El Movimiento Espiritual del Santo Sacrificio de la Misa, en latín Motus Spiritalis Sancti Sacrificii Misae, M.S.S.S.M, surge como consecuencia de la imposibilidad de poder asistir con normalidad a la Santa Misa en su Forma extraordinaria, ante las grandes dificultades de que se oficie la Misa tradicional en las parroquias.

Tiene dos fines específicos; el fin reparador por las grandes ofensas a Nuestro Señor en los abusos litúrgicos, y el fin de impetrar al Padre eterno la gracia de que la Misa tradicional forme parte de la normalidad de la Iglesia, y de la vida de las parroquias en particular.

El M.S.S.S.M. Se articula en una oración que comprende las posturas corporales de la Misa y los textos más significativos. Esta oración puede hacerse individualmente o en grupo. Y la duración dependerá de los tiempos de meditación. Puede leerse sin meditar o meditando en los momentos indicados.

Tanto el archivo con los artículos normativos como el archivo del esquema de la oración pueden descargarse en el lugar indicado.

El Motus Spiritalis Sancti Sacrificii Misae pretende aunar a cuantos más miembros mejor con el fin de que surja un gran movimiento de fieles que no se resignen al NO de sus pastores ante un derecho avalado por el Magisterio eclesiástico. Que se alce un grito silencioso constante y perseverante: Sí a la Misa tradicional.

Esta oración pretende humildemente mantener vivo el recuerdo de la Misa tradicional allí donde no se oficie y a mantener viva la esperanza de su retorno.

La Iglesia la quiere. Dios la quiere.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Artículos introductorios
Esquema

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MOVIMIENTO ESPIRITUAL DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

Artículos introductorios

1. Ante la dificultad de poder asistir con regularidad a la Santa Misa en la Forma extraordinario, Misa tradicional, se constituye el Movimiento Espiritual del Santo Sacrificio de la Misa, en latín Motus Spiritalis Sancti Sacrificii Misæ (M.S.S.S.M.), con el fin de reparar los olvidos, ofendas, ultrajes y sacrilegios que recibe el Sagrado Corazón de Jesús en las misas indignamente celebradas, así como, también, reparar el Corazón Inmaculado dolorido de la Santísima Virgen al ver la tibieza de sus hijos preferidos en el Santo Sacrificio del Altar. Es fin también de este movimiento impetrar al Padre eterno el retorno de la Misa tradicional a la vida diaria de las parroquias, es decir, que exista la plena convivencia de las dos formas del único Rito Romano de la Misa.

2. Cada miembro de este movimiento, sólo o en grupo, se unirá espiritualmente a la Santa Misa tradicional que en ese momento se esté oficiando en algún lugar del orbe católico. Los miembros del movimiento se caracterizarán por la gran piedad, devoción, silencio y respeto que mantendrán en todo momento, teniendo presente en su corazón la grandeza y misterio insondable del Santo Sacrificio.

3. Los miembros del Movimiento han de vivir la Santa Misa, el Santo Sacrificio del Altar, la Oblación perfectísima de nuestro Redentor al Padre eterno, con los sentimientos del purísimo Corazón de María, Madre del Sumo y Eterno Sacerdote y Víctima, en la advocación de la Virgen de los Dolores o Santa María de la Quinta Angustia; y con los sentimientos de su castísimo y siempre virgen esposo San José, el elegido por Dios para sustentar la Humanidad de Jesús. El M.S.S.S.M. está indisolublemente asociado a San José y a la Santísima Virgen.

4. La Redención de Nuestro Señor consumada en el Calvario es la Obra más grande realizada por la Santísima Trinidad y la muestra más perfecta de amor del Sagrado Corazón de Jesús. Dios ha querido que esta Obra quedara hasta el fin de los tiempos en su Iglesia a través del Santo Sacrificio del Altar. Han de tener en cuenta todos que la Santa Misa es un verdadero Sacrificio, uno solo con el del Calvario pero Sacrificio; por tanto, en la Misa ocurre “algo”, es una acción donde tiene lugar un acontecimiento, la Obra redentora operada en el Calvario, y nosotros participamos de ese momento único, espiritual y real.

