ADELANTE LA FE

El protestantismo no tiene santidad

El protestantismo no tiene santidad en sus fundadores

Queridos hermanos, el protestantismo no posee santidad. Fijémonos en sus fundadores, hombres de conducta infame y escandalosa. ¿Podría Dios servirse de hombres corrompidos para desempeñar una misión tan importante como para reformar su Iglesia? La historia nos demuestra que Lutero era un hombre violento, entregado a los excesos de la mesa y profanador de los más sagrados compromisos. Calvino, un impúdico  cruel y vengativo. Zuinglio, un libertino, como él confiesa. Enrique VIII, un adúltero y licencioso. No se pueden exponer, sin ofender el pudor, las costumbres y sentimientos de Lutero, tales como se demuestran en sus escritos (La religión demostrada. P.A. Hillaire).

Estos “reformadores” autorizaron en sus adeptos las cosas más abominables. Lutero no se atrevió a declarar en sus sermones que estaba prohibida la poligamia, y aún llegó a permitir la bigamia al Príncipe Felipe de Hesse (1504-1576.  Príncipe alemán que prestó su apoyo decidido a la Reforma luterana.

El protestantismo no tiene santidad en doctrina moral

Sus principios conducen a todo tipo de pecados que son justificados. Hoy lo  podemos comprobar. El protestantismo no tiene ninguna creencia universal, ni una moral obligatoria. Según él no hay más regla moral que la Sagrada Escritura, la cual es también la única regla de creencia. Cada protestante tiene el derecho de interpretar la Escritura según su razón, lo que implica que cada uno puede hacerse una moral personal. Lo que hoy cree uno encontrar en la Escritura, puede ser que no lo encuentre mañana, y así cambiará de conducta a pesar de sus ideas personales.

Según los “padres” de la Reforma uno no está obligado a practicar cuanto leyere en las Sagradas Escrituras por claro que parezca. Afirman que las buenas obras son inútiles y hasta perjudiciales a la salvación; que la fe basta para hacernos amigos de Dios; que el hombre, ya justificado ante el  supremo Señor, está seguro de salvarse, aunque cometa después cualquier crimen; que se encuentra hasta en la imposibilidad de pecar, puesto que no tiene ya libre albedrío. Lutero y Calvino llegan, en realidad, a negar el libre albedrío en el hombre. Lutero escribió un libro: Siervo arbitrio, que puede resumirse en la siguiente frase: Dios hace en nosotros el bien y el mal y, por consiguiente, nos salva sin mérito alguno de nuestra parte, y nos condena también sin falsa muestra… Todo cuanto hacemos, lo hacemos, no libremente, sino por pura necesidad.

En cuanto a Calvino, escribe: Por incomprensibles razones Dios excita al hombre a violar sus leyes; estas inspiraciones impelen el corazón de los malvados al mal; el hombre cae porque Dios así lo ha ordenado. Dios, dice Zuinglio, es el primer principio de pecado; el hombre comete todos los crímenes impulsado por una necesidad divina.

El protestantismo rechaza todos los medios de santificación: el ayuno, la abstinencia, las mortificaciones, los consejos del Evangelio, el culto a la Santísima Virgen, etc. Negando la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, han cegado la fuente de las grandes abnegaciones y de las virtudes heróicas (Curso de Apologética cristiana. P. W. Devivier),

El protestantismo no tiene santidad en la influencia que ejerce sobre las costumbres

Sin dificultad se comprende a dónde debe conducir una doctrina que no diferencia entre un impío y un santo. ¿Por qué se ha de mortificar el hombre? ¿Por qué no ha de dar rienda suelta a sus pasiones? Calvino escribe, poco después de iniciada la Reforma, que entre cien evangélicos, no se encuentra a penas uno que se haya hecho evangélico por otro motivo, que por poderse entregar más libremente a todo género de voluptuosidades y de incontinencias. El mismo Lutero no tardó en espantarse del fruto de su enseñanza: Poco falta para que nuestra Alemania, después que vio la luz del Evangelio, parezca poseída por el diablo…; el temor de Dios ha desaparecido; esto es un diluvio de todos los vicios (Curso de Apologética cristiana).

Estos toman el Evangelio por una doctrina gastronómica que enseña a emborracharse y a reventar de tanto comer. Todo el mundo indistintamente ve las cosas de la misma manera… ¿Quién de entre nosotros se hubiera puesto a predicar, si llegara a prever que no habían de de resultar más que escándalos y calamidades? Pero ya que hemos comenzado no hay más remedio que sufrir las consecuencias. (Obras de Lutero, en Curso de Apologética cristiana). Convengo… en que mi doctrina ha dado lugar a sobrados escándalos; ni negaré que el nuevo estado de las cosas llega muchas veces a hacerme temblar, sobre todo cuando la conciencia me acusa de haber trastornado por completo el antiguo orden de la Iglesia, hasta ahora tan tranquila y quieta bajo el papado, y de haber hecho nacer, por mis doctrinas, la discordia y la turbación (Obras de Lutero, en Curso de Apologética cristiana. P. W. Divivier)

Los ejemplos se pueden multiplicar para escándalo, rubor y vergüenza de quien los lean. La obra de Juan Janssen, La Cultura alemana antes y después de Lutero (Edit. Librería religiosa. Barcelona. 1925)  trae sobrados ejemplos, demostrando sobradamente que no estaba Dios con los que pretendían reformar la Iglesia católica.

Mientas los mismos protestantes incurrían en sus propios reproches, no menos amargos como merecidos, los Padres del Concilio de Trento, asistidos por el Espíritu Santo remediaban eficazmente, con medidas llenas de sabiduría y mesura, los abusos que venían introduciéndose en la disciplina eclesiástica.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.
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