ADELANTE LA FE

¿Qué nos pide el Señor?

Queridos hermanos, toda la ciencia del cristiano se comprende en estas palabras del Señor: Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo (Jn. 17, 3). Por ello el celo de la Iglesia, a través de sus sacerdotes y pastores en general, ha sido y debe ser que los fieles deseen de veras conocer a Jesucristo, y éste Crucificado, y que crean, piadosamente y certísimamente, que no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del Cielo, por el cual debamos salvarnos. El mismo Jesucristo es la víctima de propiciación por nuestros pecados, y sabemos que le hemos conocido si guardamos sus Mandamientos, para de esta forma andar el camino que Él anduvo, y seguir con sumo cuidado la justicia, la piedad, la fe, la caridad y la mansedumbre, que sin aquel cumplimiento no se puede seguir este camino.  Jesucristo se dio a Sí mismo por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, haciéndonos un pueblo a Él consagrado, fervoroso en buenas obras. Conocer y vivir esta verdad nos lo pide el Señor, y nos pide a sus sacerdotes que la prediquemos.

Nuestro Señor no solamente dijo, sino que demostró con su ejemplo, que la Ley y los Profetas se resumen en la caridad, y ésta es el fin de los Mandamientos y el cumplimiento de la Ley, por lo cual su cumplimiento nos llevará a amar la bondad inmensa  de Dios para con nosotros, y a entender que la verdadera felicidad consiste en estas palabras del Salmo (72, 25): ¿A quién tengo yo en los cielos? Fuera de ti, nada deseo sobre la tierra. El Señor quiere que toda nuestra vida, y obras, se ordenen a la caridad. Pero, es necesario para ello conocer la Ley del Señor, sus enseñanzas,  sus Palabras, sus Mandamientos.

Toda la doctrina que los fieles deben saber, y seguir para vivir la perfecta caridad, se contiene en las Sagradas Escrituras y en la Tradición. “Siendo mucho lo que el Señor ha revelado, y no siendo muy fácil aprenderlas fácilmente, ni una vez aprendidas, retenerlas en la memoria, es suficiente saber la sana doctrina reducida a estas cuatro partes (así leo enseña el Catecismo romano): El Símbolo de los Apóstoles (Credo), los Sacramentos, el Decálogo y la Oración dominical (Pater noster)”. “Porque todo lo que se debe saber, según la doctrina de la fe católica ya se refiera al conocimiento de Dios, o a la creación y el gobierno del mundo, o a la redención del linaje humano, ya pertenezca a los premios de los buenos y a las penas de los malos, todo se contiene en la doctrina del Credo. Y las cosas que son signos y como instrumentos para conseguir la gracia de Dios, las comprende la doctrina de los siete Sacramentos. Y las que se refieren a las leyes o Mandamientos, cuyo fin es la caridad, se contiene en el Decálogo. Por último, todo cuanto los hombres pueden desear, esperar y pedir saludablemente, se encierra en la oración dominical”.

Acabamos de enumerar lo que el creyente debe saber para conocer al Señor, amarle, seguirle y salvar su alma. Este conocimiento, que nos ofrece la Iglesia, es lo que el Señor quiere de nosotros, y nos pide. Nos pide fidelidad a Sus enseñanzas, conocerlas y cumplirlas, pues en esto consiste la caridad perfecta.

Queridos hermanos, estamos escuchando hablar con mucha frecuencia, en el momento actual de la Iglesia, del discernimiento, como si nuestra fe fuera un continuo y constante “discernimiento”, y no un mandato y una obligación. Porque el Credo es eso, creer y no dudar. Porque los Mandamientos son para cumplirlos fidelísimamente y no discutirlos. Porque los Sacramentos son para recibirlos con recta intención y  santamente. Porque las enseñanzas de Cristo son para conocerlas, amarlas y vivirlas, y no “discernir” si me convienen o no.

El discernimiento, que siempre ha estado presente en la vida de fe, tiene su lugar determinado en nuestras vidas, en esos momentos en que hemos de decidir sobre nuestro futuro, sobre una importante toma de postura, sobre un cambio decisivo en nuestra vida, también en multitud de circunstancias, etc., pero no para decidir si cumplo o no un Mandato divino. No hay mejor ni más seguro discernimiento que aquel que se realiza a la luz de la fe, no hay mejor discernimiento que aquel que se hace en gracia de Dios, en santidad, porque el Espíritu Santo iluminará al alma en gracia para conocer la voluntad Dios en su vida.

Si alguien está en pecado mortal, no hay más discernimiento que el de cumplir la Ley de Dios, es decir, o estado de gracia o pecado mortal. Si estás en gracia de Dios puedes recibir la Sagrada Comunión, si estás en pecado mortal, no. He aquí el discernimiento que Dios nos pide: No comulgues tu propia condenación eterna.

El Señor nos pide que seamos fieles a Sus enseñanzas, las cuales son las que la Iglesia tradicionalmente nos propone, ya mencionadas. El Señor nos pide que vivamos santamente, que no pequemos, que cumplamos sus Mandamientos, que recibamos rectamente y  santamente Sus Sacramentos, que creamos firmemente las verdades de fe inmutables. El Señor nos pide lo que siempre ha pedido, que cumplamos con el Magisterio de la Iglesia, que el depósito de la fe nos ha transmitido, para así hacer su Voluntad y salvar nuestra alma. El Señor nos pide que seamos buenos para ganar el premio de la vida eterna.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.
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