5. La única Iglesia de nuestro Señor Jesucristo, su Cuerpo Místico, es hija de María Y José, como lo fue Él. Dice San Pedro (1 Pe. 2, 5) que somos “piedras vivas edificados en casa espiritual –domus spiritalis– y sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios”. Por tanto, la Iglesia es Casa Espiritual, Casa del Espíritu Santo. De igual modo, cada miembro de este movimiento es domus spiritalis, casa del Espíritu Santo, pues son “templos del Espíritu Santo”; deben ser verdaderos Sagrarios donde el Señor permanezca constantemente, sólo así serán “piedras vivas” y verdaderamente reparadores.

6. No olviden los miembros del M.S.S.S.M. que la Iglesia se edifica en el Santo Sacrificio de la Misa, y al ofrecer el Sacrificio lo hace en el purísimo Corazón de María y de San José. Comprendan todos los miembros que cuando se ofende el Santo Sacrificio, se está ultrajando el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el Calvario, despreciando su Sagrado Corazón y el Inmaculado Corazón de María y a San José. Comprendan, también, todos la misión tan celestial que tiene la Iglesia y su grandísima responsabilidad. Como miembros del Cuerpo Místico de Cristo que son han de sentir el dolor al comprobar que el Sagrado Corazón de Jesús, en su máxima manifestación de Amor que es la Santa Misa, es ofendido y despreciado; aumentando con ello el deseo de reparar.

7. Conscientes los miembros del Motus Spiritalis Sancti Sacrificii Misæ (M.S.S.S.M.) del valor de la Santa Misa y de que han de ser verdaderas “piedras vivas” (domus spiritalis), piensen que al reparar participan del fin reparador del Santo Sacrificio del Altar, cooperan en la obra reparadora del Único Sumo Eterno Sacerdote y Víctima, pues unen su particular acto de reparación a Su Reparación perfectísima, contribuyendo a santificar y edificar la Santa Iglesia.

Artículos normativos

1. Reparar es compensar con nuestro amor las ofensas que se le infieren al Sacratísimo Corazón de Jesús de tan diversas formas. Por tanto, los miembros conscientes de su misión reparadora atenderán con solicitud a todo aquello que sea susceptible de ofender al Sumo y Eterno Sacerdote en el Santo Sacrificio del Altar.

2. Cuidarán, en primer lugar, la forma de vestir que deberá tener el pudor y la modestia que corresponde, pues mucho se ofende con la inmodestia y la falta de pudor, olvidando que el Señor quedó desnudo antes de ser crucificado.

3. Seguidamente, atenderán con escrupulosidad al silencio, con ello repararán las ofensas que se hacen al Señor por la habladurías innecesarias y la falta de atención.

4. Serán exigentes consigo mismo en cuanto a las posturas que adopten a lo largo del tiempo que dure la reunión, ya sea en la forma de sentarse, de estar de pie o de estar arrodillado. Con ello repararán tantas ofensas por las posturas del todo incorrectas, e incluso irreverentes, que se ven en las iglesias.

5. En el esquema de desarrollo del grupo de oración se indicarán otras acciones reparadoras.

7. El tiempo de duración estará condicionado por los espacios de meditación personal, en particular durante el inicio, el ofertorio, la consagración y la acción de gracias al final. Se puede, si las circunstancias lo exigen, seguir el esquema sin pausas de meditación, ni espera.

9. Han de tener muy presente que la Santa Misa es el misterio de nuestra fe. Es un misterio. Y como misterio sólo podemos acercarnos a través de las potencias del alma -memoria, entendimiento y voluntad- y de los sentidos espirituales, es decir, la vista espiritual, el oído espiritual, el olfato espiritual, el tacto espiritual… Únicamente podremos participar con fruto de este misterio de la Santa Misa, si la meditamos. Meditar la Misa es meditar la Oblación que de Sí mismo hizo Cristo en el Calvario y que se actualiza en el altar.

10. En el caso de ser más de un miembro el tiempo de duración se ajustará a los presentes en el grupo, estableciendo un tiempo determinado de meditación. Siempre un miembro del grupo dirigirá la oración. No se hablará en absoluto, los avisos serán con golpecitos con el puño o con un objeto apropiado, anunciando el inicio y la finalización de la meditación o de la acción que se esté realizando.

