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Papá

Te quiero papá y sólo pido a nuestro buen Dios que un día nos junte otra vez en la Patria Celestial. Tú, que como buen padre me mostraste desde niña al Padre, ahora le pido a Él que te cuide y te acoja en sus amorosos brazos…te quiero papá.

Qué hermosa palabra, papá, lo dice todo, así nos lo enseñó a decir el mismo Cristo en el “Pater noster”. Mis queridos lectores, mi admirado director Miguel Ángel Yánez, Santos Sacerdotes, compañeros, colaboradores de la página, amigos internautas, hermanos en la Fe, como decía un Sacerdote amigo mío, “queridos todos”…No puedo más que darles las gracias a todos y a cada uno de Vds. por sus oraciones, sus mensajes de cariño, sus palabras de esperanza que por supuesto nos ayudan y confortan, la oración de unos por otros es la Comunión de los Santos.

Mi padre ha fallecido de manera inesperada y Dios en su infinita bondad ha permitido que estuviera con él en ese último momento y que dijera por última vez ante él, “papá”. Durante estos días he podido escuchar distintas conversaciones sobre la mejor o peor manera de morirse y parece ser, según opina la mayor parte de la población, que la de mi padre ha sido la óptima, porque por lo visto, no sufrió. Sólo puedo decirles que mi padre, aunque algunos piensan que no te enteras de nada, dijo “me muero”, fueron sus últimas palabras, a partir de ahí, te intentan reanimar. Como lo conocía perfectamente, sé que él al tener esa certeza puso su alma completamente en Dios y supo lo que tenía que hacer. Mi padre se esforzaba por vivir en Gracia de Dios y frecuentaba diariamente los Sacramentos, pero esos momentos finales estoy segura que tampoco los desaprovechó.

Mis padres sólo han tenido un deseo para nosotros y es que fuésemos buenos Católicos, lo demás, consideraban que venía por añadidura. Dicen que cuando yo era un bebé de apenas un mes, mi padre ya me santiguaba. Si me preguntan por mi herencia, diré que es esta, mis padres me dieron lo mejor que se le pueda dar a un hijo, una vida asentada en Dios. Mi padre se formó y se forjó con los Jesuitas, venía de una familia piadosa con un tío Sacerdote y unas tías monjas Cistercienses que marcaron profundamente nuestra vida.

Podría llenar páginas hablando de mi papá, porque sencillamente lo adoraba, pero lo que de verdad quiero compartir con Vds. es la importancia de la educación Católica, la importancia de la familia Cristiana, eso es lo que a él le hubiera gustado transmitir y lo que intentaba continuamente. Aún ahora, que todos sus hijos somos adultos, nos seguía enseñando, corrigiendo y sobre todo, uniendo. Todos los sábados era obligatoria la cita en casa de mis padres, la reunión familiar. Siempre le decía a todo el mundo, “los sábados vienen todos mis hijos” y nada lo separaba de ese momento que esperaba con ansiedad.

Era un hombre con una formación y con inquietudes elevadas, pero sobre todo, su mayor inquietud, sin ninguna duda, era la espiritual. Nada lo apartaba de la Santa Misa diaria y de los Sacramentos. Siempre se preocupó de tener una dirección espiritual y mantuvo siempre viva las enseñanzas adquiridas en su formación Jesuítica, en la Compañía de Jesús. El Señor marcó su camino y él se dejó hacer, no puso freno a los planes de Dios. Independientemente de la bonanza o de la penuria, cada hijo que tuvo, suponía una alegría mayor. Cada contratiempo, cada dificultad, cada pérdida, cada alegría y cada momento de sus vidas, sólo he visto a mis padres caer de rodillas ante ese Dios que nos espera todos los días en el Sagrario. Enraizar nuestra vida en Cristo, eso me enseñó mi papá, nada tiene sentido sin Él y todo tiene sentido en Él, hasta el dolor de la separación.

Son días en los que pasan muchas cosas y todas muy rápido, me preguntaban algunas personas si cerraríamos la sala del velatorio y justamente pensaba en lo que él me inculcó desde niña, velar a los muertos. Yo pensaba que si la que estuviera en la caja fuese yo (que poco pensamos eso) mi papá jamás me dejaría allí sola, aunque mi alma ya no estuviera en ese cuerpo y nos quedamos allí recogidos con él y con Él, haciendo lo único que se puede hacer, rezar y ¿Saben qué? El Señor nos reconforta de tal manera en esos momentos, que la palabra “resignación cristiana” encuentra su significado total, la Cruz de Cristo, no hay otro camino para llegar a la meta, acompañar al Señor al Calvario, sufrir Su dolor en nuestro propio corazón.

He sentido el consuelo de Jesús como Marta y María ante la muerte de Lázaro y como ellas, creo firmemente en la Resurrección. Nuestras obras nos preceden y él se llevó la mochila llena

Mi padre fue un hombre de fe recia, esposo que cuida del hogar y de su esposa. En estos años que la frágil salud de mi madre hacía que él fuese su principal bastón, anteponía sus gustos por los de ella o mejor dicho, una vez más, se doblegaba a la voluntad de Dios y aunque prefiriese quedarse escribiendo en casa, cerraba todo y salía a pasear con su esposa. Padre amoroso como ninguno y también recto para que no nos desencamináramos, colaborador incansable con los enfermos, con los discapacitados, Adorador nocturno y diurno…No puedo más que dar las gracias por este medio a todas las personas que tanto físicamente como en la distancia nos habéis arropado y nos habéis dado unas muestras de cariño tan grandes que necesitaría tres vidas para agradecer las oraciones y Misas que habéis aplicado por su alma y por nosotros.

Quiero también agradecer a todos los Sacerdotes que estuvieron en el funeral de Exequias acompañándonos, a todos los que estuvieron sustentándonos en el tanatorio con sus responsos, a mi esposo por su amor incondicional, a tantas personas que hicieron que un Templo grande se quedase pequeño para despedir a un hombre que sólo tenía un objetivo en esta vida, ser un “buen Católico” y hoy, más que nunca, encuentro consuelo en las palabras de la Sabiduría, “la vida del justo agradó a Dios” y por eso ha querido llevarlo ya con Él. Gracias a Vds., queridos lectores, porque aunque a muchos no los conozco, los quiero.

Me quedaban unos temas pendientes con mi papá, pero mi deseo sería completarlos en la Patria Celestial con él y que cuando el Señor me venga a buscar pueda decir como mi padre, “me muero” que no quiere decir más que “ahí viene Dios a por mí, dad gracias porque voy al encuentro del Amado”.

No llores si me amas,
Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo!

Si pudieras oír el cántico de los ángeles
y verme en medio de ellos!
Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos; los horizontes, los campos
y los nuevos senderos que atravieso!

Si por un instante pudieras contemplar como yo,
la belleza ante la cual las bellezas palidecen!
Cómo!…¿Tu me has visto,
me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y
amarme en el país de las inmutables realidades?

Créeme.
Cuando la muerte venga a romper las ligaduras
como ha roto las que a mí me encadenaban,
cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce,
y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a verme,
sentirás que te sigo amando,
que te amé, y encontrarás mi corazón
con todas sus ternuras purificadas.

Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, feliz!
ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo,
que te llevaré de la mano por
senderos nuevos de Luz…y de Vida…
Enjuga tu llanto y no llores si me amas!

(San Agustín)

Sonia Vázquez




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