ADELANTE LA FE

¿Qué ha ocurrido con el Limbo?

Hace unas semanas estaba explicando a los jóvenes de la catequesis de Confirmación la doctrina católica sobre los Novísimos (Muerte, Juicio, Cielo, Infierno y Purgatorio) cuando de pronto me vino a la mente: ¡Cuánto tiempo sin oír hablar a nadie sobre el Limbo! ¿Qué es lo que ha ocurrido para que desde el Vaticano II hasta ahora, obispos, papas, teólogos, apenas hablen del Limbo? De hecho, si le preguntamos a cualquier persona de menos de veinte años lo que es el Limbo probablemente se encoja de hombros y nos diga que es la primera vez que oye hablar de él. Movido por la curiosidad, me puse a investigar, y estas son las conclusiones que he podido sacar y que ahora comparto con ustedes.

La teología tradicional siempre nos dijo que el Limbo era un lugar y/o estado de felicidad natural donde estaban las almas de aquellas personas que habían muerto sin el bautismo y sin cometer pecados personales. Ejemplo: aquellos bebés que mueren antes de ser bautizados. Los seres que estuvieran en el Limbo, no gozarían de la visión beatífica de Dios, pero tampoco sufrirían por ello, pues nunca habrían conocido la gracia[1]. Permanecerían en el Limbo con una mera felicidad de orden natural (Santo Tomás de Aquino).

Siempre se nos dijo que el Limbo no era un dogma de fe, sino el resultado de un razonamiento teológico como consecuencia de intentar compatibilizar ciertas verdades teológicas que sí que eran dogmas de fe[2]. A saber:

  • Cuando un niño nace tiene el Pecado Original: dogma de fe.
  • Nadie con pecado grave puede ir al cielo: dogma de fe.
  • Nadie sin pecados graves personales puede ir al infierno: dogma de fe.
  • La gratuidad de la salvación. La vida sobrenatural es un don o regalo gratuito de Dios al hombre. La salvación eterna no es un derecho del hombre, sino que es resultado del don gratuito de Dios. Es por ello que nadie puede exigir de Dios el derecho de irse al cielo, a no ser que cumpla las condiciones que Dios ha prescrito para ello. A saber: estar en gracia de Dios. La gracia se obtiene, principalmente a través de los sacramentos. El perdón del Pecado Original se obtiene a través del bautismo (sacramental, de sangre o de deseo).

Cuando los teólogos intentaron dar una respuesta al problema de qué es lo que ocurría con los niños que morían -sin haber cometido pecados personales- antes de ser bautizados, buscaron en las Sagradas Escrituras y en la Tradición de la Iglesia (fuentes de la Verdad Revelada) y no encontraron nada revelado por Dios al respecto; por lo que valiéndose del razonamiento teológico concluyeron en la necesidad de pensar en la existencia de un lugar o estado llamado Limbo, en el cual, los seres que allí se encontraran, no sufrirían las penas del infierno, pero tampoco tendrían la visión beatífica. Es decir, gozarían de una “felicidad natural” y no de la “felicidad sobrenatural” (propia del cielo).

Con esta respuesta, y ante la carencia de una verdad revelada por Dios, salvaguardaban todos los principios teológicos que estaban en juego.

 ¿Pertenece la doctrina del Limbo a la Iglesia Católica?

Sí. Algunos dicen que la doctrina del Limbo nunca fue una doctrina de la Iglesia Católica, lo cual es falso. Aparece ya reflejada en el II Concilio de Lyon y en el Concilio Ecuménico de Florencia.

“Los niños (que mueren sin el bautismo y sin cometer pecados personales) sólo sufren la pena de daño, la privación de Dios, pero no la de sentido”. (Concilio Ecuménico de Florencia, Decretum pro Graecis, Bula Laetentur coeli, Denz. 693. Concilio II de Lyon, Dnz. 464)

El Concilio de Trento (cap. X, nº 9) declaró fuera de la Iglesia a los infieles, a los herejes, a los cismáticos y a los excomulgados. Y el Concilio Vaticano I, por su parte, hizo constar que “las herejías proscritas  por los P.P. de Trento se han dividido poco a poco en múltiples sectas, separadas y en luchas entre sí, de tal modo que no pocas han perdido toda fe en Jesucristo. Han llegado a no tener por divina la misma Santa Biblia, que, antes afirmaban que era la única fuente y el único juez de la doctrina cristiana y la han asimilado a las fábulas míticas. Con ello, después de haber arrojado a Cristo, nuestro solo Señor y Salvador, del alma humana, de la vida y de las costumbres de los pueblos… el espíritu  de muchos se ha arrojado a los abismos del panteísmo, del materialismo y del ateísmo y se esfuerzan por destruir los primeros fundamentos de la sociedad humana”.