11. Tendrán muy presente que es muy importante la actitud interior para el mayor fruto de esta oración. Para ello mantendrán una actitud de docilidad especial para someterse a la voluntad divina, una actitud de reverente asombro ante la infinita Omnipotencia y Misericordia del Señor en este misterio de la Santa Misa, una actitud de profundo agradecimiento por tanto dones recibidos y muy en especial por habernos dado a su Santísima Madre como Madre nuestra y a San José patrono universal de la Iglesia.

12. No olvidarán en ningún momento que son almas reparadoras, lo que exige una forma particular de actuar en esta oración; también lo tendrán presente cuando asistan a la Santa Misa en su parroquia. El recordar con asiduidad que son domus spiritalis les ayudará a mantener la actitud reparadora.

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MOTUS SPIRITALIS SANCTI SACRIFICII MISÆ (M.S.S.S.M.)

MOVIMIENTO ESPIRITUAL DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

Esquema

1º. De pie. Se rezará la oración siguiente:

Corazón de Jesús, armoniosa cítara, en quien se complace la Beatísima Trinidad, inflámame con el amor divino en que te abrasas (Beato Bernardo de Hoyos).

Cor Iesu, cythara bene sonans, in quo tibi complacet Beatissima Trinitas, divino amore quo ardes, inflamma me.

2º. De rodillas. Un minuto para reparar por los que no se preparan para la Santa Misa.

3º. De rodillas. A continuación se santiguarán en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y recitarán el Confiteor en latín. Todas las oraciones en latín tienen el fin de reparar los olvidos y desprecios que se hacen a la lengua, por esencia, de la liturgia católica.

Confiteor Deo omnipoténti, béatæ Maríae semper Vírgine, beáto Michaéli Archángelo, beáto Joánni Baptístae, sanctis Apóstolis Petro et Paulo, ómnibus Sanctis, et tibi pater, quia peccávi nimis cogitatióne, verbo et ópere, mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. Ideo precor beátam Maríam semper Vírginem, beátum Michælem Archángelum, beátum Joánnem Baptístam, sanctos Apóstolos Petrum et Paulum, omnes Sanctos et te, Pater, oráre pro me ad dominum Deum nostrum.

4º. Sentados. Nos ha de acompañar una actitud de contrición. Meditar en la santidad de la Misa, en la Bondad infinita de Dios, y en nuestras faltas y pecados, en el deseo ferviente de asistir con la máxima santidad y limpieza posible de alma. Acudiremos a la Santísima Virgen para que nos guíe a lo largo de la Misa. Puede hacerse una lectura apropiada.

Forma más amplia: el tiempo de meditación no será inferior a 5 minutos.
5º. De pie. Credo.

Credo in unum Deum. Patrem omnipotentem, factórem caeli et terræ, visibílium ómnium, et invisibílium. Et in unum Dóminum Jesum Christum, Fílium Dei unigénitum. Et ex Patre natum ante ómnia sæcula. Deum de Deo, lumen de lúmine, Deum verum de Deo vero. Génitum, non Factum, consubstantiálem Patri; pero quem ómnia facta sunt. Qui propter nos hómines et propter nostram salútem descéndit de cælis.

Arrodillarse para adorar al Verbo encarnado

Et incarnátus est de Spíritu Sancto ex María Vírgine: ET HOMO FACTUS EST. Crucifíxus étiam pro nobis: sub Póntio Piláto passus, et sepúltus est. Et resurréxit tértia die, secúndum Scriptúras. Et ascéndit in cælum: sedet ad déxteram Patris. Et íterum ventúrus est cum glória iudicáre vivos et mórtuos: cuius regni non erit finis.

Et in Spíritum Sanctum, Dóminum vivificántem. Qui ex Patre, Filióque procédit. Qui cum Patre et Filio simul adorátur, et conglorificátur. Qui locútus est per Prophétas.

Et unam, sanctam, cathólicam, et apostólicam Ecclésiam. Confíteor unam baptísma in remissiónem peccatorum. Et exspécto resurrectiónem mortuórum. Et vitam ventúri sæculi. Amen.

6º. Sentados. Actitud de fe. Meditar sobre la firmeza de nuestra fe. Puede hacerse una lectura apropiada.

