ADELANTE LA FE

El Santo Sacrificio en el corazón del sacerdote IV

Cuando se hubieron cumplido los días para la circuncidar al niño, le dieron el nombre de Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno. Lc. 2, 21.

Circuncisión espiritual.

Queridos hermanos, tradicionalmente el día primero del año se conmemora la Circuncisión del Señor. Fiesta con profundo sentido espiritual, muy apropiado para iniciar el año: la “circuncisión” espiritual que nos pide Cristo nuestro Señor, con el ejemplo de la circuncisión corporal. Qué grandes referencias a nuestra vida de santidad, alejando el pecado del horizonte de nuestras vidas, sintiendo una sincera contrición y firme deseo de confesarlos pecados. Es el día del año en que el sacerdote debe renovar, con su “circuncisión espiritual”, su firme propósito de vida santa, pura y limpia para poder acercarse, inmaculado, al altar del sacrificio.

Dice  San Pablo, en su  Carta a los Romanos (7, 6): Desligados de la Ley, estamos muertos a lo que nos sujetaba, de manera que sirvamos en espíritu nuevo, no en la letra vieja. Y en la Primera Carta a los Corintios (7, 19): Nada es la circuncisión, sino la guarda de los preceptos. Gálatas (6, 15), dice que nada es la circuncisión sino la nueva criatura. La devoción de la nueva criatura, del “nuevo” sacerdote renovado espiritualmente para ofrecer nuevamente su santo sacrificio.

El misterio de fe la Circuncisión de Nuestro Señor Jesucristo se le presenta al sacerdote en el altar, donde el Dios de  las Misericordias espera a su sacerdote en Su templo santo, para renovarle en santidad, para arrancar de él sus “costras” de pecado y miseria, para “circuncidar su alma” y arrancar todo vestigio de impureza.

Da sangre y recibirás espíritu.

Hay una significativa frase de un sermón de San Doroteo, que trae a colación El Padre Luis de la Puente en su meditación sobre la Circuncisión, y es la siguiente: Da sangre y recibirás espíritu. Es decir, la santidad,  la perfección  del espíritu, no se consigue si no es a costa de “sangre”, mortificando y “circuncidando” todas las aficiones concupiscentes. El misterio de la Cruz ha de indicar al sacerdote una grandísima enseñanza relacionada con la Circuncisión, y es que ha de aceptar que otros le “circunciden”, le ayuden a quitar esos apegos carnales, llevándolo con paciencia, aun cuando afectara algo a su honra o comodidad. La Carta a los Hebreos (12, 4) dice: Aún no habéis resistido hasta la sangre en vuestra lucha contra el pecado.  Es decir, hemos de resistir en nuestra lucha contra el pecado, hasta derramar la propia sangre, como Cristo derramó la suya. He aquí la profunda enseñanza y alto misterio que el misterio del a Circuncisión se le presenta al sacerdote  en su Santa Misa.

 

Seguir el  ejemplo del Jesucristo.

El santo sacrificio lleva al sacerdote a la consideración de los tres momentos en los que Cristo derramó su preciosísima Sangre. Primeramente en la Circuncisión, en segundo lugar, en el Huerto de los Olivos, y finalmente, en la flagelación y la Cruz. Lo que indica que el sacerdote debe estar listo para derramar también su sangre en los momentos y circunstancias que así dispusiera Nuestro Señor. Pero hay algo más en el ejemplo de Cristo, se trata de las personas que intervinieron en el derramamiento de Su Sangre. En la Circuncisión, un ministro que obraba con santo fin. En el Huerto de los Olivos, Él mismo. En el Pretorio y el Calvario,  los ministros del satanás. Lo que lleva a la consideración que otros intervendrán en nuestro derramamiento de sangre, no sólo por nuestra voluntad, con mortificaciones y penitencias,  sino por actitudes de  hermanos nuestros hacia nosotros;  y  por nuestros enemigos, sufriendo los dolores y daños que nos vinieren de parte de ellos.

El santo sacrificio en el corazón del sacerdote lo introduce en los profundos misterios, que al unísono, y por separado, se le presentan en el altar. Cada santa misa para el sacerdote es única e irrepetible, aunque Uno es el sacrificio eterno. El altar debe ser el corazón del sacerdote, para vivir constantemente en el misterio de su  vocación y en el misterio de una fe que, a través de la historia, llega hasta el término sin término eternidad. Misterio de fe que envuelve al sacerdote y le hace acariciar la antesala de lo sobrenatural y eterno.

El santo sacrificio en el corazón del sacerdote es el misterio de  la Circuncisión.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa.

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.
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