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¿Quién mueve los hilos de la Historia?

¿Quién mueve los hilos de la Historia? La pregunta es legítima y nace de nuestro deseo de dar sentido, significado a todo cuanto sucede. Todo debe tener su razón de ser, una explicación. El principio de causalidad, según el cual todo tiene un motivo, es la base de la lógica occidental.

Las religiones precristianas atribuían todo lo que acontecía al ser humano al Hado (Fatum) o Destino, fuerza inevitable e invencible a la que no era posible sustraerse. Fatum, participio pasado neutro del latín fari (hablar), significa lo que se dice de una vez para siempre. La palabra sagrada que determina el curso irrevocable de los acontecimientos.

El Cristianismo opone al Hado la Divina Providencia, que es la actuación de Dios en la Historia. El hombre es libre para escoger entre hacer el bien y hacer el mal, pero Dios saca bienes de los males y dirige la Historia hacia su fin, que es la Parusía, la instauración final del Reino de Dios en la culminación de la Historia. El iluminismo y las filosofías que surgieron de él han dado una conformación laica al concepto cristiano de la Providencia sustituyéndolo por la idea de un progreso irreversible hacia la implantación del Reino de Dios en la Tierra. La Historia se transforma en un recorrido lineal e irreversible que se caracteriza por una mejora continua e ilimitada, y el filósofo puede afirmar que «la Historia ha sido el camino racional y necesario del espíritu del mundo» (Weltgeist) (Hegel, Lecciones de filosofía de la historia). Hoy en día está en crisis este concepto optimista de una historia en progreso continuo, pero se ha sustituido por una interpretación de los sucesos que se inspira en un determinismo análogo, si bien de cuño pesimista: la idea de que todos los sucesos históricos imprevistos obedecen infaliblemente a la acción de fuerzas ocultas cuyas acciones sustituyen de hecho a las de la Divina Providencia. Con ello se niega la existencia del elemento imponderable de la Historia previsto y regulado por Dios pero imposible de prever y calcular para el hombre.

El atentado de Sarajevo del 28 de junio de 1914 que dio origen a la Primera Guerra Mundial fue, por ejemplo, un suceso imponderable. Aquel día, tras un primer atentado fallido en que la bomba cayó en otro automóvil, el archiduque Francisco Fernando quiso informarse de primera mano del estado del escolta herido. Pero el conductor se equivocó de calle, y en medio de la multitud se vio obligado a dar marcha atrás sin protección. De ese modo se encontró frente a la hostería donde Gavrilo Princip se estaba emborrachando. El conspirador se vio inesperadamente a pocos metros de su víctima, y dos disparos de revólver bastaron para cambiar la historia universal. La Providencia lo había permitido, pero a los ojos del hombre fue la casualidad lo que dio un vuelco a la Historia.

Hubo otro episodio que, imponderablemente, no llegó a alterar el curso de la Historia. El 9 de noviembre de 1979 una llamada telefónica despertó en mitad de la noche al consejero de seguridad nacional de los EE.UU. Zbignew Brzezinski. Según el Comando de Defensa Aeroespacial NORAD, la Unión Soviética acababa de lanzar 250 misiles nucleares contra los Estados Unidos. Una segunda llamada reveló que los misiles disparados eran ya 2200. «En cosa de media hora, mi familia, yo, Washington y la mayor parte de EE.UU. habríamos dejado de existir», afirmó Brzezinski, que de inmediato dio la orden de preparar los aviones que emprenderían el contraataque nuclear contra la URSS. Con todo, antes de avisar al Presidente y ordenar el ataque, Brzezinski esperó una última confirmación, la cual no llegó. Más tarde se descubrió que la falsa alarma provino del propio sistema de defensa de los EE.UU., porque un simulacro computacional de un ataque soviético se había dado por cierto. A fin de que no se repitiesen incidentes similares, la red en la que NORAD hacía los simulacros se desconectó de la utilizada para los peligros verdaderos. La catástrofe se evitó por un pelo.

Un elemento imponderable de nuestros tiempos podría ser el escape del virus Sars Cov 2 o covid 19 del laboratorio militar de Wuhan, donde se realizaban experimentos con miras a crear armas biológicas. El virus habría escapado de las manos de los aprendices de brujo con consecuencias catastróficas para toda la humanidad. Es una hipótesis, desde luego, pero tiene muchas probabilidades de ser cierta. En ese caso, la Divina Providencia lo permitió por razones misteriosas, pues nadie conoce los designios de Dios. Lo que sí sabemos es que todo lo que sucede tiene su razón de ser, que existen el bien y el mal y que Dios los retribuye en el tiempo y en la eternidad. Esto también forma parte de la teología cristiana de la Historia, que presupone el pecado, la redención y el destino eterno de las almas, por cuya salvación Dios permite que haya sufrimiento y desgracia en el mundo. Es más, como recuerda Santo Tomás, «los males que nos afligen en este mundo nos obligan a acercarnos a Dios» (Summa Theologica, I, q. 21 a. 4 ad 3). Cuando aumenta la confusión en torno a nosotros, nuestra ancla de salvación es la Divina Providencia que no engaña ni abandona porque es Dios mismo, considerado en su relación con las criaturas, creadas de la nada y en todo dependientes de Él.

La Divina Providencia, que es Amor, nos asiste y dirige irreversiblemente a nuestro fin. Con ello nos basta.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Roberto de Mattei
Roberto de Matteihttp://www.robertodemattei.it/
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

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