ADELANTE LA FE

Y no nos dejes caer en la tentación

Queridos hermanos, hemos tenido noticia de la nueva traducción del Padrenuestro por parte de la Conferencia Episcopal Francesa, en lo que concierne a la petición sexta: y no nos dejes caer en la tentación. Es una ocasión para explicar el sentido  de esta petición del Padrenuestro.

Lo que pedimos al Señor en esta sexta petición del Pater Noster es que nos de gracia y fortaleza para que no caigamos ni seamos vencidos de la tentación. Estad alerta y velad, que vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda rondando y busca a quien devorar (1 Pe. 5, 8). ¿Quién puede estar seguro de no ser tentado? Todos lo somos, de una forma u otra.

En esta  petición –Y no nos dejes caer en la tentación– del Pater Noster, lo que se pide no es que no seamos tentados, pues supone que hemos de ser tentados, pedimos gracia para no ser vencidos en la tentación y para no caer en ella; y juntamente que no permita seamos tentados con tal género de tentación y en tal ocasión que nos pueda vencer el maligno.

Las graves consecuencias de recaer el pecado.

Seguiremos de la mano de  la valiosa ayuda del Catecismo del Concilio de Trento para los Párrocos, donde en su parte IV, capítulo XV, expone, de forma extensa y detallada, el sentido de esta sexta petición de nuestro Padrenuestro. Empieza recordando el gran peligro que suponer recaer después de recibir el perdón de los pecados; pues cuando uno está en gracia de Dios es cuando el maligno “inventa nuevos ardides y arma contra ellos toda la batería para hacerles cruda guerra, que es muy de temer que retractando y dejando los buenos propósitos, torne de nuevo a caer en los vicios, y salgan mucho perores de lo que fueron antes”. Con esta petición lo que pretendió Nuestro Señor Jesucristo fue fortalecernos contra  las astucias del enemigo. “Por esto ordenó Cristo Señor nuestro esta petición, para que cada día nos encomendemos a su Majestad e imploremos su paternal cuidado y defensa, estando muy ciertos que si somos desamparados de su protección divina, luego caeremos en los lazos del astutísimo enemigo”.

Necesidad de esta petición.

Hay que recordar que no solamente Nuestro Señor nos insta en el Pater Noster a pedir no caer en la tentación, también a  los Apóstoles se los recordó: Velad y orad, para no caer en la tentación (Mt. 26, 41). Lo cual indica la importancia de esta petición, lo diligentes que hemos de ser de su importancia, “para que entre tantos lazos como a todas horas arma a los hombres su enemigo el demonio, pidan de continuo a Dios, quien solo puede librarlos: No nos dejes caer en la tentación”. Jesucristo ha querido con esta petición fortalecernos contra las asechanzas del maligno.

La necesidad de esta petición nos lo recuerda la sentencia del Señor: El espíritu está pronto pero la carne es flaca (Mt. 26, 41). Qué funestas son las caídas de los hombres a impulsos del demonio, si no estuviesen sostenidos con el auxilio divino. “¿Qué ejemplo más patente puede haber de la miseria humana, que el sagrado coro de los Apóstoles? Que estando poco antes con gran ánimo, al primer encuentro, desamparado el Salvador, echaron a huir”.

El grave peligro de la tentación.

En esta petición del Padrenuestro se nos muestra los muchos peligros a los que estamos expuestos los hombres, y la fuerte guerra que el demonio hace, una y otra vez, con una audacia y malicia sólo propia de él. No pedimos, como hemos indicado al inicio, que no tengamos tentaciones, sino que no nos desampare en ellas el Señor. “Y si alguna vez nos ponen en aprieto las tentaciones de los enemigos, será de gran consuelo contemplar que tenemos por ayudador un Pontífice que puede compadecerse de nuestras flaquezas, antes fue tentado en todo  a semejanza nuestra, fuera de pecado” (Heb. 4, 15).”

El poder limitado del demonio.

Es muy importante resaltar que los demonios no pueden tentar al hombre en la forma y tiempo que quisieren, “sino que todo su poderío está subordinado a la voluntad y al permiso de Dios. Conocido es el ejemplo de Job: Mira, todo cuanto posee lo dejo a tu disposición, pero a él no lo toques (Job. 1, 12)”. “Hasta tal grado está limitado el poder de satanás, que ni aun en aquellos cerdos, de que hablan los Evangelistas, hubiera podido entrar sin la debida licencia (Mt. 8, 31)”.

Qué significa el verbo tentar y con qué fin nos tienta Dios.

“Tentar es someter a prueba al que es tentado, para que, obteniendo de él mismo lo que deseamos, podamos averiguar alguna verdad (Santo Tomás)”. Este modo de tentar no corresponde a Dios, que todo lo sabe, y todo “está desnudo ante Él”.

“Otro modo de tentar consiste en que, queriendo descubrir una cosa, se suele preguntar otra distinta con buen o mal fin: con buen fin cuando se pone a prueba la virtud de una persona, para que, demostrada y conocida su virtud,  la persona sea honrada con bienes y honores, y su ejemplo sea propuesto para ser imitado por los demás”.  “De esta manera podemos decir que Dios tienta a los suyos cuando los aflige con pobreza, enfermedad u otra adversidad; lo cual hace para probar su paciencia y para servir a otros de modelo de vida cristiana”.

“Son tentados los hombres con mal fin cuando son inducidos al pecado o a su perdición por el demonio”.

Cómo puede ser vencido el demonio.

Se vence al demonio con “la oración, ayuno, abstinencias, continencia y castidad. Velad y orad, como  se ha  dicho, para no caer en la tentación. Los que emplean estas armas en aquel combate, hacen huir a los adversarios, porque  los que resisten al diablo, éste huirá de ellos”. Todas las fuerzas para obtener la victoria son dadas por Dios, de modo que sólo a Dios debemos dar gracias por la victoria, “pues sólo con su apoyo y defensa podemos vencer”.

Premios para los vencedores en los combates espirituales.

“Dios tiene preparadas coronas a los vencedores, y les ha asignado grandes y eternos premios”, como dice el Apocalipsis: “El que venciere no será herido de la segunda muerte (Ap. 2, 11). El que venciere, será también vestido con vestiduras blancas, y no borraré su nombre del Libro de la vida, y alabaré su nombre en presencia de mi Padre y de sus ángeles (Ap. 3, 5)”. Y en “Ap. 3, 12: Al vencedor yo le haré columna en el templo de mi Dios, y no saldrá ya jamás fuera de él”;  y  en Ap. 3, 21: “Al que venciere lo haré sentarse conmigo en mi trono, así como yo también vencí, y me senté con mi Padre en su trono”. “Por último, después de exponerla gloria de los Santos y la riqueza de los bienes eternos, de que gozarán en el Cielo, añade: El que venciere heredará estas cosas y seré su Dios, y él será mi hijo (Ap. 21, 7)”.

En definitiva, cuando somos tentados debemos implorar el auxilio divino, y acudir a la oración. Pedimos que no condescendamos con nuestros antojos y pasiones, que no nos cansemos en sufrir tentaciones, ni nos separemos del camino del Señor, de tal forma que nos mantengamos con ánimo constante, tanto en las situaciones propicias como en las adversas, y que no deje Dios parte en nosotros desamparada de su protección.

“Pedimos en fin, que postre a satanás debajo de nuestros pies”.

Y no nos dejes caer en la tentación.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa.

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo “Mysterium Fidei” sobre la Misa tradicional.