Forma más amplia: este tiempo de meditación no será inferior a 5 minutos.

7º. Sentados. Leerá la oración del ofertorio del pan que recita el sacerdote, uniéndose espiritualmente a él:

Recibe, ¡oh Padre santo, Dios omnipotente y eterno!, esta hostia inmaculada, que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a Ti, que eres mi Dios vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias, y por todos los presentes, y también por todos los fieles cristianos vivos y difuntos; a fin de que a mí y a ellos nos aproveche para la salvación y la vida eterna. Amén.

Súscipe, sancte Pater, omnípotens aeterne Deus, hanc immaculatam hostiam, quam ego indígnus fámulus tuus óffero tibi Deo meo vivo et vero, pro innumerabílibus peccátis, et offensiónibus, et negligéntiis meis, et pro ómnibus circumstántibus, sed et pro ómnibus fidélibus christiánis vivis atque defúnctis: ut mihi et illis profíciat ad salútem in vitam aetérnam. Amen.

Tras una pausa, leerá la oración de la ofrenda del vino:

Te ofrecemos, Señor, el cáliz de la salvación, implorando tu clemencia, para que suba como suave fragancia hasta la presencia de tu divina Majestad, por nuestra salvación y por la del mundo entero.

Offérimus tibi, Dómine, cálicem salutáris, tuam deprecantes cleméntiam: ut in conspectus divínae maiestátis tuae, pro nostra, et totíus mundi salute cum odóre suavitátis ascéndat. Amen.

A continuación realizará un acto interno de abandono y entrega a Dios. Meditará sobre ello; hasta qué punto estoy dispuesto a ofrecerme al Señor, a renunciar a todo lo que me impida unirme más a Él. ¿Estoy dispuesto a ser hostia con la Hostia, es decir víctima por los pecadores con la Víctima? Meditará en especial sobre la palabra RECIBE (hasta qué punto es mi entrega) del ofertorio del pan, y las palabras SUAVE FRAGANCIA (¿es mi ofrenda personal suave fragancia?) del ofertorio del vino. Se puede acompañar de lecturas apropiadas.

Forma más amplia: El tiempo de meditación no será inferior a 5 minutos.

8º. De pie. Dirá:

Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus Deus Sábaoth! Pleni sunt cæli et terra glória tua. Hosánna in excélsis.

Benedíctus qui venit in nómine Dómini! Hosánna in excélsis!

9º. De rodillas. Se unirá con gran devoción a la consagración del sacerdote. Estará en esta posición 1 minuto. Recordará que tiene lugar la Transubstanciación. Palabra ésta que repetirá mentalmente, considerando que la conversión del pan y del vino se realiza de forma instantánea tras las palabras de la consagración. Esta es una verdad dogmática que reafirmará firmemente. Al afirmar esta verdad de fe se está reparando por quienes no creen en la transubstanciación. Podrá repetir:

Creo firmemente Señor que tras las palabras de la consagración tiene lugar la Transubstanciación, es decir, la conversión de toda la sustancia del pan en Tu sagrado Cuerpo y la conversión de toda la sustancia del vino en Tu preciosísima Sangre.

10º. Sentados. Actitud de esperanza. Meditará sobre la consagración, sobre el misterio de la Transubstanciación. Sobre el misterio del Calvario que se hace presente en el altar. Meditará sobre la Pasión, en especial las Siete Palabras de nuestro Señor en la Cruz. Se podrá ayudar de lecturas. Se unirá con gran amor a la Santísima Virgen de la Quinta Agonía.

Este momento de meditación será el principal de toda la oración. Estamos ante la esencia de la Santa Misa: la consagración.

Forma más amplia: El tiempo de meditación no será inferior a 15 minutos.

11º. De pie. Padre nuestro.

Pater noster, qui es in cælis: Sanctificétur nomen tuum: Advéniat regnum tuum: Fiat volúntas tua, sicut in cælo et in terra. Panem nostrum quotidiánum de nobis hódie: Et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentationem.

Sed líbera nos a malo.

