Debemos reconocer nuestro propia ceguedad y nuestra gran necesidad del perdón, misericordia y gracia de Nuestro Salvador. Pero si verdaderamente creemos en la misericordia de Dios, el primer fruto será el arrepentimiento de los pecados y la conversión. A lo largo de los últimos siglos, la Virgen Santísima nos ha traído un mensaje importantísimo del cielo, pero la muchedumbre no presta atención, se queda ciega y rechaza a la divina misericordia. Hay que conocer el mensaje de la Virgen de Buen Suceso en Quito (1600), La Salette (1846), y Fátima (1917) y la visión de Papa León XIII (1884). El Papa Pio XII también nos advirtió del suicido de alterar la Fe de la Iglesia en su liturgia, teología, y alma.

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