“Las mujeres consagradas ya trabajan con los pobres y los marginados: enseñan el catecismo, acompañan a los enfermos y moribundos, distribuyen la comunión, y en muchos países dirigen las oraciones comunes en ausencia de sacerdotes y en esas circunstancias pronuncian la homilía.  En la iglesia existe el oficio del diaconado permanente, pero está abierto sólo a hombres casados y no casados. ¿Qué impide a la iglesia incluir a mujeres entre los diáconos permanentes, como sucedía en la iglesia primitiva? ¿Por qué no conformar una comisión oficial que pueda estudiar la cuestión?

La cita anterior fue una de las preguntas hechas al Papa Francisco en el encuentro de la Unión Internacional de Superioras Generales de las Órdenes Femeninas de la Iglesia en mayo de 2016.  La respuesta del Papa incluyó una declaración de su interés personal en el asunto y prometió establecer una Comisión para investigar la cuestión. Cuatro miembros de la Comisión fueron parte del panel de discusión sobre “El futuro de las diaconisas: perspectivas de la comisión papal y bancos de iglesia americanos” del Centro de Religión y Cultura de la Universidad de Fordham”. Los panelistas incluyeron a cuatro miembros de la Comisión: Phyllis Zagano, partidaria, desde hace mucho tiempo, de la ordenación de mujeres al diaconado, el padre jesuita Bernard Pottier y la hermana Donna Ciangio, O.P., rectora de la Arquidiócesis de Newark y directora y fundadora de la Consulta para el Liderazgo de la Iglesia. El moderador de la discusión fue el padre Thomas Rosica, Presidente de Salt and Light[1]. El P. Rosica es el sacerdote que en un arrebato de entusiasmo por el pontificado del Papa Francisco declaró: “El Papa Francisco rompe las tradiciones católicas cuando quiere porque está ´libre de afectos desordenados´. Nuestra Iglesia ha entrado en una nueva fase: con la llegada de este primer Papa Jesuita,está gobernada abiertamente por un individuo y no por la autoridad de la Escritura solamente, ni tampoco por sus propios dictados de Tradición más la Escritura“. Dicha cita constituye la puesta en escena de este panel de discusión.

Al menos en el relato de la discusión publicada en Crux, la catedrática Zagano, que no debe confundirse con el Arzobispo Viganò (estos nombres italianos suenan muy parecidos y a quién le importa un acento), dijo que la Comisión había finalizado su trabajo y que el Papa está en posesión del informe, expresando su confianza en que cuando llegue el momento, él tomaría la decisión correcta. Y dada la costumbre de la catedrática Zagano de apoyar a las mujeres diáconos, la decisión correcta es obvia. “Darlo a conocer depende de la Iglesia”, dijo. También advirtió, según el informe Crux, que “retrasar una contestación positiva” sobre si las mujeres pueden servir como diáconos “es una respuesta negativa”.

La hermana Donna Ciangio dijo que como miembro de los dominicos, la Orden de Predicadores, las mujeres han dicho históricamente que “predicamos de diferentes maneras…esto ya no me satisface”. La insatisfacción de la hermana Donna parece indicar que su propia conclusión es igual a la de la catedrática Zagano. El P. Pottier, basándose en informe, parecía estar de acuerdo en que no hay una objeción válida a la ordenación de mujeres diáconos.

El P. Pottier dijo que hay “varios tipos de evidencia de verdadera ordenación de mujeres diáconos en un lapso de doce siglos”.

No podemos juzgar el contenido del trabajo de la Comisión entregado al Papa Francisco hasta que haya sido publicado en su totalidad, lo cual, dada la forma actual de hacer las cosas en Roma, puede que nunca ocurra. Quizás el Papa Francisco lo lea y decida que las mujeres deben ser ordenadas diáconos sin siquiera informar a la iglesia sobre cuál es la base de su decisión. Esto recuerda a una de las comisiones establecidas después del Concilio Vaticano Segundo, encargada de llevar a cabo los deseos del Concilio en relación a la renovación de la liturgia. Nunca se debe confiar la reformación de algo que los propios encargados de la reforma desprecian.