12º. De rodillas. Un minuto en reparación por quienes comulgan sin la debida preparación espiritual, por los que comulgan en pecado y por la comunión en la mano. A continuación hará una comunión espiritual, por ejemplo:

¡Oh Jesús!, creo que estás presente en este adorable Sacramento del altar. Yo quisiera amaros y adoraros con el amor con que os adoran los Serafines; quisiera abrazaros con la pureza con que os abrazan las santas Vírgenes y daros las pruebas de afecto que os dieron los Mártires al derramar por Vos su sangre.

Yo quisiera, Señor, recibiros en mi alma con la pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre y con el espíritu y fervor de los Santos. Y como si ya os hubiera recibido no permitáis que me separe nunca de Vos. Amén.

13º. Sentado. Acto de ferviente amor. Meditar sobre la Sagrada Comunión, sobre la presencia real del Cuerpo de Cristo, sobre el amor infinito de Dios. Se puede acompañar de una lectura.

Forma más amplia: Tiempo de meditación no inferior a 5 minutos.

14º. De rodillas. Para recibir espiritualmente la bendición. Se santiguará en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

15º. De Pie. Leerá el último Evangelio.

In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat verbum. Hoc erat in principio apud Deum. Omnia per ipsum facta sunt: et sine ipso Factum est nihil, quod Factum est: in ipso vita erat, et vita erat lux hóminum: et lux in ténebris lucet, et ténebræ eam non comprehendérunt.

Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Joánnes. Hic venit in testimónium, ut testomónium perhibéret de lúmine, ut omnes créderent per illum. Non erat ille lux, sed ut testimónium perhibéret de lúmine.

Erat lux vera, quæ illúminat omnem hóminem veniéntem in hunc mundum. In mundo erat, et mundus per ipsum factus est, et mundus eum non cognovit. In propria venit, et sui non recepérunt. Quotquot autem recepérunt eum, dedit eis potestátem fílios Dei fíeris, his, qui credunt in nomine eius: qui non ex sanguínibus, neque ex voluntate carnis, neque ex voluntate viri, sed ex Deo nati sunt. (genuflexión) ET VERBUM CARO FACTUM EST, et habitávit in nobis: et vídimus gloriam eius, glóriam quasi Unigéniti a Patre, plenum grátiæ et veritátis.

Deo grátias.

16º. De rodillas. Oraciones finales.

Ave, María, grátia plena, Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui Jesus.

Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen. (Tres veces)

Salve. Regína, Mater misericordiæ, vita dulcédo et spes nostra, salve.

Ad te clamámus, éxules, fílii Hevæ.

Ad te suspirámus geméntes et flentes in hac lacrimárum valle.

Eia ergo, advocata nostra, illus tuos misericórdes óculos ad nos convérte.

Et Iesum benedíctum fructum ventris tui, nobis post hoc exsílium, osténde.

O Clemens! O pia! O dulcis Virgo María!

V. Ora pro nobis, sancta Dei Génitrix.

R. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

Oremos.- Oh Dios, nuestro refugio y Fortaleza, mira propicio al pueblo que a Ti clama; y por la intercesión de la gloriosa e inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y de San José, su Esposo, y por la de tus santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, escucha misericordioso y benigno las súplicas que te dirigimos, pidiéndote la conversión de los pecadores y la libertad y exaltación de la santa Madre Iglesia. Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Amén.

Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes; y tú, Príncipe de la milicia celestial, lanza al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los otros malignos espíritus, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

V. Cor Iesu sacratíssimum.

R. Miserére nobis. (tres veces)

17º.- Sentados. Acción de gracias. Se puede leer alguna oración o una lectura apropiada. Tiempo a discreción.

18º. De rodillas. Un minuto como reparación por quienes no hacen ninguna acción de gracias.

Antes de levantarse se recitará la siguiente oración:

O Virgo sanctíssima, Mater Dei et Mater mea, ímpetra mihi sanctam perseverántiam et Iesu Christi amórem.

Oh Virgen santísima, Madre de Dios y Madre mía, consígueme la santa perseverancia y el amor a Jesucristo.

Nota: Cuando uno se encuentre espiritualmente turbado e inquieto, será muy beneficioso para el alma repetir a los largo de toda la oración estas palabras: DEUS MEUS ET OMNIA. Es decir, Dios mío y todo. Mi Dios y mi todo.