ADELANTE LA FE

Nuestra Señora del Rosario

No se puede dudar que entre todas las oraciones vocales con que honra la Iglesia a la Santísima Virgen, una de las más santas y de las más agradables a Dios es el Santo Rosario, por componerse de las dos oraciones más agradables que hay; a saber, la oración dominical y la salutación angélica, acompañándose al mismo tiempo de muchas meditaciones de la vida y muerte del Salvador y de su Santísima Madre.

El 7 de octubre del año 1571, siendo muy inferior la armada cristiana a la de los turcos, no podía esperarse una victoria sino precisamente con la asistencia del Cielo. La consiguieron por intercesión de la Santísima Virgen, bajo cuya protección había puesto la armada el santo pontífice San Pío V. Estando a la vista la armada otomana, mandada por Alí –Bajá, es cuando la armada cristiana al mando de don Juan de Austria, hermano del rey Felipe II,  juntamente con Marco Antonio Colona, general de la escuadra pontificia, levantando un esforzado grito, invocó la intercesión de la Santísima Virgen, su soberana protectora. Y se consumó la gran victoria.

El propio papa San Pío tuvo revelación de la victoria en el mismo momento de la derrota de los turcos, y tan persuadido que había sido efecto de la particular intervención de  la Santísima Virgen, que instituyó esta fiesta con el nombre de Nuestra Señora de la Victoria¸ mandando al mismo tiempo la solemnidad del Santísimo Rosario.

El papa Gregorio XIII, convencido que la batalla de Lepanto se debía a esta devoción, ordenó en reconocimiento  a la Santísima Virgen, que perpetuamente se celebrase la solemnidad del Rosario el primer domingo de octubre en todas las iglesias donde se erigiese una cofradía del Rosario.

Fue el papa Clemente XI quien mandó que la fiesta del Rosario, limitada hasta entonces a las iglesias de los PP. Dominicos y a aquellas donde hubiese cofradías de esta advocación, en adelante fuese fiesta solemne de precepto para toda la Iglesia universal en el primer domingo de octubre.

Es sabido que el rezo del Santo Rosario se debe a Santo Domingo de Guzmán, que estableció esta admirable devoción con motivo de una visión con que le favoreció la Santísima Virgen el año 1208, al tiempo que el santo estaba predicando contra los errores de los herejes albigenses. Estando un día en oración fervorosa, se le apareció la Santísima Virgen y le dijo: Que habiendo sido la salutación angélica como el principio de la redención del género humano, era motivo que lo fuese también de la conversión de los herejes y de la victoria contra los infieles; que por tanto predicando la devoción del Rosario, que se compone de ciento cincuenta Ave Marías, como el salterio de ciento cincuenta salmos, experimentaría milagrosos sucesos en sus trabajos, y una  continuada serie de victorias contra la herejía. Santo Domingo pudo comprobar la excelencia de esta devoción y su maravillosa eficacia al convertirse más de cien mil herejes, y el cambio radical de vida de un prodigioso número de pecadores atraídos a la verdadera penitencia, y arrancado de sus inveteradas costumbres.

¿Qué devoción puede haber más grata a los ojos de Dios, ni qué oración más eficaz para merecer la protección de la Santísima Virgen? Bien se puede asegurar que entre todos los cultos que se atribuyen en la Iglesia a la madre de Dios, uno de los que más la honran es la devoción del Rosario. Esta oración es un escudo contra todos los golpes del enemigo, un tesoro infinito, un fondo inagotable de riquezas espirituales.

Los herejes de todos los siglos, los enemigos de Dios y de su Iglesia, tan enemigos de la Madre de Dios como de su Hijo, blasfemaron siempre contra esta devoción; de igual forma,  sus infelices descendientes siguen despreciando el rezo del Santo Rosario, pero nunca una devoción a la Santísima Virgen ha mantenido tanta  fuerza y actualidad en la Iglesia de Cristo; y ninguna ha sido más efectiva contra los enemigos de la Cruz del Salvador. En el rezo del Santo Rosario está cifrada la salvación del alma.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo “Mysterium Fidei” sobre la Misa tradicional.