Pio XII, el 29 de Octubre de 1.951, decía a la comadronas italianas: “Un acto de amor puede bastar al adulto para conseguir la gracia suficiente y superar el defecto del Bautismo, pero al no nacido aún o al recién nacido este camino no les está abierto y de ahí la gran importancia de proveer el Bautismo del niño privado del uso de razón (porque) el estado de gracia es absolutamente necesario para su salvación (Jn 3:5). Aunque aquí no se nos habla del Limbo, se menciona que el bautismo es necesario para la salvación.

El conocido teólogo Antonio Royo Marín O.P., muerto hace diez años, enseñaba que el Limbo es una doctrina completamente cierta en Teología[3]; opinión que comparten Ángel Santos Hernández S.J. al escribir que “La existencia del Limbo hay que aceptarla en la doctrina sana teológica”.

La idea del Limbo para los niños llegó a convertirse en una doctrina católica común, enseñada como tal a los fieles, hasta mediado el siglo XX. Sin embargo, hay que recordarlo, nunca fue declarada como dogma de fe ni como algo definitivo, sino como una solución teológica a un problema sobre el cual no había una verdad revelada.

¿Qué ocurrió con esta doctrina a partir del Concilio Vaticano II?

En el siglo XX los teólogos buscaron nuevos caminos para solucionar el problema al que nos estamos refiriendo; especialmente para intentar conciliar la voluntad salvífica de Dios, -que también miraría a los niños que mueren, antes o después de nacer, sin haber recibido el bautismo-, con la doctrina según la cual sólo a través de la eliminación del pecado original es posible lograr la visión beatífica.

Múltiples han sido los intentos, la gran mayoría de ellos provenientes de la teología progresista, pero las soluciones que han dado no ofrecen una explicación teológica que sea capaz de respetar todos los dogmas que entran en juego, por lo que al final tienen que concluir diciendo que no saben nada cierto y que confían que la misericordia de Dios salve a estos niños.

Veamos algunas de estas teorías y después explicaremos cómo surgieron y las consecuencias que están teniendo.

+ En la Gaudium et spes n. 22 (constitución pastoral del Vaticano II) se nos explica cómo Cristo ha asociado a su misterio pascual a todos los hombres. De modo especial, están asociados los creyentes (los que han recibido el bautismo y viven coherentemente con su condición de hijos en el Hijo). Pero también, por vías que no conocemos, se unen a Cristo quienes no han sido bautizados. Dice el texto:

“(…) Esto vale no solamente para los cristianos, sino también para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual”.

+ Después del Concilio Vaticano II el concepto del Limbo fue abandonado por amplios sectores de la teología. De hecho la Instrucción de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe del 20 de octubre del 1980 deja abierta la posibilidad de que tales niños se salven, aunque sólo se tenga la certeza de la salvación de los que reciben el bautismo.

+ El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, #1261, dice:

En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina… La gran misericordia de Dios nos permite confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo.

+ La Comisión Teológica Internacional publicó un documento el 20 de abril del 2007, que no es Magisterio de la Iglesia, en el que decía (resumimos):

– Hay buenas razones para tener esperanza que los bebés que mueren sin ser bautizados vayan al cielo.
– El concepto tradicional de Limbo – como lugar donde los bebés no bautizados pasan la eternidad sin comunión con Dios – parece reflejar «una visión demasiado restrictiva de la salvación».
-La Iglesia continua creyendo que, por el pecado original, el bautismo es el camino ordinario de salvación para todos y urge a los padres que bauticen a los bebés.
-Enfatizamos que estas son razones para esperar en oración más que fundamentos para un conocimiento seguro. La Iglesia no tiene conocimiento seguro sobre la salvación de los bebés que mueren sin bautizar.

Y de hecho, en ningún documento magisterial del Vaticano II o posterior se menciona ya el tema del Limbo.

¿Por qué “algunos” han abandonado la doctrina sobre el Limbo?

A partir de la segunda mitad del siglo XX, varias razones se sumaron para que muchos teólogos, la gran mayoría de tinte modernista, intentaran acabar con la creencia común de los fieles en el Limbo.

Una de ellas fue el rechazo del lema que había estado presente en la Iglesia Católica desde sus orígenes: “Fuera de la Iglesia no hay salvación” (Extra Ecclesiam nulla salus), por considerarlo anti-ecuménico. Aceptar esta premisa obligaba a muchos teólogos a replantearse los principios modernistas sobre los cuales habían fundamentado su teología.

