San Eulogio de Córdoba vive en el siglo IX en plena invasión musulmana de España. Su día es el 9 de Enero. En esa época solo se permitía acudir a Misa a los que pagaban un impuesto a la autoridad civil. Eulogio nace sobre el año 800 y, en medio de un clima de abandono y apostasía por conveniencia, consigue entusiasmar a  la gente de su ciudad en la fe cristiana que languidecía. Su hogar familiar era cristiano de verdad, y además tuvo la oportunidad de recibir formación de buenos intelectuales cristianos. Era muy piadoso, al punto de considerar con frecuencia la presencia de Dios en su vida con detalles como rezar una breve oración cada vez que el reloj diera una hora nueva. Amable con todos y en toda circunstancia, transmitía con celo pastoral la fe a todo aquel
que se cruzase en su camino, ya fuera la laico, sacerdote o monje. De hecho fue invitado por varias comunidades contemplativas para que redactara los reglamentos de las comunidades.

Ordenado sacerdote, se caracterizó por su alegría y ardor apostólico, y por la prioridad que daba a la formación tanto para él como para sus compañeros del clero. Obtuvo las obras de San Agustín, que tradujo para hacerlas asequibles a los sacerdotes de Córdoba. A partir del año 850 la persecución contra los cristianos se hizo más intensa y de inmediato Eulogio fue apresado. En la cárcel se dedicó a orar con sentido de cruz y esperanza, y al salir de ella su vida se hizo muy dura al tener que ir de un lado a otro por la presión ejercida por las autoridades musulmanas que veían en él a un peligro. En 858 muere el Arzobispo de Toledo y Eulogio fue propuesto como sucesor, pero las autoridades políticas se opusieron a ello amenazando con más persecuciones. Durante estos años Eulogio redactó el “Memorial de Mártires” detallando todas los martirios dados en la España invadida. De hecho él mismo logrará la palma del martirio en un hecho que se narra así:

Había en Córdoba una joven llamada Lucrecia, hija de musulmanes, que deseaba vivir como católica. Eulogio obtuvo que se recogiera en una casa de católicos ante la prohibición legal de convertirse. Pero la autoridad civil descubrió la noble acción de Eulogio y citó ante el juez a ambos, Lucrecia y Eulogio. El fiscal dijo: “Que el pueblo ignorante se deje matar por la fe lo comprendemos, pero tú, el más sabio de los cristianos, no debe morir, por lo que se te ofrece retractarte de tu religión y salvar la vida”. Entonces Eulogio respondió: “Ah, si supieses los inmensos premios que nos esperan a los que proclamamos nuestra fe en Cristo, no sólo no me dirías que debo dejar mi religión, sino que tu dejarías a Mahoma y empezarías a creer en Jesús. Y yo proclamo aquí solemnemente que hasta el último momento quiero ser amador y adorador de Nuestro Señor Jesucristo”. Estas palabras bastaron para firmar su sentencia de muerte, por lo que murió decapitado, al igual que la joven Lucrecia que también será canonizada.
Quizás este relato histórico suene duro para los que proclaman la “alianza de civilizaciones”.

          San Eulogio, ejemplo de entusiasmo por la fe y gloria de España en el siglo IX, intercede por nosotros

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".