Pero podemos hacer algunas observaciones basadas en lo que los miembros de la Comisión han dicho en el Foro en Fordham. Los panelistas no hicieron mención de la publicación de la Comisión Teológica Internacional en 2002 sobre, precisamente, la cuestión del diaconado en la historia de la Iglesia en relación a su sacramentalidad. Esta cuestión es compleja y la CTI es cuidadosa al presentar la historia del diaconado en la mejor manera posible, dado el registro histórico, el cual es insuficiente y muchas veces contradictorio. Este estudio fue realizado mayormente en relación a la “renovación” del Diaconado permanente después del Concilio Vaticano II. Pero al final de su informe, el CTI aborda brevemente la cuestión de las mujeres diáconos:

“Con respecto a la ordenación de mujeres al diaconado, cabe señalar que dos indicaciones importantes emergen de lo que se ha dicho hasta este punto:

  1. Las diaconisas mencionadas en la tradición de la Iglesia antigua, como lo demuestra el rito de institución y las funciones que ejercían, no eran pura y simplemente equivalentes a los diáconos;
  2. La unidad del sacramento de las Ordenes Sagradas, en la clara distinción entre los ministerios del obispo y los sacerdotes, por una parte, y el ministerio diaconal, por otra, está fuertemente subrayada por la tradición eclesial, especialmente en la enseñanza del Magisterio…”

Ciertamente, ésta no es una afirmación clamorosa sobre la ordenación de mujeres al diaconado. El trabajo cuidadoso hecho por la CTI revela la complejidad de la cuestión y de ninguna manera apoya la idea de la que las mujeres fueran ordenadas al diaconado “durante mil doscientos años”.

De igual forma esperamos que tenga lugar una discusión sobre cómo el Diaconado permanente ha sido acogido por la iglesia desde el Concilio Vaticano II. Una de las principales razones dadas para la “renovación” del Diaconado Permanente fue que serían de gran servicio en situaciones misioneras como en África. Lo que sucedió – y esto es revelador en muchas maneras – fue que la gran mayoría de los diáconos permanentes se encuentran hoy en el próspero occidente, y que alrededor del 60% de los diáconos permanentes en el mundo se encuentran en los Estados Unidos. Un acontecimiento reciente que debe ser discutido y considerado es porqué cierto número de diócesis en los Estados Unidos están poniendo freno al Diaconado Permanente. Existen diócesis en los Estados Unidos que parecen no tener una actitud positiva sobre el Diaconado Permanente. El motivo de esto debe ser investigado y discutido. Que haya sentimientos negativos sobre el diaconado permanente entre los sacerdotes en los Estados Unidos es un secreto a voces. Por qué esto es así debería ser discutido abiertamente.

Si la Iglesia decide –y en estos tiempos la Iglesia pareciera ser el Papa– ordenar mujeres al diaconado ciertamente no debería ser por el hecho de que son mujeres. Debe haber una razón para hacerlo que esté en consonancia con la Misión de la Iglesia al mundo: proclamar a Jesucristo como Señor y Salvador dentro del amor de Dios que dio a su Hijo unigénito para morir en la Cruz para que podamos vivir, ese Padre que llama a cada hombre y mujer a la Fe en Su Hijo y a vivir esa Fe con amor para todos en este mundo. Y esto debe proclamarse dentro de la Tradición de la Iglesia (contrario a la opinión del P. Rosica) y en consonancia con el Canon Vicenciano: “Quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est” (solo y todo cuanto fue creído siempre, por todos y en todas partes)

Un último comentario. En la conferencia del Panel de Fordham, alguien en la audiencia presionó al panel para que evaluase la ordenación de las mujeres al sacerdocio. El panel pensó que no era útil vincular la cuestión de la ordenación de las mujeres al sacerdocio con las mujeres ordenadas como diáconos. El Papa Francisco ha dicho que la posibilidad de la ordenación de mujeres es un asunto con resolución negativa. Como ex sacerdote episcopal (y al momento de esta redacción, a través de la gracia de Dios a punto de celebrar el 35 aniversario de mi sacerdocio católico) que presenció el colapso de cualquier semblanza de una comprensión tradicional del sacerdocio en la Iglesia Episcopal sobre la base de la “justicia” de abrir el sacerdocio a las mujeres y hacerlo a través de obispos en desafío de las enseñanzas de la Iglesia Episcopal sobre el sacerdocio masculino y la incapacidad del resto de los obispos para condenar este acto, todo esto me da que pensar. Y espero ser perdonado por creer realmente que en las mentes de algunos Católicos, incluyendo a prelados, las mujeres diáconos son el primer paso a las mujeres sacerdotes. Y esto sería una traición profunda y flagrante a la Tradición y la noción Católica del sacerdocio como alter Christus, donde la masculinidad de Cristo está objetivamente integrada en quien Él es como Salvador de todos los hombres y mujeres.

Padre Richard G. Cipola, DPHil (Oxon)

(Traducido por María Fernanda Benitez. Artículo original)


[1] Nota de traducción. Productora de televisión católica en Canadá