¿Qué es reparar?

Queridos hermanos, la gran encíclica sobre la expiación que todos debemos al Sagrado Corazón de Jesús, Miserentissimus Redemptor de S.S. Pío XI, definió lo que es la verdadera reparación, diciendo: reparar es compensar las injurias de algún modo inferidas al Amor increado, si fuese desdeñado con el olvido o ultrajado con la ofensa.

Dice a continuación, necesario es no olvidar nunca que toda la fuerza de la expiación pende únicamente del cruento sacrificio de Cristo, que por modo incruento se renueva sin interrupción en  nuestros altares; pues, ciertamente, una y la misma es la Hostia, el mismo es el que ahora se ofrece mediante el ministerio de los sacerdotes que el que antes se ofreció en la cruz; sólo es diverso el modo de ofrecerse; por lo cual debe unirse con este augustísimo sacrificio eucarístico la inmolación de los ministros y de los otros fieles para que también se ofrezcan como hostias vivas, santa, agradables a Dios.

¿Cómo reparar?

¿Cómo reparar y expiar?, en el culto al Sacratísimo Corazón de Jesús, en la Comunión reparadora, es decir, comulgar con el ánimo de expiar, en la Hora Santa. Verdaderos ejercicios de piedad que la Iglesia alabó y favoreció con favores espirituales.

Improperio y miseria esperó mi corazón; y busqué quien compartiera mi tristeza y no lo hubo; busqué quien me consolara y no lo hallé (Sal. 68, 21).

Además de los piadosos ejercicios anteriores, es en la Santa Misa dónde reparamos sobre el Cuerpo de Nuestro Señor, sobre Su amargura y tristeza. Reparamos como lo hizo la Verónica cuando al enjugarle el rostro le alivió el dolor limpiándole la cara, como lo hicieron las buenas mujeres que le miraban con dolor, pues bastaron aquellas humildes y tristes miradas para consolar algo el amargo Corazón de  Nuestro Señor. Reparamos como  lo hizo la Santísima Virgen cuando miró a su Hijo con la Cruz a cuestas.

Reparar en el Santo Sacrificio de la Misa.

Queridos hermanos, vivir la Santa Misa, participar en la Santa Misa, es reparar en la Santa Misa. La Sagrada Pasión se renueva, el oprobioso juicio del Señor,  de la tremenda flagelación, el camino de la cruz. En el Calvario contemplamos cómo se ensañan con el Cuerpo del Señor, cómo lo  extienden en el madero, cómo le alargan los brazos, cómo le traspasan las manos y los pies, cómo lo alzan sobre la cruz.

Podemos contemplar su respiración agónica, podemos contemplar Su mirada a Su Santísima Madre, oír sus últimas palabras. Podemos contemplar la lanzada que atraviesa su costado y la Preciosísima Sangre y bendita Agua que salen de él. Podemos contemplar su cuerpo inerte sobre la cruz, y sentir el silencio atronador del momento, ver cómo se oscurece la tarde y cómo el centurión cae al suelo convertido, reconociendo la divinidad de Jesucristo.

Todo, todo, se vive en el Santo Sacrificio de la Misa, en la Santa Misa tradicional. Basta ir con devoción, con la de cada cual, basta tener presente la Sagrada Pasión, basta una oración piadosa, basta un pensamiento de amor, basta una mirada de consuelo al Cuerpo llagado de Nuestro Señor, bastan unas lágrimas de amor hacia Él, basta el simple deseo de amarle y repararle y consolarle con nuestro amor. Basta querer amarle por los que no le aman. Basta querer vivir el Calvario a lo largo de la Santa Misa. Basta un simple deseo sincero de aliviar Su dolor. Si así participamos en la Santa Misa, así le reparamos y le consolamos, y le aliviamos del infinito dolor de Cuerpo  y alma.

Queridos hermanos, reparar en la Santa Misa es todo, es lo más importante que podemos hacer, es el mayor homenaje que podemos hacer a la Santísima Virgen  María; es el mayor consuelo que podemos dar al Sagrado Corazón de  Jesús. Reparar en la Santa Misa es la mayor muestra de amor al Señor, nada más importante.

¿Comprenden lo que supone cuando la Santa Misa no se vive cómo lo que es en verdad, el Santo Sacrificio del Calvario? Cuántas ofensas, injurias y sacrilegios al Sagrado Corazón de Jesús, cuántas ofensas a Su Sagrada Pasión, qué profanación de Su Cuerpo y de Su sangre. ¡Qué verdadero horror! Los nuevos sayones, los nuevos verdugos, están flagelando y crucificando de nuevo al Señor; y éstos con más culpa que aquellos; éstos son merecedores de mayores castigos que aquellos. Éstos saben perfectísimamente lo que hacen cuando niegan el Sacrificio  de la Santa Misa.

Almas reparadoras.

Nuestro Señor Jesucristo necesita almas reparadoras, almas que le quieran  y no tengan temor al sufrimiento, al menos estén dispuestas a que el Señor haga Su Voluntad en ellas. Aparentemente da la impresión de no invitar mucho a ser voluntarios, a convertirse en almas reparadoras. Pero no es fundado ese temor.

Quien vive el Santo Sacrificio de la Misa con espíritu reparador, quien vive la Sagrada Pasión del Señor en cada Santa Misa, tiene un camino abonado para ofrecerse a continuar su reparación por más tiempo. Si el alma de ofrece, el Señor lo hace todo, prepara al alma con delicadeza, la adiestra, le va pidiendo a medida que el alma es más generosa; y lo más sorprendente, el alma no siente ningún temor de nada, y si antes lo pudo tener desaparece. El sufrimiento que pueda tener es dulce unido al del Señor, aún más, el alma va entendiendo la miseria del poco dolor y sufrimiento de sus penitencias y sacrificios que puede ofrecer.

El Señor está atento al alma, la cuida, la advierte, la llama cuando es necesario reparar, la va instruyendo, la ayuda en esta misión. El alma advierte el cuidado del Señor, y siente íntima alegría de ofrecer un poco de sacrificio reparador, se siente instrumento inútil pero agradable al Señor, pues Él se lo hace sentir.

Cuando se siente alma reparadora, ya no puede dejar de serlo jamás. Porque las almas reparadoras se van uniendo de tal forma al Señor que llegan a entender, mejor que nadie, que sus vidas son ya sólo Jesucristo, y ya nada las puede apartar de Él.

Nada como la Santa Cruz para unirse al Señor, nada como querer llevar sobre uno mismo un ligerísimo sufrimiento de Su Sagrada Pasión, aunque sea un pequeño reflejo de una herida de Su espalda. El Señor lo hace todo llevadero, y lo que para el mundo es inentendible y rechazable, para Él es necesario, querido, porque muchas almas alejadas de Dios, pecadoras, gracias a las almas reparadoras se salvarán, salvarán sus almas.

La reparación es causa de muchísimos bienes, los pecadores se convertirán y los justos se santificarán aún más.

Las almas reparadoras consuelan vivamente el Sagrado Corazón de Jesús, Su Sacratísimo Corazón que el viernes a la hora nona deja de latir, pero las almas reparadoras consiguen que siga latiendo para la salvación del mundo.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa