¡Qué emocionante vídeo! ¡Qué Santo Sacrificio antes de la batalla! ¡Qué unción, devoción, respeto y amor al Santo Sacramento del oficiante y de los marineros y marines!

Ante el Sacrificio del Altar no caben ruines excusas de incomodidad, de condiciones climáticas, de estados de ánimo, de cualquier tipo de circunstancias externas para faltarle el más mínimo respeto.

Esta es la dignidad, hermosura y grandeza la tradición de la fe católica compendiada en la Santa Misa.

Me ha emocionado también porque un buque LST fue mi primer destino como oficial de la Armada española. Las siglas corresponden a: Landing Ship Tanks. Es decir, Buque de transporte de tanques. Son los buques de guerra más incómodos que existen, pues debido a su característica de poder acercarse muy cerca de la playa para el desembarco de los vehículos, tiene muy poco calado. Esto les hace muy inestables, en cuanto hay un poco de marejada, balanceándose mucho el buque. Se puede apreciar en el vídeo como mantiene el equilibrio el sacerdote.

Después de ver las escenas del vídeo siento vergüenza de haber oficiado la Santa Misa alguna vez con rapidez, sin la debida atención o sin el debido cuidado en los ornamentos.

¡Qué grande el misterio de nuestra fe! El mayor tesoro presente sobre la faz de la tierra. ¡El Calvario en el Altar! Nadie ama más que aquel que da la vida por sus amigos. Y quien da la vida es nada menos de Dios Todopoderoso en la Persona del Verbo. Encarnado.

¿Qué actitud tienes en la Misa? ¿Qué sientes? ¿Qué piensas cuando te diriges a ella? ¿Eres consciente que el Señor da su vida por ti? El Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo separados en el altar. La presencia real de su Sacrificio.

¿Tienes fe en la presencia real de Jesucristo? ¿Entonces por qué te da vergüenza arrodillarte para recibirle? Fíjate en esos marineros, todos arrodillados en el duro suelo de la cubierta de un buque de guerra que está en constante movimiento. ¡Dominus est! ¡Es que se trata del Señor! Y ante Él no cabe ningún impedimento que nos impida mostrarle de forma externa nuestra adoración. ¡Qué grandeza la de estos soldados arrodillados ante el Señor! No se distinguen los mandos de los subalternos. Todos por igual prestando la misma adoración al Redentor. La adoración nos hace iguales. Ante el Señor no hay distinciones humanas.

Para muchos de los marineros y marines del vídeo sería su última o una de las últimas misas antes de entrar en combate. Muchos caerían en la cabeza de playa o en las horas o días sucesivos, pero lo hicieron confortados por la fe y afrontaron valientemente la muerte con la esperanza de la vida eterna.

Descansen en paz.

P. Juan Manuel Rodríguez de la Rosa