Tarde te amé Belleza infinita, tarde te amé Belleza siempre antigua y siempre nueva. San Agustín

Ser tradicional es el que ama a Dios y la Santa Iglesia

Queridos hermanos, ser tradicional es amar a Dios, a nuestra Santa Madre Iglesia; es cumplir con lo que manda la tradición. No es solamente tradicional el que lo dice de palabra, sino el que de corazón sigue y cumple los mandamientos del Señor. No es sólo el que asiste a la Santa Misa tradicional, sino el que hace de la Misa su vida entera. El que vive en la Misa. No es tradicional el que después de la Santa Misa ofende al Señor. Es el que se levanta por la mañana y piensa en la Misa, y todo el día piensa en ella.

No es tradicional el que se sienta en la iglesia para le vean, sino el que se recoge en oración; no es el que hace ostentación de sus cualidades naturales o situación económica, sino el que gusta pasar desapercibido.

Ser tradicional es no querer pecar, es odiar el pecado, es no querer ofender en lo más mínimo a Dios. Es desear estar en continuo estado de gracia. Es el que distingue el bien del mal.  Es el que juzga con rectitud y caridad. Es el que quiere estar en el Calvario,  a los  pies de la Santa Cruz. El que lleva tatuado al Señor en su alma.

Ser tradicional es ser generoso con la Santa Iglesia, el que la considera parte suya y, por tanto, contribuye a su mantenimiento. El que es generoso económicamente con ella porque la considera su Madre y contribuye con gusto a su mantenimiento, aun privándose de cosas justas.

Ser tradicional es ser Juan

Ser tradicional es ser Juan, que estaba con el Señor en la Santa Cena y el Calvario. Ser tradicional es ser Juan. Esta es la definición de tradicional. Es Juan, que cumplía con lo que mandaba el Señor. Juan modelo de amor a la Santísima Virgen: ahí tienes a tu madre.

Ser tradicional es ser como los Apóstoles. Eran tradicionales porque siguieron lo que mandó el Señor, a pesar de sus propias y grandes imperfecciones. Todos eran tradicionales porque hicieron lo que el Señor les mandó: Haced esto en conmemoración mía.  Obedecían al Señor aun cuanto les costara. Sólo contemplando a los Apóstoles tenemos todo lo necesario para saber qué es ser tradicional.

Lo dejaron todo por seguir al Maestro. ¿Lo dejamos todo nosotros para asistir a la Santa Misa? Cuantas veces vagueamos, nos disculpamos de no ir. En la Santa Misa se da el Señor, se da en el Calvario. Es en la Santa Misa tradicional donde se profundiza más en el misterio de la Sagrada Pasión y se tiene una mayor memoria de los santos y mártires.

Ser tradicional es el que bebe el cáliz del Señor

Ser tradicional es aquel que es capaz de beber el cáliz del Señor. Eso implica unirnos a Él, sufrir por Él y con Él. Beber el cáliz del Señor es enfrentarse al mundo, como ya hicieron los Apóstoles, como lo hizo san Pablo que, sin haber palpado al Señor, tuvo una fuerza increíble. Luchó contra viento y marea, aun cuando no estuvo a los pies de la Cruz tocando los pies del Señor. Pero lo veía por que estaba en Él. Nada ni nadie lo frenó. Es el ejemplo de lucha y tenacidad.

Ser tradicional es ser católico

Mucha es la penetración del mundo en el seno de la Santa Iglesia. La falsa apertura de la Iglesia ha supuesto la asimilación de la vida del mundo sin ser purificada. En la Iglesia se vive la moda del mundo, se acepta lo transitorio en contra de lo perenne que supone la tradición.   Se rechaza la palabra tradición como opuesta a la Iglesia actual,  y por tanto, como opuesta a la moda transitoria. Se ve a la moda del mundo como lo vivo y actual, y a la tradición de la Iglesia como lo caduco e inmovilista. Pero la tradición es lo vivo realmente, porque es lo que nos identifica en la fe común que no cambia, nos confirma en las enseñanzas recibidas como las verdaderas para la salvación el alma. Lo transitorio del mundo es lo opuesto a la preocupación del alma y su salvación.

Ser católico es ser tradicional. Sin tradición no hay Iglesia. La tradición no es en absoluto una estructura antigua, es lo que quiso el Señor. Pongamos un ejemplo con el arte. Los que desprecian la tradición son  como aquellos que querrían vaciar el museo del Prado de Madrid de todas las obras de arte antiguas, y llenarlo de obras de arte contemporáneo.

Cuántos quisieran quitar el Sagrario  y poner una imagen de Buda en su lugar. Se hace meditación budista en muchas parroquias y en no menos congregaciones religiosas. Quitar lo antiguo es quitar al Señor.

Enseñanza tradicional

Se pretende hacer creer que la enseñanza tradicional es algo del pasado que no sirve para el presente. La enseñanza no puede cambiar. No pueden cambiar los sacramentos. No puede cambiar la forma de recibirlos. La Iglesia católica no es una Iglesia más, es la Iglesia fundada por nuestro Señor Jesucristo. No pueden cambiar los sacramentos, no puede cambiar el Santo Sacrifico de la Misa para convertirlo en una cena o reunión conmemorativa.

Los jóvenes quieren cambiarlo todo, no atienden a los consejos de los mayores. Pero cuando se llega a cierta edad uno  se da cuenta que los padres tenían razón en aquellos sabios consejos que daban a sius hijos, frutos de la propia experiencia, de  los propios errores que no quieren que cometan sus hijos. La Iglesia, parece, está en su juventud, lo quiere cambiar todo. Hasta que se dé cuenta que la tradición es o verdadero.

Belleza siempre antigua y siempre nueva

Esta es la clave. El Señor siempre está de moda. Quitar la tradición es quitar al Señor del centro de la Iglesia y de nuestras vidas. Es poner al hombre en el centro con sus ocurrencias. Se desprecia lo recibido, confirmado por la tradición y constatada su valía a través de los siglos, y en su lugar  se acoge con alborozo la novedad ocurrente del hombre. Se mira con indiferencia lo perenne y se acoge lo novedoso, simplemente por eso, por novedoso.

La tradición de la Iglesia, siempre santigua y siempre nueva

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa