ADELANTE LA FE

Si quieres salvarte, guarda los mandamientos

Queridos hermanos, para salvarse es necesario no sólo creer las verdades de fe, confesar el Credo, sino también vivir cristianamente, es decir, observar los Mandamientos de Dios y de la Iglesia, evitando el pecado y practicar la virtud. La fe sin obras es una fe muerta (Sant. 2, 17).

El Credo es el compendio de todo lo que debemos creer. Los Mandamientos, es el compendio de todo lo que debemos practicar para salvarnos. La Ley de Dios es la pura expresión de su amor y sabiduría. Los Diez Mandamientos fueron dados originalmente por Dios a Moisés en el monte Sinaí, grabados en dos tablas de piedra y fueron ratificados por Jesucristo, Nuestro Señor: No penséis que he venido a abolir la Ley o los profetas; no he venido a abolirla, sino a darle cumplimiento (Mt. 5, 17).

Cuando se acercó el joven rico al Señor (Mt. 19, 16-20) para preguntarle qué debía hacer para ganar la vida eterna, le contestó que debía guardar los mandamientos; y añadió que si le amaba mucho entonces debería guardar los consejos evangélicos, de pobreza voluntaria, castidad perpetua y obediencia perfecta. Sin el cumplimiento de los Mandamientos no podremos alcanzar la vida eterna.

Nos dice Santo Tomás de Aquino, que los Diez preceptos de los Mandamientos bastan para regular toda la vida moral del hombre en el orden a la virtud (Catecismo de la Suma Teológica. Thomas Pègues).

¿Por qué Dios antes del Decálogo dijo: Yo soy el Señor tu Dios? Para avisarnos que Él, como Dios y Señor, impone legítimamente los Mandamientos que debemos guardar (Catecismo católico. Cardenal Gasparri).

Los tres primeros mandamientos del Decálogo  encierran los deberes para con Dios. Los otros siete, prescriben los deberes para con nosotros mismos y nuestros prójimos. En cada mandamiento hay una parte positiva y una negativa, es decir, una orden y una prohibición.

Primer mandamiento.- No tendrás otro Dios más que a mí. Obliga este primer precepto: a creer en Dios; a esperar en Él; a amarle con todo nuestro corazón; y adorarle a Él solamente. Estas  obligaciones las cumplimos mediante la práctica de las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, y mediante la virtud de la Religión, que nos hace rendir a Dios el culto que le es debido. Prohíbe que demos a otro el culto debido a Él solo.

Segundo mandamiento.- No tomarás el nombre de Dios en vano. Obliga este segundo mandamiento honrar el Santo Nombre de Dios, porque el Nombre de Dios merece el respeto que debemos a Dios mismo. Prohíbe: jurar en vano; blasfemar; proferir imprecaciones; y violar nuestros votos. Se prohíbe también tomar en vano el nombre de los santos y especialmente el de la Santísima Virgen María, por la misma razón que nos obliga a venerarlos.

Tercer mandamiento.-  Acuérdate de santificar las fiestas.  Obliga a que santifiquemos el día del Señor, es decir, santificar los días festivos prescritos por la Iglesia.  Nos prohíbe profanarlos. Es muy importante tener en cuenta la primera palabra del precepto: Acuérdate, porque guardando este mandamiento exactamente, nos hallamos más dispuestos a cumplir los demás preceptos de la Ley de Dios.

Cuarto mandamiento.- Honra a tu padre y a tu madre. Los tres primeros mandamientos regulan nuestras relaciones con Dios. El cuarto,  las relaciones del hombre con los presentantes de Dios: los padres y los superiores espirituales o temporales. Manda el cuarto precepto respetar al padre y a la madre, obedecerles en todo lo que no es pecado y asistirles en sus necesidades espirituales y temporales. Prohíbe no ofender a nuestros padres de palabra, de obra o de cualquier forma.

Quinto mandamiento.- No matarás. El quinto mandamiento ordena practicar la caridad cristiana consigo mismo y con el prójimo. Prohíbe lo que puede matar el cuerpo y el alma del prójimo o de nosotros mismos. Se puede dañar el alma del prójimo por medio del escándalo, difamándole, causándole la ruina espiritual. Prohíbe, también, las venganzas privadas, las iras, odios, envidias, altercado e insultos que fácilmente conducen a aquellas acciones.

Sexto mandamiento.- No cometerás acciones impuras. No fornicarás.

Noveno mandamiento.- No desearás la mujer del prójimo.

Estos dos mandamientos tienen por objeto salvaguardar la virtud de la castidad y prohibir terminantemente el adulterio. Prohíben los pecados contrarios. Además de las sugestiones del demonio y de los movimientos de la concupiscencia, las causas principales que inducen a pecar contra la castidad y que deben evitarse con diligencia, son la ociosidad, la destemplanza en el comer y beber, las malas compañías, las conversaciones obscenas, las malas lecturas y diversiones en general, la indecencia en el vestir, las excesivas familiaridades y ocasiones peligrosas.

Séptimo mandamiento.- No robarás.

Décimo mandamiento.- No codiciarás los bienes ajenos.

Nos mandan estos preceptos practicar la justicia con respecto al prójimo. Prohíbe: tomar injustamente lo ajeno; retenerlo cuando sabemos que no nos pertenece; causar daño al prójimo. Por consiguiente, nos ordena la restitución de lo mal adquirido, o la reparación del daño injusto causado por nosotros.

Octavo mandamiento.- No levantarás falso testimonio ni mentirás.  Este mandamiento completa nuestros deberes para con el prójimo: nos ordena respetar la verdad en nuestras palabras, porque la sinceridad y la franqueza son el fundamento de la sociedad. Prohíbe directamente el falso testimonio, o la mentira en los juicios, e indirectamente, todo lo que pueda herir al prójimo en su reputación y en su honor. De ahí los tres deberes: deberes relativos a la verdad; deberes relativos  a la reputación del prójimo; deberes relativos al honor.

Conclusión

Jesucristo ha resumido todos los mandamientos en estos dos: 1º. Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. 2º. Amar al prójimo como a sí  mismo (Mt. 22, 37-39). Y, en verdad, cuando se ama a Dios, entonces, se le adora, se respeta su Santo Nombre, se santifica el día que se ha reservado para su culto, como lo ordenan los tres primeros mandamientos. Cuando se ama al prójimo, entonces, se honra primero al padre y a la madre; no se hace agravio a persona alguna, ni en su cuerpo, ni en su alma, ni en sus bienes, ni en su reputación, ni en su honor, como lo prescriben los siete mandamientos.

Los Diez Mandamientos vienen a ser el código necesario, universal e inmutable del género humano. Contiene, en compendio, todos los deberes y todos los derechos naturales. Su observancia permite la felicidad de los hombres y la prosperidad de los pueblos y asegura a cada uno la salvación eterna de su alma (La Religión demostrada. P.A. Hillaire).

Si queréis entras en la vida eterna, guardad los mandamientos (Mt. 19, 17).

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo “Mysterium Fidei” sobre la Misa tradicional.