En junio de 2008, 31 teólogos e historiadores de varios países europeos y americanos reunidos en Tarragona con motivo del congreso Pablo, Fructuoso y el Cristianismo Primitivo, llegaron a la conclusión de que existen pruebas de que San Pablo estuvo en Tarragona. Dado que Tarraco era capital de provincia, ciudad comercial y centro administrativo importante, además de ser el puerto natural de enlace de Hispania con Roma, los teólogos e historiadores que participaron en el congreso llegaron a la conclusión de que San Pablo fue desterrado a Tarraco.

Durante el pernicioso siglo mal llamado de las Luces, abundaron los críticos que negaban muchos de los fundamentos en que había arraigado la piedad religiosa en España, relegándolos al terreno de la leyenda: se intentó desacreditar la venida del Apóstol Santiago, o que estuviera enterrado en Compostela,  la aparición de Nuestra Señora en el pilar de Zaragoza, la venida de los Siete Varones Apostólicos… Todo se ponía en duda. Por su parte, los protestantes suelen argüir que aunque San Pablo dijo que quería ir a España, no consta en las Escrituras que llegara a hacerlo. Y ya sabemos, para ellos, lo que no conste textualmente en las Escrituras no es digno de crédito.

En la epístola a los Romanos, como dijimos, San Pablo afirma claramente que va a viajar a España (Rm. 15,24), y no parece que sea de pasada; más bien dice que de camino pasará por Roma para saludar a los discípulos a los que dirige la carta, escrita hacia el año 54 ó 55. Está claro que el destino principal es Hispania, no Roma. Se calcula que debió de venir hacia el año 58.

Otro testimonio de peso es la epístola de San Clemente a los corintios, que dice lo siguiente de San Pablo: «…ad occidentis términos venit…» Llegó a los confines de Occidente. Que en aquel tiempo no podían ser otra cosa que Hispania, la cual llegaba hasta poco más allá de las Columnas de Hércules. Hay exégetas e historiadores que afirman que se cumplió al detalle el mandato dado por Jesús a sus discípulos en la Ascensión de que fueran sus testigos «hasta los extremos de la Tierra» (Hch.1,8). Era el confín del mundo conocido hasta entonces. Siglos más tarde, España tomaría el relevo y llevaría el Evangelio a los verdaderos confines del mundo (América, el Pacífico…) San Clemente conoció personalmente a los apóstoles y participó en la evangelización. Fue el cuarto pontífice de la Iglesia después de San Pedro, San Lino y San Anacleto, y habla con conocimiento directo de los hechos. Existe una tradición relacionada con los Siete Varones Apostólicos según la cual San Pedro también habría venido por estas tierras, aunque no se conocen documentos que lo atestigüen.

El Canon de Muratori (siglo II), el más antiguo que se conserva, si bien no completo, de las Escrituras, menciona la partida de San Pablo de Roma rumbo a España, así como el apócrifo Actus Petri cum Simone.

Otros que dan testimonio de ello son San Juan Crisóstomo, en la Homilía séptima en honor de San Pablo. Afirma que estuvo en España; Otro tanto hacen San Epifanio, en el capítulo XIV de su libro VI contra los herejes, San Jerónimo en el capítulo XI sobre Isaías y Teodoro de Tiro en su narración de la vida y muerte de los apóstoles y los profetas.

Algunos autores más recientes, como el doctor fray Antonio García del Moral O.P., consideran que el Apóstol de los Gentiles debió de llegar por la desembocadura del Guadalquivir, entonces llamado Betis y vía natural de entrada a la provincia Bética. Todavía se conserva una antiquísima tradición paulina en el bajo Guadalquivir, en particular en la ciudad de Écija, capital del Conventus Astigitanus. La antigua Astigi (hoy Écija) fue un importante centro de la cristiandad hispanorromana, y todavía lo era en fecha tan tardía como el siglo VII, constituyendo de hecho un obispado, del que fue titular nada menos que San Fulgencio, hermano de San Isidoro y San Leandro. La tradición paulina está arraigadísima en Écija, y de hecho San Pablo es el patrón de la ciudad, que lo conmemora el 25 de enero, fiesta de su Conversión, en lugar de en hacerlo en junio junto con San Pedro. El citado padre Del Moral fundó en el convento astigitano de los dominicos la Cátedra de San Pablo, al objeto de estudiar y divulgar las raíces paulinas de la evangelización de la Bética. En Gades también existía una comunidad judía, y ya sabemos que al Apóstol de las Gentes le gustaba dirigirse primero a los judíos antes que a los gentiles.

Según la tradición ecijana, San Pablo viajó por la Vía Augusta pasando por Hispalis, Astigi y Corduba hasta llegar a Tarraco. En Écija convirtió a Probo, que presidía el Convento Jurídico Astigitano, junto con su esposa Xantipe, Hieroteo y otras personalidades importantes.

Aunque cada uno arrima el ascua a su sardina y unos insisten en que entró por Tarraco y otros en que llegó por Cádiz, lo que sí parece seguro es que estuvo en España, y en ambas ciudades. No vale la pena entrar en disputas pueriles. Lo importante es que nos honró con su presencia y nos trajo la Buena Nueva. Dice el P. José Orlandis en su Historia de la Iglesia: «Las regiones más cristianizadas parecen ser aquellas donde la romanización era también más intensa: las provincias de la Bética y la Tarraconense, es decir, Andalucía y la costa mediterránea» (ORLANDIS, José. La Iglesia Antigua y Medieval, Ediciones Palabra, Madrid, 1989).