Rogamus te etiam, Pater sancte, et pro spiritibus fidelium defunctorum, ut sit illis salud, sanitas, gaudium et refrigerium hoc magnum pietatis Sacramentum (Præparatio ad Missam. Feria sexta).

Te rogamos también, Padre Santo, por las almas de los fieles difuntos para que reciban la salud, el gozo y el alivio de este grandísimo Sacramento de piedad. (De la oración de preparación para la Santa Misa.  Día viernes).

Queridos hermanos, es mucha la necesidad que las Almas del Purgatorio tienen de nosotros. Viven en un tremendo sufrimiento por la ausencia total y absoluta Dios, por su grandísimo deseo de poderle ver, por el conocimiento perfectísimo de los pecados cometidos en vida y de la culpa debida a ellos; y en la desesperación de saber que únicamente la ayuda de nosotros, de la Iglesia militante, puede rescatarlas de ese estado, pero no reciben la ayuda que necesitan. Gritan y no son oídas; nos ven, ven a  sus seres queridos, pero no son vistas; tratan de llamar la atención, pero nadie las atiende.

El tiempo en el Purgatorio no se mide como lo hacemos los hombres, pero si así fuera, podríamos decir que algunas almas llevan allí una eternidad. Si hubieran sido suficientemente amadas por sus seres queridos, quizá su tiempo de purificación se hubiera acortado, pero, en su día no rezaron por ellas; y sus descendientes de día de hoy  ya no saben quienes fueron.

Al poder  vernos, el dolor aumenta para ellas, es mucho mayor, nos ven pero comprueban cómo nosotros no nos damos cuenta. Gritan de forma angustiosa para ser ayudadas. Desesperadas ven cómo el mundo sigue adelante, ajenas a ellas, a su existencia, a su desesperado grito de ayuda.

Pero el sacerdote sí sabe de ellas, es el indicado para hablar de ellas a  los fieles, al mundo, para mantener vivo su recuerdo y la necesidad imperiosa de ayudarlas con nuestras oraciones y distintos sufragios.

Queridos hermanos, con frivolidad, por desconocimiento de la realidad del Purgatorio, dicen muchos: me contento con ir al Purgatorio, como queriendo decir que no quiere esforzarse más en su vida de santidad. El sufrimiento del alma, separada definitivamente del cuerpo, es indescriptible; ya no tiene la protección del cuerpo, ya no es conocida, ya no puede apoyarse en otros.  Las almas sufren individualmente, no tienen apoyo de las otras, no se pueden apoyar en otras, están solas, ya nada importa lo que fueron, de nada sirve en absoluto. Todas son almas, no se conocen, no buscan a nadie.

El alma sabe quien fue, pero le da absolutamente  igual; sabe por qué está donde está. Lo único que necesita desesperadamente es que se rece por ella para que pueda salir de allí.

Los pecados más abundantes son los de la carne, pero no los únicos, evidentemente, pecados de todo tipo, pero todas las almas con algo en común: se arrepintieron en el último instante. Ningún alma entra en el Purgatorio sino se ha arrepentido antes. Todas han de purificarse, no se llega a la presencia de Dios si no se está totalmente limpio de toda mancha.

Bien conocen con toda la crudeza y gravedad  la realidad del pecado. Conocen a la perfección cómo ofende a Dios el pecado, hasta el más pequeño; aquellos que no les damos importancia. Pecados de obra, de pensamiento y de omisión.

Pude librarme de estas penas, y no quise. Terribles pensamientos que afligen sobremanera al alma. ¡Yo soy la causa de estas penas atroces!  ¿Qué medios me proporcionó el Señor para librarme del Purgatorio? Inspiraciones, buenos consejos, avisos de confesores, de sacerdotes, de buenos y piadoso amigos, de la confesión, sacramentos. Más, por  un momento de placer pecaminoso, una mirada lujuriosa, un pensamiento pecaminoso, por no sufrir una injuria, por un deseo de envidia o celos, etc., me sujeté voluntariamente e estos horribles sufrimientos.

Querría librarme ahora del Purgatorio, y no puedo. ¡Quién pudiese volver al mundo! Haría las penitencias más duras que pudiera; pasaría horas en oración… Con qué devoción asistiría a la Santa Misa, y a los demás sacramentos. Pero ya no hay tiempo: No habrá más tiempo (Ap. 10, 6), ya no es tiempo de merecer gracias, ha llegado la hora anunciada: Venida la noche, ya nadie puede trabajar (Jn. 9, 4).

El demonio ya no puede nada contra ellas, pero no por ello deja de actuar contra ellas, distrayendo a quienes pueden ayudarlas, haciendo que quienes pueden rezar por ellas se olviden de hacerlo, creando un olvido general por ellas, una despreocupación hacia ellas, haciendo que caigan en desuso las prácticas devotas tradicionales a favor de las Benditas Ánimas del Purgatorio.

Hemos de recuperar la preocupación por las Almas del Purgatorio, aplicándoles Santas Misas, Misas gregorianas, oraciones, ayunos, indulgencias. Recuperando la tradición del Voto de Ánimas.  En el caso de las indulgencias, se concede indulgencia parcial aplicable a Almas del Purgatorio a todo fiel  que visite devotamente  el cementerio y haga una oración por los difuntos, aunque sea solamente mentalmente. Al que rece piadosamente las Laudes y Vísperas del Oficio de difuntos; a los que digan la invocación: Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua. Que descansen en paz. Amén.

Se concede indulgencia plenaria aplicable solamente a las Almas del Purgatorio, cada uno de los días del 1 al 8 de noviembre para quien visite devotamente el cementerio y haga oración por los difuntos (Colección de Indulgencias. Pablo VI).

Tengamos muy presentes a las Ánimas del Purgatorio, son muy agradecidas, no se olvidarán nunca de nuestra ayuda. Y al mismo tiempo aspiremos siempre a la mayor perfección de vida posible, no escatimemos los medios necesarios, no nos conformemos con decir: me conformo con ir al Purgatorio.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa.

N.B. Tengamos una luz encendida en nuestros hogares por la Ánimas Benditas del Purgatorio; al igual que la llama da luz, que nuestro recuerdo hacia ellas ilumine su camino para llegar a Dios.