ADELANTE LA FE

Hemos perdido la elegancia en el vestir y no somos conscientes

Una de las manifestaciones más visibles de la ingeniería social anticristiana es la manera de vestir. Lejos de ser un detalle sin importancia, refleja la mentalidad de una sociedad hedonista que ha vuelto la espalda a Dios, al buen gusto y a las buenas costumbres. Es uno de los tentáculos de la revolución contracultural, perfectamente diseñada para corromper la sociedad.

La manera de vestir que impone la ideología dominante es una forma de rebeldía contra la elegancia, armonía y belleza que imperaba en una sociedad de marcada cosmovisión cristiana.

La moda antaño estaba al servicio del buen gusto, de la modestia y la decencia. Ensalzaba de forma natural y elegante la masculinidad y la feminidad. Hoy en día, con la imposición de la moda unisex y desenfadada, a veces no se distingue tan fácilmente si estamos ante un hombre o una mujer. El hombre se afemina y la mujer se masculiniza.

La ideología de género, cada vez más agresiva, potencia esta confusión y es cada vez más habitual ver seres andróginos sin personalidad, a años luz de la reciedumbre de antaño. Pensemos en el porte y gravedad que irradian los retratos de nuestros antepasados y analicemos muchas de las fotos actuales que desprenden mucha informalidad y superficialidad. En definitiva reflejan la mentalidad infantil de un hombre vacuo que piensa sólo en diversiones efímeras olvidando sus responsabilidades, su vocación en la vida y su destino eterno.

Antiguamente había mucha más elegancia y decoro

En España a principios del siglo XX era habitual que los caballeros llevasen a diario traje con corbata o pajarita y sombrero. En invierno elegantes abrigos o gabardinas les salvaguardaban del frío. Los domingos, día consagrado al Señor, todo el mundo vestía si cabe de una manera más elegante. De hecho existe la expresión la ropa de los domingos, que era el mejor atuendo que uno tenía para asistir a la Santa Misa dominical lo más dignamente posible. Era un signo del respeto al Dies Domini, día consagrado al Señor, al descanso y a la vida familiar.  

Los jóvenes solían llevar igualmente traje y corbata, lo que transmitía madurez y gravedad y un deseo de ser adultos y asumir responsabilidades. Las jóvenes vestían igualmente con elegantes y modestos vestidos, dignos de una dama católica, de una futura madre y esposa. Pensemos ahora en los jóvenes de aspecto infantil que visten de cualquier manera y prolongan la adolescencia indefinidamente conformando una sociedad de hombres inmaduros.

Los jóvenes más pobres llevaban chaleco, siempre con corbata y una gorra. Sólo los marineros más rudos o los delincuentes de los bajos fondos llevaban un jersey o una camiseta. Los obreros, aunque llevaban monos de trabajo en las fábricas, se ponían al salir igualmente traje y corbata, aunque más modestos. Incluso en los mítines políticos todos los asistentes llevaban al menos traje.

Las damas solían llevar elegantes vestidos hasta los tobillos o faldas modestas e igualmente coquetos sombreros que realzaban su feminidad. Era impensable que una mujer llevase pantalones. Las milicianas anarquistas fueron las primeras mujeres que empezaron a usar pantalones y blusas. Es curioso que incluso las prostitutas de principios de siglo solían llevar vestidos largos por debajo de las rodillas, algo que debería hacer sonrojar a muchas mujeres de la actualidad que visten de manera muchísimo más sensual.

Era frecuente ver por la calle militares, siempre con sus uniformes en perfecto estado de revista, tanto en verano como en invierno. Igualmente los sacerdotes, incluso los diocesanos, siempre iban ataviados con una sotana y un sombrero de teja. Las religiosas llevaban amplios hábitos, cubriendo el pelo con la toca. Impensable que una monja, incluso de vida activa, llevase el pelo descubierto.

Decadencia de la post modernidad

Hoy en día vestimos con muy mal gusto. El estilo informal y desenfadado se impone cada vez más. En verano llega a veces hasta el esperpento siendo habitual ver el centro de cualquier ciudad personas con chanclas, bermudas y tirantes. Moda playera ante un mar de asfalto.

Las mujeres con frecuencia usan una minifalda cada vez más corta y han reducido la ropa a la mínima expresión. El uso de las mallas o pantalones ajustados es una práctica generalizada y se ha extendido incomprensiblemente a los meses de invierno. La indecencia en el vestir empieza en la infancia, fomentada por los padres que deberán dar cuenta a Dios.¡Cuántos pecados de impureza arrastran a las almas al infierno por culpa de las modas indecentes!

¡Qué difícil es ver hoy en día un sacerdote con sotana por la calle! Muchos sacerdotes y religiosos visten de paisano, al igual que el mundo. Las religiosas suelen llevar unos hábitos reducidos que no edifican. Los militares tienen miedo de ir con uniforme por la calle por temor a que los insulten. También es cada vez más habitual que los políticos antisistema aparezcan en el Congreso con una camiseta y una mochila. Modos de vestir inadecuados para el puesto de responsabilidad que representan y que sientan un grave precedente agravado por lo chabacano de sus discursos y su perversa ideología.

Todos estos detalles en cuanto a la manera de vestir y de comportarse son el síntoma de la decadencia de una civilización, de una sociedad decrépita que agoniza. Unos pocos luchan por mantenerse firmes en la Fe y resistiendo para que no desaparezcan los últimos vestigios de civilización cristiana. Seamos de ellos.

Javier Navascués

Javier Navascués

Ha trabajado como redactor en el Periodico de Aragón y Canal 44 de Zaragoza y como locutor y guionista en diferentes medios católicos como NSE, EWTN, Radio María etc...y últimamente en Agnus Dei.