El Modernismo, que había sido duramente combatido y rechazado por el Magisterio de la Iglesia desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, está desde esta fecha ejerciendo un poderoso influjo dentro de la Iglesia, intentando cambiar muchas de sus enseñanzas y así poderlas hacer compatibles con las “crípticas herejías” que el Modernismo defiende. A saber:

  • La doctrina del Cristianismo Anónimo de Karl Rahner. Que resumiendo y simplificando dice: Todo el mundo, incluso los no creyentes, son en el fondo “cristianos anónimos” y por lo tanto, merecen la salvación.
  • Un ecumenismo mal entendido en el que se pone al mismo nivel todas las religiones. Se habla de una Iglesia de Cristo, a la cual pertenecerían la Iglesia Católica, las Confesiones Protestantes…, incluso a ella pertenecerían de algún modo, aquellos que son ateos y rechazan a Dios.
  • La doctrina de la salvación universal. Todos los hombres, incluso aquellos que directamente rechazan a Dios y a Cristo, habrían sido salvados. Con ello se elimina indirectamente el infierno. Estos teólogos dicen que si el infierno existe, está vacío, pues la misericordia de Dios es incapaz de condenar a nadie para toda la eternidad. Y yo les preguntaría: ¿dónde queda la gratuidad de la salvación? ¿dónde queda la libertad del hombre? Si el hombre está salvado, a pesar de que él mismo odie a Dios, sería un acto de injusticia por parte de Dios el hecho de salvarle.
  • El poderoso influjo que la Masonería está ejerciendo en la Iglesia Católica, intentando borrar todas las aristas de separación que hay entre las diferentes religiones para así “unir a todos los hombres en una religión común” que no tendría valores sobrenaturales, sino que se fundamentaría en los principios masónicos de la pura felicidad terrenal. Principios que por otra parte incluyen un directo rechazo de Dios; ya que la Masonería, en último término da culto al demonio.
  • El modo de proceder de muchos teólogos modernistas no es tanto negar abiertamente una verdad en la que ellos no creen, o afirmar rotundamente las que ellos defienden; sino que se mueven haciendo afirmaciones sobre un aspecto que líneas más abajo ponen en duda o niegan; por lo que el resultado final es una teología confusa, sin aristas ni precisiones y de donde se puede sacar cualquier conclusión a su favor. Ahora bien, cuando un teólogo que siga de verdad el Magisterio de la Iglesia intente criticarlos le será muy difícil ya que el lenguaje que la teología progresista utiliza no es claro y preciso, sino todo lo contrario; es decir, confuso y vago.

A partir de todas las afirmaciones que la teología progresista realiza, sacamos en claro las posturas que ellos defienden. A saber:

  • Hay que eliminar el Limbo pues es un obstáculo para poder justificar las modernas doctrinas ecuménicas.
  • La relativización de la religión. No hay una religión verdadera, sino que todas de un modo u otro tienen trazos de “verdad”. Cualquier camino o religión es igualmente válido para la salvación.
  • Se elimina el valor salvífico y la necesidad del sacrificio de Cristo para nuestra salvación. El hombre se puede salvar sin la necesidad de acudir a Cristo.
  • Se elimina la necesidad de recibir los sacramentos para la salvación ya que el hombre se puede salvar sin ellos.
  • Y muchas otras consecuencias que no es ahora el momento de explicitarlas.

Es por ello, que la eliminación del Limbo es en el fondo un ataque directo contra nuestra fe. Mientras que no se encuentre una explicación que sea más satisfactoria, todo cristiano debe defender la existencia del Limbo.

Concluyendo

La doctrina teológica modernista actual abandona la enseñanza del Limbo y lo justifica en el hecho del amor misericordioso de Dios, que quiere que todos los hombres se salven. Ahora bien, al rechazar el Limbo y creer en la salvación de aquellos que mueren sin bautismo y sin pecados personales, va en contra de la gratuidad de la salvación. Suponer que la elevación al orden sobrenatural (el cielo) es un derecho del hombre por el mero hecho de existir, va en contra de la gratuidad del orden sobrenatural. Querer que estas personas se salven, valiéndose de la “misericordia” de Dios, no es razón teológica suficiente. La teología modernista actual no acepta que para Dios justicia y misericordia se identifican. Dios nunca puede realizar un acto de misericordia si por ello va en contra de la justicia.

La actitud más sabia y humilde es la de la Teología de siempre: Respecto a la situación de los que mueren sin cometer pecados personales y al mismo tiempo no habrían sido bautizados, no hay doctrina revelada. Y la única actitud teológica que se puede tomar es la de defender un lugar/estado de “felicidad natural” al que llamamos Limbo para esas personas. La solución de pretender salvar a esas personas acudiendo a la misericordia de Dios no tiene justificación teológica, al tiempo que crea problemas teológicos difíciles de resolver.

Con ello salvaguardamos los dogmas teológicos respecto a las condiciones para la salvación y la gratuidad de la misma. La hipótesis moderna que elimina el Limbo es el resultado de un “buenismo” infundado que no respeta el dogma, la gratuidad de la salvación y la libre disposición de Dios.

Padre Lucas Prados

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[1] RONALD KNOX: El torrente oculto, XIV. Ed. Rialp. Madrid.

[2] LORING, JORGE, “Para salvarte”. Ed. 56, P. 905

[3] ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la salvación, 3ª, V, nº 265s. Ed. BAC. Madrid

Padre Lucas Prados

Nacido en 1956. Ordenado sacerdote en 1984. Misionero durante bastantes años en las américas. Y ahora de vuelta en mi madre patria donde resido hasta que Dios y mi obispo quieran. Pueden escribirme a lucasprados@adelantelafe.com
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