Una de las alegrías más grandes que puede sentir un sacerdote a lo largo de su vida es el ver surgir en su parroquia un joven que ha sentido la llamada de Dios a ser Sacerdote de Jesucristo. Nosotros que pasamos tanto tiempo orando y ofreciendo sacrificios para que el padre eterno envíe obreros a su mies, vocaciones santas dispuestas a llevar la luz del Evangelio a las almas. El ver surgir una es un auténtico milagro. ¿Por qué?

Pues sencillamente debido a LA SITUACIÓN ACTUAL DE LA SOCIEDAD EN LA QUE VIVIMOS CON RESPECTO A LA RELIGIÓN: ABANDONO DE LA FE, TIBIEZA Y CONFUSIÓN. Esto Hace que la tierra en la que debe crecer una vocación esté tan enferma que podemos decir que es un don del cielo el que un joven llegue a escuchar la voz del Señor.

Muchas veces cuando llega el joven es un mar de dudas, de incertidumbres y al mismo tiempo una gran sed de conocer los misterios de Dios. Las cuestiones fundamentales que el ser humano tiene que plantearse están en off:

¿Cómo ser verdaderamente feliz? ¿Quién es Dios? ¿Qué hay después de la muerte? ¿Qué sentido tiene tu vida? ¿Para qué vives? ¿Por qué sufrimos? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento?

Poco a poco y con mucho esfuerzo, paciencia y muchas horas de acompañamiento espiritual el joven se va introduciendo en la vida de la Iglesia, los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Confesión frecuente. Se le nutre con buenos libros para la oración personal y sobre todo con la Sagrada Escritura. Se le ayuda a descubrir la vida espiritual, la adoración al Santísimo y el cariño a la Virgen María. El Santo Rosario empieza a convertirse en una poderosa arma para el joven que quiere vivir en la gracia. Su alma comienza a degustar su condición de hijo se Dios y aborda un discernimiento no solo de su vocación al Sacerdocio sino sobre todo la llamada que Dios le hace a la santidad. El joven experimenta sus primeros retiros espirituales donde se fortalece a la voz del Espíritu Santo que lo impulsa a entregar su vida. Ya la vida de virtud y sacrificio se va fortaleciendo en él, y toma conciencia de la perspectiva de que el Sacerdote es un hombre que se ofrece en la Cruz cada día a imagen del Maestro.

Llegados a este punto el joven ya está preparado para ir al seminario, por lo que al sacerdote se le plantea una gran incertidumbre: ¿Dónde enviar al joven para que se forme como un santo sacerdote?

Es una pena tener que plantearse esta tesitura, pero nadie puede imaginar lo duro que es el ver que después de muchos años de trabajo con un joven que tiene vocación al Sacerdocio lo envías al seminario de la diócesis y al llegar allí comienzan a darle doctrinas raras y extrañas, llenas de confusión sobre la fe. La vida de oración, sacrificio y búsqueda de la Santidad ya no es lo primero, le dicen que lo primero es el estudio, el sacar buenas notas. El Santo Rosario ya no es obligatorio para un futuro sacerdote. Le dicen que su sacerdote es muy antiguo y que no le haga caso de todo lo que le ha dicho, que parece un fraile y que es mejor que no vaya a verlo, y además lo envían de experiencia pastoral con pobres sacerdotes de corte progresista que en muchos casos no rezan ni la liturgia de las horas o nunca se ven de rodillas frente al Sagrario. Al joven se le da una formación laxa sobre un sacerdocio al estilo de un trabajador social pero no de un SACERDO ET HOSTIA. Imaginad la confusión que comienza a aparecer en el joven en un ambiente tan descafeinado. Gracias a Dios quedan algunas diócesis donde todavía los seminarios son verdaderas casas donde se forman a santos.

Por lealtad a tu obispo mandas al joven al seminario de tu diócesis y comienza un camino de verdadera cruz, donde uno tiene que doblar las fuerzas en la oración y en la mortificación para que ese joven no se pierda y llegue a ser con el don de lo alto un verdadero Sacerdote de Jesucristo que lleve la VERDAD del Evangelio.

El motivo de este artículo es poner voz a muchos sacerdotes que me escriben contándome todo esto que os he dicho. SER SACERDOTE HOY ES UN RETO, HAY MUCHA CARNE PUESTA EN EL ASADOR, por ello muchos obispos deberían preguntarse ¿Qué SEMINARIO TENGO YO EN MI DIÓCESIS? Y de los seminaristas que tengo ¿CUALQUIERA VALE PARA SACERDOTE?

Ser Sacerdote de Jesucristo, es ser portadores de la VERDAD: Siempre ha sido una gran responsabilidad, además hoy es una batalla diaria: Amoldarte a los planes de Dios o amoldarte a los planes del mundo.

¿Cómo discernir verdaderamente la vocación para ver si realmente es una llamada de Dios al Sacerdocio? Para un joven que entra en el seminario es verdad que una parte muy importante es el estudio, pero más importante todavía es el formarlos en:

          • Una Verdadera Vida cristiana.
          • Mucho Sagrario.
          • Acompañamiento espiritual.
          • Confesión frecuente.
          • Meditación constante del Evangelio.
          • Amor y devoción a la Santísima Virgen María.
          • Formación cristiana sobre las verdades de la fe y un verdadero conocimiento de lo que es el Sacerdocio.

Estos son cimientos donde una vocación puede llegar a ver con claridad si Dios los llama y así poder perseverar.

¿Cuáles son las aspiraciones y los anhelos que deben albergar en el corazón los que han sido llamados a participar en el Sacerdocio de Jesucristo?

          • Agradar a Dios.
          • La Salvación de las almas
          • Ser fieles a la Iglesia y a la doctrina católica.
          • Búsqueda de la verdad.
          • No a la comodidad.
          • No al aburguesamiento.
          • Espíritu de Sacrificio.
          • Amantes de la Cruz.
          • Brillar por su pureza y castidad.

Los Obispos deben estar muy atentos y cuidar la vida en el Seminario, creo que es una de sus funciones principales, porque no podemos obviar que hay que estar vigilantes. El diablo como león rugiente anda buscando a quien devorar, nunca duerme. Y en un seminario menos.

Está en el obispo, en sus cuidados el que el seminario sea una casa con el buen olor de Cristo o con el mal olor del maligno.

¿Cómo debe vivir un seminarista? ¿Qué no puede faltar en su día a día?

            • Adoración Eucarística diaria.
            • Oración personal y meditación de la palabra de Dios.
            • Buena lectura espiritual.
            • Santa Misa diaria.
            • Santo Rosario.
            • Espíritu de Sacrificio.
            • Estudio.
            • Pureza.
            • Un plan de vida espiritual muy concreto, desde que se levanta con el ofrecimiento hasta que reza las completas con un buen examen de conciencia.
            • La vida ascética.
            • La piedad.
            • La buena dirección espiritual.
            • Buena y sana formación teológica en la doctrina católica.
            • Alejamiento de la mundanidad.
            • Conquista real de la pureza.
  • El obispo debe saber si hay Seminaristas con AMS (Atracción al mismo sexo).
  • ¿Cómo ayudarles?
  • ¿Dónde acudir?
  • ¿Se puede quitar la AMS? SI, ya hemos visto que hay una terapia a disposición de la Iglesia. www.esposiblelaesperanza.org

El obispo y los formadores del seminario deben tener muy clara una gran cuestión: ¿Qué Sacerdotes necesita la Iglesia en este momento de la historia?

  • Pobres Sacerdotes que lo único que tengan para dar sea a Jesucristo.
  • Sacerdotes Contemplativos, hombres de oración.
  • Sacerdotes con celo apostólico, afán de almas. Querer que todas las almas se salven.
  • Sacerdotes muy Eucarísticos. Verdaderos amantes de la Eucaristía, del Sagrario, de la adoración.
  • Sacerdotes muy enamorados de la Virgen María, muy atados al Santo Rosario.
  • Verdaderamente Piadosos.
  • Sacerdotes que custodien la verdadera doctrina católica.
  • Sacerdotes que confiesen mucho y que SE confiesen mucho.
  • La fraternidad Sacerdotal. Nadie te comprende y te entiende como otro sacerdote. La soledad no es buena si no estas fuerte.
  • Mansos y humildes de corazón. A los pies de Dios y a los pies de los hermanos. El Sacerdote tiene que saber bajar la cabeza. La grandeza del abajamiento.
  • Alejados de buscar la elevación de dignidad.
  • Alejados del aburguesamiento y la comodidad.
  • Los deberes Sagrados del Sacerdote.
    • La liturgia de las Horas.
    • La Santa Misa.
    • La Salvación de las almas.
    • Vida ofrecida.
  • La liturgia, un momento para la contemplación.
  • La liturgia, un momento para evangelizar con el ejemplo. Almas finas. Sacerdotes enamorados.
  • Por amor a Dios no celebrad las Misas en pecado Mortal.
  • ¿Que busca el Sacerdote en la pastoral: beber el cáliz, o, el brillo y la fama?
  • Nuestra identidad: Sacerdote y Víctima viva.
  • Pobreza Sacerdotal: La que nos pide el Señor y edifica a los fieles.
  • ¡Cuidado con el Internet!
  • ¿Qué hay que saber antes de sentarse en el confesonario?
    • No absuelvo a quien quiero sino a quien puedo.
    • Cuidado con las penitencias que ponemos.
    • Consejos… cuidado con los consejos.
    • Ayudar a las almas a vivir la confesión Concisa, Concreta y completa.
  • ¿Dónde comienza la nueva evangelización?
          • Con las puertas de la Iglesia abiertas.
          • Pateando las feligresías.
          • Oliendo a ovejas.
          • No mundanizandose: estamos para lo que estamos. Y somos lo que somos: Sacerdotes de Jesucristo.
          • Confesando mucho.
          • Bendiciendo a las almas y siendo bendición para las almas.
          • Llevando a las almas a los pies del Sagrario.
          • Oración y ayuno.
          • Visita personalmente a los enfermos. Unción de los enfermos.
          • Rosarios en familia.
          • El acompañamiento espiritual.
          • Ejercicios Espirituales para laicos.
          • Un paso al frente en la caridad. Mueve corazones.

Recemos todos para que los seminarios seas casas de Santos… Y muchas almas se salvarán.

Padre Francisco Javier Domínguez