos de la diócesis. Se le acusa igualmente de defender y encubrir otros casos de abusos cometidos por sacerdotes. El 28 de mayo de 2017 un grupo de 48 seminaristas denunció una modalidad difundida y arraigada de prácticas homosexuales, lamentándose de los acosos de Pineda. Ni que decir tiene que Madariaga no ha querido hacer el menor caso de las acusaciones, a pesar del suicidio de un seminarista de Santa Rosa de Copán tras descubrir que su amante del seminario había entablado otra relación. Y eso no es todo; hay que recordar que en diciembre de 2017 Madariaga había encomendado a Pineda el gobierno de la arquidiócesis durante sus continuas y prolongadas ausencias de la diócesis, así como que la mayor parte de los encuentros sexuales de su auxiliar tenían lugar en Villa Iris, residencia del cardenal.

El mismo año de 2017, Pineda fue destituido del cargo de obispo auxiliar de Madariaga sin dar la menor explicación a los fieles de Tegucigalpa. El visitador apostólico monseñor Alcides Casaretto entregó a Bergoglio un voluminoso informe sobre él, junto con las acusaciones de un grupo de católicos escandalizados por el silencio de la Santa Sede.

De 1993 a 1997 Peña Parra fue enviado en misión diplomática a la nunciatura en Kenya. En 1995 es creado monseñor, y en 1999 se lo envía a Ginebra como miembro de la representación pontificia ante las Naciones Unidas. En 2002 es nombrado miembro de la nunciatura en Holanda, y en 2006 pasa a la nunciatura en México. En 2011 recibe la consagración episcopal y es nombrado nuncio en Pakistán, y posterioremente, en 2015, en Mozambique. El 15 de octubre de 2018 Bergoglio lo nombra sustituto en la Secretaría de Estado por recomendación del cardenal Madariaga.

Emiliano Fittipaldi recuerda en Domani que, según documentos de magistrados de la Santa Sede, Peña Parra habría desempeñado de 2018 a 2019 un papel fundamental en algunas decisiones financieras que causaron a las arcas vaticanas pérdidas por valor de más de cien millones de euros. Los magistrados hablan también de tratativas secretas del sustituto venezolano. Habría sido el propio Peña Parra, uno de los hombres más poderosos del Vaticano y escogido personalmente por Bergoglio, el que «abrió la puerta del gallinero a los zorros hambrientos», como dijo Fittipaldi.

Particularmente desconcertantes y graves parecen el comportamiento y las responsabilidades del Secretario de Estado cardenal Parolin, que no sólo no se opuso al nombramiento de Peña Parra como sustituto –es decir, como su principal colaborador–, sino tampoco anteriormente cuando fue nombrado arzobispo y nuncio apostólico en enero de 2011, siendo Parolin nuncio en Caracas. Con anterioridad a tan importante nombramiento se lleva a cabo un riguroso proceso de información para verificar la idoneidad del aspirante. Pero más inquietante aún es que Bergoglio escogiera para un cargo tan importante en la Iglesia a un colaborador acusado de tan graves delitos.

La recientes afirmaciones de Bergoglio sobre los matrimonios civiles de homosexuales; la impresionante cantidad de prelados homosexuales de los que se rodea incluso en la residencia de Santa Marta, empezando por el secretario personal de monseñor Fabian Pedacchio, de improviso destituido y desaparecido; los escándalos que surgen a diario sobre el lobby homosexual vaticano… todos estos elementos dan a entender que el argentino quiere legitimizar la ideología LGTBQ no sólo para apoyar el programa mundialista y demoler los principios inmutables de la moral católica, sino también para despenalizar los delitos y abusos de sus colaboradores, protegiendo el círculo mágico en que están metidos Madariaga, Pineda, Peña Parra, Zanchetta y toda la mafia rosa vaticana.

Me pregunto si el propio Bergoglio, cuya existencia muchos ignoraban hasta el 13 de marzo de 2013, no habrá sido chantajeado por parte de quienes se benefician impunemente de su clemencia. Así se explicaría el motivo por el que quien ocupa la Silla de San Pedro se ensaña tan despiadadamente con la Iglesia de Cristo mientras exhibe la mayor consideración con personajes notoriamente corruptos, pervertidos y casi siempre implicados en delitos sexuales y financieros. La alternativa, sobre cuya plausibilidad se van añadiendo día a día inquietantes datos– sería que la decisión de Bergoglio de rodearse de personajes viciosos y por tanto pasibles de chantaje sea deliberada, y que el fin último que persigue consista en demoler la Iglesia Católica para sustituirla por una especie de ONG filantrópica y ecuménica sometida a la élite mundialista. Ante semejante traición por parte de quien ejerce como pontífice, una labor eficaz de aclaración y transparencia no puede excluir a quien desde hace más de siete años proclama de palabra que quiere hacer una limpieza en el Vaticano.

1 Si noti che Sandri è stato creato cardinale nel 2007, Filoni nel 2012e Becciu l 2018

2 https://lanuovabq.it/it/maradiaga-i-soldi-e-lamico-abusatore-coperto

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Mons. Carlo Maria Viganò
Mons. Carlo Maria Viganò
Monseñor Carlo Maria Viganò nació en Varese (Italia) el 16 de enero de 1941. Se ordenó sacerdote el 24 de marzo de 1968 en la diócesis de Pavía. Es doctor utroque iure. Desempeñó servicios en el Cuerpo Diplomático de la Santa Sede como agregado en Irak y Kwait en 1973. Después fue destinado a la Nunciatura Apostólica en el Reino Unido. Entre 1978 y 1989 trabajó en la Secretaría de Estado, y fue nombrado enviado especial con funciones de observador permanente ante el Consejo de Europa en Estrasburgo. Consagrado obispo titular de Ulpiana por Juan Pablo II el de abril de 1992, fue nombrado pro nuncio apostólico en Nigeria, y en 1998 delegado para la representación pontificia en la Secretaría de Estado. De 2009 a 2011 ejerció como secretario general del Gobernador del  Estado de la Ciudad del Vaticano, hasta que en 2011 Benedicto XVI lo nombró nuncio apostólico para los Estados Unidos de América. Se jubiló en mayo de 2016 al haber alcanzado el límite de edad.

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